lunes, 29 de septiembre de 2014

Bled y hogardulcehogar.

Desde aquel cafelito con los eslovenos que casi nos encontraron un piso en el que vivir hasta ahora, que estoy escribiendo desde nuestro nuevo cuarto, han pasado unos días. MJ y yo hemos pasado de compartir cama y vernos la señora doubtfire cada noche un poquito, a compartir cuarto, tener unos super escritorios con un ventanal que da a un huerto, y compartir cocina y salón con nuestro alto, rubio y de ojos azules casero. 

Al día siguiente de conocer a Maja, su novio y su amigo, fuimos con el novio a visitar el piso que nos habían conseguido; era una señora mayor que no sabía hablar inglés, y con un piso genial, aunque quizás un poco caro. La señora sabía cuatro palabras en inglés y con esas todo el rato intentaba hablar con nosotras: basta con que quieras hablar inglés; no es tan necesario el saber como el querer. Tras ver este superpiso, que MJ y yo estábamos prácticamente seguras que nos quedaríamos, quedamos con Jurij (Yuri), nuestro nuevo casero. Era un pisito bastante más pequeñito, pero también más barato. En un rato, nos vimos tomándonos un cafelito y compartiendo las migas de un croissant con unos gorriones que se posaban en mi plato, decidiendo con cuál de los dos nos quedaríamos. Y aquí estoy, escribiendo desde ancáYuri. 

Los que vivían aquí se han dejado té, mermelada, una especie de chorizo y espaguetis. Y los espaguetis ya nos los hemos zampao. No tenemos pensado comprar mucha comida, porque el 1 de Octubre ya somos estudiantes oficialmente en Eslovenia, y podremos utilizar nuestro Studenski Boni; la llegada del StudenskiBoni la estamos viviendo con verdadera excitación. Es un bono con el cual los estudiantes pueden comer 22 veces al mes con muchísimo descuento en la mayoría de bares de la ciudad. 

Antes de ayer organizamos una excursión al Lago Bled; italianinisyespañoles. La ida la hicimos en autobús, donde conocí a Nick, un chaval medio indio medio niuyorquino que estaba en Eslovenia trabajando. Él era asistente de producción o algo así (Richald, no sé si eso existe), y estaba grabando un anuncio para Mac, iPhones y cosas de esas. Me dijo, necesitaban a gente de pelo moreno (porque el anuncio no iba destinado a público guiri oséase de pelo rubio), y que si yo quería podía aparecer en su anuncio. Me habría hecho mundialmente famosa si no fuese porque su jefe (con el cual se llevaba muy bien; él tenía que estar a las 7 de la mañana en el trabajo y eran las 11 cuando nos conocimos en el autobús, y decía que a su jefe no le importaba) le llamó a mitad de camino para decirle que no iban a grabar en Bled, sino en otro pueblecillo cercano, así que ahí se acabó mi fama. Tras despedirnos de Nick, nos fuimos a investigar el lago. 

Es un lago super bonito, con mucha gente haciendo turismo, andando por las montañas de por allí y, cómo no, en bici portoslaos. Ahí se celebran algunas pruebas de las Olimpiadas. En mitad del Lago hay una isla, a la que llegamos alquilando barquitas con remo. Y ese día había competiciones; gente midiendo sus marcas con las canoas y los kayaks, una grada con gente animándoles, ellos con dorsales, en fin, mucho jaleillo yatusabe. Pues italianinisyespañoles en barcas con remos y tratando de llegar a la isla… Nos metimos en mitad de una “¿calle?” por la que competían; era difícil mover la barca, y no iba ni palante ni patrás; se ve que le fastidiamos a una la competición. Ella ya no nos habló en inglés; tal y como pasaba flechaita en su canoa, nos echó una maldición en esloveno, y agua. Sanos y salvos (esta vez, más sanos que salvos), llegamos a la islita, donde pagamos pa entrar a la Iglesia y tocar la campana de la suerte (creo que esto se lo inventó alguno de los de la excursión). Volvimos a tierra, y comimos un buen bocata, que acompañamos 5 españoles de un baño en el lago. ¡El agua estaba helaita! Subimos también a un castillo, desde donde se veía el lago y la isla, con unas vistas muy chulas, y dimos fin a la excursión.


