sábado, 24 de enero de 2015

iceberg.


Escribo esto mientras escucho a MJ hacer escalas con la guitarra. Hoy nos hemos despertado con las risas eslovenas de Jurij, Matej y Andrej en el salón, y hemos desayunado con ellos comentando los incidentes (¿incidentes? ¿quién ha dicho nada de policija o de 23 personas en nuestro salón o de 41 leuros de multa?) y anécdotas de anoche, que tuvimos fiesta en casa. El desayuno ha concluido con una invitación por parte de Matej para que vayamos a pasar unos días a la costa con ellos.

El otro día, pasé la puerta de un bar en una calle por la que suelo pasar casi cada día, y estaban escuchando esa canción romanticona de Titanic, “My heart will go on”. 

Ese mismo día, fuimos al Irish Pub. El Irish Pub está a unos cinco minutillos de nuestra casa, en una bocacalle de Trubarjeva, esa que os dije una vez, era mi calle favorita de esta ciudad, por lo que, por la situación y lo en él hasta ahora vivido, este pub se ha convertido en uno de los mejores de Ljubljana. En mi defensa ante mis padres diré que en Patrick’s Irish Pub la cerveza es, aunque tremendamente rica, considerablemente más cara de lo habitual, por lo que tócontrolaohastaahora. 

Cada jueves hay música en directo, decían. Y no estábamos muy seguras de ello, y a mí, sinceramente, nunca me había dado por escuchar música irlandesa. Pero he de decir que en estas dos últimas semanas la música irlandesa ha ido subiendo escalones en mis ránquines musicales y tiene papeletas de llegar lejos. Y ha sido gracias a estos dos últimos jueves, que sí que sí al fin comprobamos que era cierto lo de la música en vivo. El Irish Pub bien podría llamarse Irish&Catalán Pub; el primer jueves que fuimos, en un momento dado, Ale tuvo la oportunidad de hablar con los artistas y pedirles, por favor, cantar una canción en el escenario. Tras algunas consultas de unos con otros y otros con unos, al fin le dejaron: “Hi, my name is Alejandro, I am from Barcelona and I am going to sing a spanish song”, así que ese día, ese pub lleno de eslovenos, irlandeses y algún que otro erasmus como nosotros, acabó escuchando a Jarabe de Palo en boca de Ale. 

Pero la cosa no se queda ahí. Este jueves pasado, y gracias a que estuvimos toda la semana ahorrando dineriti yendo cada día a comer a indeks (mi sitio favorito por excelencia, 1’5euros sopa+ensalada+platoprincipalmuyrico+pan+agua), volvimos al Irish. Ese día sí que sí, había erasmus, y algún que otro esloveno o irlandés. Canciones, cervezas, charlas, bailoteos, palmas, más charlas y muchas risas y la cosa acabó con Marco subido al escenario junto a los catalanes Oriol y Albert dispuestos, tras habérselo preguntado a los respectivos cantantes, a cantar ante un público totalmente entregado, y junto con la banda quienes les acompañaron, no una como Ale hizo la semana pasada, sino tres canciones. 

El otro día escuché esa canción de la película en un bar cualquiera en esta ciudad pero tras eso, y gracias a lo cual he encontrado tantas cosas que me gustan (el lugar, la música, la gente) creo que se me apareció el mismísimo Leonardo DiCaprio para decirme: “so, do you wanna go to a real party?”





Pues eso, que estar viviendo esto está siendo tan emocionante como ir en el Titanic; el cuatrimestre se acaba, pero me consuela pensar que lo vivido hasta ahora es sólo la punta del iceberg, que lo que no podemos ver (lo que ya hemos vivido y guardamos en nuestros bolsillos, lo que aún está por llegar) es realmente mucho más grande, que con lo que se ve desde fuera no se hace uno la idea de lo increíblemente genial que está siendo este viaje.




sábado, 17 de enero de 2015

Johanna, tu padre, la puerta no me abre.

La idea de tener una asignatura en la que no hay clases ni los lunes ni los viernes no habría pasado por mi mente ni en el mejor de los sueños. Y estar aquí, queridos lectores, está siendo (en todos los aspectos) de ensueño. 

Así que desde que volvimos de las vacaciones en España, hemos estado yendo tres días a la semana a clase. No había querido mencionar este dato hasta hoy para evitar posibles sentimientos de odio hacia mi persona, pero no me podía aguantar más. De todas formas, no lo volveré a repetir, ahí ha quedado. En mi defensa también mencionaré que a los dos días de llegar, tuve que hacer una exposición de un tema de esta asignatura. 