Pero la vuelta la hicimos en taxi; fue más barato, más rápido, y, sin duda alguna, el mejor viaje en taxi de mi vida. Realmente, no sé muy bien si era un taxi o una discoteca con ruedas (música que vibraban los cristales, luces de colores, la gente bailando). Enfin, una gran excursión.

Hoy ha sido nuestro primer día de facultad normal: clases y prácticas. Comienza la vidadura. Anoche estuvimos en un conciertillo de Jazz, una pandilla en la que había españoles, italianinis, franchutis, macedonios, una chavala de Grecia y otra de Eslovenia. Es gracioso, porque a veces cuando me quería dar cuenta, llevaba un rato hablando con un español en inglés. 

(¡Gracias a todos por los comentarios!)



jueves, 25 de septiembre de 2014

Asuntos serios.

Ljubljana nos recibió en nuestro primer despertar aquí con lluvia. Imprescindible: comprarme un paraguas. 

Han pasado desde entonces cuatro días, y hoy me he comprado mi segundo paraguas. El primero de ellos me lo robaron en una International dinner a la que fuimos el lunes; se suponía que teníamos que llevar algo típico de nuestro país. MJ y yo sacrificamos su jamón (demasiado pronto para hacer nuestra primera tortilla de patata) e hicimos un plato típico español: cachosdepanconjamónporloalto. La llegada a esta cena-fiesta fue bastante catastrófica. Durante el día habíamos estado visitando algunos pisos y haciendo algunos papeleos bajo la lluvia, pero todo había ido bien porque aquí prácticamente todo el mundo habla inglés y están muy predispuestos a ayudarte con todo. Pero a la fiesta fuimos en taxi (llovía mucho, llegábamos tarde, no sabíamos bien cómo llegar), y el taxista no hablaba inglés; nos dejó en un lugar donde no era la fiesta, en la facultad de Economía, de noche (aquí a las seis o así el sol se va escondiendo tras las casas), bajo la lluvia, y en un sitio donde no había nadie. Afortunadamente, tras andar y meternos en una residencia pensando que la fiesta era allí, encontramos a un chaval inglés, que iba hacia la misma cena, y llegamos sanos(o quizás un poco constipados) y salvos. Era nuestro primer día aquí, así que caímos en la tentación, y la international dinner se convirtió en una spanish dinner. Aunque conocimos también a gente de Portugal, Holanda, Francia, unpocodetó. 

Al día siguiente, quedamos con un franchuti que estaba buscando piso, y también con una franchuti y dos chavales de Macedonia; desde entonces, esta es la gente con la que quedamos para salir a dar vueltecillas y eso. Los macedonios y los eslovenos se entienden perfectamente, porque tienen prácticamente el mismo idioma. 

El esloveno parece bastante dificilillo. Muchas consonantes y las palabras se pronuncian super diferentes a como se escriben, por ahora sabemos decir… pocacosa. “Pivo” significa cerveza (eso me han dicho, yo no lo sé a ciencia cierta), ya iré ampliando el vocabulario.

¡Ayer fue nuestro primer día en la Medicinska Fakulteta! Es una facultad muy bonita, con el hospital al lado y dividido en muchos sectores según la especialidad. Allí nos informaron sobre cosas tipo elbonoparacomercasigratisparalosestudiantes, elbonobus (“the urbana card”), laofertaparahacerdeportegratisenlauni, y, por supuesto, nos pusieron los puntos sobre las ies o las ies sobre los puntos, yo qué sé, de que estamos aquí para estudiar y cosasdeesasimportantes. 