Exposición que, tras el intento fallido de meter el gordo pendrive-vaca de MJ en el ordenador de la clase, intentar toquetear el ordenador con todo en esloveno, que alguien me pasase su pendrive y se me cayese, tener que salir de clase a otro ordenador con mi profesor para guardarlo en otro pendrive, darle sin querer a que el ordenador empezase a analizar los virus de este nuevo pen y, entre nervios y risas, de las 8 diapositivas de mi trabajo (una, la portada; otra, el índice; otra, el Hvala final) hablar de tres de ellas (porque mi tema ya lo habían explicado unos compañeros minutos antes y el profesor me pedía que me las saltase) en aproximadamente un minuto, el profesor calificó de “short and sweet”. 

Además, hemos aprendido a poner escayolas (Migue, ya sabes cómo acabará la cosa la próxima vez que te cure esa herida). Quizás para poner nuestros conocimientos traumatólogos a prueba, esta tarde vamos a ir a patinar sobre hielo. Han puesto en la plaza de la Republike una pista para patinar, en la que el otro día estuvimos viendo un partido de hockey sobre hielo de niños pequeños, y hay otra pista, cubierta, en el Tivoli. Y a esta es a la que vamos a ir.

Anoche estuvimos en la casa de los chechos y los catalanes en una fiestecilla. Gregor’s house es una de las casas que visitamos MJ y yo al llegar, cuando vivíamos en el H2Ohostel y no sabíamos aún de la existencia de Jurij. Gregor es el casero, y tiene un edificio dividido en dos, en los cuales viven muchos estudiantes. Recuerdo a Albert el día que visitamos su casa. Él, que también estudia medicina, estaba allí ya viviendo. Luego, nos conocimos por la facultad y siempre fuimos “las dos que no nos quisimos quedar a vivir con ellos”. El punto negativo que sacamos de esa casa y que nos hizo no quedarnos allí, es que no tiene salón; una mini cocina y un cuarto de baño para compartir entre muchas personas. Y quizás ese punto negativo ayer se convirtió en positivo. Seríamos unas veinte personas en la fiesta de ayer, en un trozo de pasillo y el pequeño cuarto de los checos. Así que allí estuvimos, en la que pudo haber sido nuestra casa por un momento, con guitarras, armónica, flauta, un piano y cosillas de picoteo, alguna cervecilla y un poco de vino caliente, que hicieron de la noche de ayer una gran noche. 

Dicen que la policía estuvo de visita, no sé, porque alguno tocó la guitarra algo más fuerte de la cuenta… en la calle. Pero de eso no estoy muy segura. 

Por las calles de Ljubljana ya no queda nieve de aquella gran nevada, y ni si quiera hace frio aunque, no sé, se acaba el cuatrimestre, y en las próximas semanas vamos a despedir a algunos amigos que ya se vuelven. Se irán los checos (Agáta, Vojta), las italianas (Marianna, Giada), los catalanes (Oriol, Albert) y Félix, el alemán, y al pensarlo sí que me da un poco de fresquillo.

Layla.

Me pasa con la nieve lo mismo que con los parques acuáticos.

Me pasa felicidad en estado puro por las venas, y por las arterias, y los vasos linfáticos y por cada terminación nerviosa.

Cuando fuimos a los lagos Fusine, en Italia, a una horilla y pico de Ljubljana, pregunté a mis amigos que si habría nieve, para llevar mis nuevos pantalones de nieve que los reyes magos me regalaron. La respuesta fue por parte de Gianmarco: “I have no idea, sorry”.

¡Y digo que si la había!







Vas saliendo de Ljubljana en Gianmarco’s car y poco a poco las montañas se ven más de cerca, todo va siendo más verde o más blanco, y no ya tan poco a poco agradeces el estar ahí, con ellos (Gianma, MJ, Marina) y te alegras profundamente de haber elegido este país para vivir este Erasmus. Las montañas que desde Ljubljana se ven a lo lejos, se vuelven gigantescas y no deseas en ese momento estar en ningún otro lugar.

lunes, 12 de enero de 2015

Broken Bridge trip.



Se nos hizo de día mientras escuchábamos a los Blues Brothers; Gianmarco conducía dirección Croacia mientras hablaba de grupos y más grupos de música con Vojtech y yo, en uno de los asientos traseros mientras Ale me usaba de almohada, estuve preguntándome si no eran realmente los amaneceres incluso más bonitos que las puestas de sol. 