Por la tarde, estuvimos ayer con mi tutora (hay un tutor para cada estudiante Erasmus), su novio y un amigo. Ella es una chica que estudia 5º de medicina, como nosotras, y su misión es ayudarnos a hacer todos los papeleos para la facultad y esas cosas. Quedamos junto al Ljubljanika, el río que cruza la ciudad, para tomar un café, junto al puente con los candados (¿hay puente con candados en todas las ciudades del mundo? Deberíamos ir empezando a poner candados en la presadelToto). Los otros dos muchachos acaban de terminar la carrera (también medicina), y están haciendo unas prácticas que hay que hacer aquí durante seis meses. Les contamos que no teníamos aún dónde vivir, y que habíamos estado buscando y no encontrábamos nada y, en cuanto se lo dijimos, uno de ellos cogió su móvil. Abrió el Correo, y en cuestión de dos minutos, estaba hablando en Esloveno por teléfono con una mujer que alquilaba una casa a menos de cinco minutos de nuestra facultad, todo con superbuenapinta, y ya había quedado con ella para hoy, e iríamos a ver el piso con el novio de Maja (así se llama mi tutora, que podéis imaginaros lo maja que es), porque la señora no hablaba inglés, y él nos acompañaría al salir del trabajo.

Así, de un momento a otro, pasamos de ser homeless desesperanzadas a tener una super oferta para hoy. Estos eslovenos fueron super buena gente, mucho cachondeito y muy amables. El sol desapareció, y en la misma mesa del café acabó alguna que otra cerveza. Aquí hace un frío pelón, las cosas como son. Estamos en Septiembre y las tres mangas son algo normal. Por aquí dicen los eslovenos que si el verano es duro, el invierno lo es; los tres chavales de ayer, nos dijeron que este verano ha llovido dos veces: una, durante un mes, y la otra durante tres semanas. 

Así que hoy, antes de ir a la facultad, me compré mi segundo paraguas, que creo que usaré bastante y ya mismo me compraré los esquís y los haskissiberianos porque, según uno de los eslovenos, los necesitaremos para ir a la facultad dentro de poco (creo-espero que ahí bromeaba).

martes, 23 de septiembre de 2014

D61-B30. Comienza la aventura.

A las 3.56 sonó la alarma en mi cuarto de Málaga. Hacía unas horas habíamos estado tapeando por el Palo y viendo un programa de boleros en Canal Sur con Graciela, y, desde entonces, hasta ahora…,¡cuántas cosas!

Todo iba bien hasta que (además de que María José fue cacheada) yo tuve que sacar todas las cosas de mi mochila de mano porque el pulisía encargado de mirar los Rayos X no sabía si yo llevaba “una barra de hierro ahí”; el fonendo macho, el fonendo y el martillito de los reflejos, dando la lata desde el primer momento. ¡Pa que no se diga que no me voy de Erasmus pa estudiar!

Tras esto, y tras haber vuelto a meter todas mis cosas en la mochila, MJ y yo nos sentamos a esperar porque aún no habían publicado cuál era nuestra puerta de embarque. En la espera, coincidimos con tres chavales de nuestra clase que también se iban de Erasmus. Ellos, a Polonia y a Eslovaquia. Malagueñosporelmundo. MJ y yo mirábamos todo el rato a ver si habían puesto ya cuál era nuestra puerta, y nada. Hasta que al final, MJ me dijo que ya lo ponía: D61.

Para ir a la puerta D61, digamos que tuvimos que ir to pa la izquierda, to pa la izquierda. Cuando llegamos… en la puerta D61 no aparecía ningún vuelo. No había ninguna azafata en la puerta. Nadie esperando. Nos olió a chamusquina. Miramos, ya cerca de esa puerta D61, otra vez, en otra pantalla diferente, cuál era nuestra puerta de embarque. Tchan, tchan, tchan… B30.

Corrimos como nunca; eran las 6.07h y se suponía que la puerta de embarque cerraba a las 6.10¡¡¡!!! Así que corrimos y sudamos (correr con las botas de montaña no es tan fácil como puede parecer), todo lo que habíamos andado hacia la izquierda ahora fue hacia la derecha, derecha, derecha y eso parecía que nunca se acababa, maemía, qué aeropuerto más grande. Cuando pasamos por la primera de las pantallas, volvimos a mirar,… y aún ponía D61. Algo confusas y con todo el rile del mundo, corrimos hasta que llegamos a la B30. Empujamos a gente, dimos codazos hasta llegar a nuestra puerta,… que acababa de abrirse, y a la cual iba la mayoría de la gente a la que habíamos adelantado en esa carrera. Pensé que perdíamos el avión.

Sudando como un pollo, me tomé la biodramina que me ayudaría a dormir como un lirón durante casi todo el vuelo. Eso, y el hecho de ir en última fila y saber que tenía una azafata “peleona y que si hacía falta ella pegaba a quién fuese, que era un poco agresiva”, o eso decía mientras parloteaba durante tooodo el camino con sus amigas las demás azafatas, me hicieron sentir segura.  

La llegada fue un poco liosa; teníamos que atterizar en el aeropuerto de Trieste, pero según dijo el comandanteoyoqueséquién, debido a la niebla no se veía nada y aterrizaríamos en Marco Polo (el aeropuerto principal de Venecia). Cuando estábamos sobrevolando Marco Polo, no podíamos aterrizar porque según el mismohombredeantes, “había mucho tráfico”; así que, nos dijo, nos quedaríamos “haciendo tiempo” (macho, haciendo tiempo, se dice rápido, pero qué-mal-rollo) en el aire, unos 5-10min hasta que el tráfico estuviese mejor. Hasta que lo estuvo, y al fin aterrizamos en Marco Polo. Del avión al aeropuerto nos llevaba el típico autobusillo que iba petao al máczimo (más o menos como un autobús de línea, con gente de pie) pero MJ y yo fuimos las dos enchufadas que gracias a una mujer que nos habló en italiano nos metimos en la cabina del conductor.

Ryanair nos puso unos autobuses hasta Trieste para aquellos que quisiesen seguir yendo allí. Encontramos estos autobuses gracias a una chica (nuestra compañera de avión, que se pasó el viaje del primer minuto al último durmiendo la mona, esta se habría tomao un par de biodraminas fijo) que hablaba italiano y español. En este autobús teníamos que subir las maletas (esas de 15Kgs cada una) a un maletero que estaba a la altura de nuestra cabeza… así que con la ayuda de algún italianini y metiéndolas por el laillo lo conseguimos. Al llegar a Trieste, entré en el aeropuerto a comprar una botellilla de agua y mi móvil empezó a sonar; era el hombre del GoOpti, la furgonetilla que nos llevaría hasta Ljubljana. El conductor no podía pasar a la zona de los taxis; nos lo explicó cuando nos montamos finalmente y mientras nos comíamos al fin un bocadillo malagueño, porque, según él, los taxis tienen una especie de monopolio (lo comparó a la dictadura de Mussolini) y creen que los GoOpti les quitan sus clientes, cuando realmente no es así. 

Dormimos y dormimos durante nuestro trayecto hasta Ljubljana; abría los ojos de vez en cuando, y todo eran montañas, hierba y más hierba super verde, y casitas en las colinas, todo muy bonito pero zZZzzZZz…

Llegamos a nuestro hostel, y descansamos. Ducha, charla con las recepcionistas y, mapa en mano, nos fuimos a visitar una preciosa Ljubljana super soleada y con un calor que te rilas. 3euros por una CocaCola de 25cL, un mercado de comida típica italiana, mucha gente en la calle, mucha gente en bici (parece que aquí el que va en bici es el rey de la calle) y mucha gente comiendo helados. Subimos a un castillito desde el que se veía la ciudad, y estuvimos leyendo una guía turística sentadas en la plaza del tripuente, uno de los sitios más famosos aquí, como buenas guiris que somos. Y con un Falafel en la callecita de nuestro hostel, sentadas en dos sillas mirando hacia la calle, sin mesa, acababon nuestras primeras horas en Ljubljana.