En unas tres horas llegamos a nuestro destino: los lagos croatas, en Plitvicka Jezera, parque nacional, donde pasaríamos el día. Antes de ir, Gianmarco había contactado con los del Parque para preguntar por las condiciones meteorológicas del lugar. La respuesta por su parte había sido: “there is a lot of snow. Enjoy!” Así que íbamos preparados para hacer toda la ruta disfrutando de la nieve. Nuestra sorpresa fue, que al llegar, en la taquilla donde compramos la entrada, nos dijo una chica en inglés, y después, cuando se dio cuenta de que algunos éramos españoles, en español, que gran parte de la ruta estaba cerrada por hielo e inundación del camino. Compramos nuestros tickets y anduvimos los primeros metros hasta el primer encuentro con el grupo de japoneses que en ninguna excursión en esta vida (yo estoy convencida de que siempre son los mismos) puede faltar. Hacían ya fotos sin parar (yo también, para qué engañarnos) delante de una valla que (les) impedía pasar por un caminito por el hielo y el agua. Digo les impedía, porque nosotros encontramos una fácil solución: pasar la valla por debajo. O por arriba; que Pablo, Gianmarco y Vojtech son unos larguiluchos de cuidao. Así empezaba la excursión prohibida.

La ruta consiste en ir por un caminito de tablas de madera, que van atravesando un montón de lagos y cascadas. Toda la zona baja, esa de madera, es la que estaba cerrada. De ahí se comunica con unos caminos que van por arriba, desde los que se va viendo todo. Para atravesar uno de los lagos, cogimos un barco, donde nos reencontramos con los japonesesasuscámaraspegados. Algunas de las cascadas son realmente grandes, y hay muchas pequeñas para comunicar un laguito con otro. Algunos de los caminos sí que estaban helados, pero le daba emoción a la cosa. Ahora que lo pienso, no hubo caídas a destacar. Lo que sí que hubo fueron guerras de nieve. 

En una de las pocitas, los valientes de Vojtech y Ale decidieron dar el pasaporte a chaquetones, camisetas, pantalones y jerseys. Fuera calcetines y calzoncillos, y ea, a bañarse. El baño duró lo que dura un suspiro y, ahorasegúnellos más calentitos que antes y algo morados, continuamos nuestro camino buscando algún sitio en el que comer.

Tras hincharnos de unos ricos bocadillos, mandarinas y alguna que otra golosina, seguimos con la ruta, en la que aún nos quedaba alguna que otra hora. Atravesamos caminos de hielo, caminos de nieve, caminos de hojas y más hojas secas. Vimos laguitos-pocitas, lagos grandes con muchísimas cascadas, lagos con oleaje. 

Todo con unos colores preciosos, el agua de los lagos con diversos colores verdes y azules, y el contraste con el marrón de las hojas, los árboles de los bosques, pelados y repletos de musgo, y nieve, nieve a lo lejos y a lo cerca; antes de ir, yo había estado viendo fotos en internet de este lugar. Me parecía súper bonito, así que tenía muchísimas ganas de ir. Pero estando allí, apenas sin turistas, nosotros dando vueltas parriba y pabajo, mientras la luz iba siendo cada vez menos, supe realmente que había merecido la pena ir, y, para mí, ha sido de los lugares más bonitos en los que jamás he estado.

Cuando ya decidimos volver al lugar de partida, aún quedaban un par de horas. Decidimos ir, aunque bordeando el lago para aprovechar el camino más bonito, por el camino más corto, pues, si se nos hacía de noche, las pasaríamos canutas con el hielo y sin linterna alguna. Y así, mientras decidíamos quién de nosotros sería el primero en morir en un momento dado de necesidad por los demás para proporcionarnos alimento, (momento en el que yo me salvaba, graciasadios, por ser mujer y mi papel por perpetuar la especie) nos encontramos con tres chicas que iban en sentido contrario al nuestro y quienes nos advirtieron de que deberíamos tener cuidado por el camino que llevábamos; había un puente roto, y deberíamos, a cambio, bajar y subir por una montaña. Con más valentía que rile, llegamos al puente y, cargados de conocimientos escaladorespiedrores, logramos sobrevivir al broken bridge. 

Poco a poco, el cielo se puso rojo como una amapola. En ese momento, me pregunté si no eran realmente los atardeceres incluso más bonitos que el momento de levantarse el sol.

Sanos y salvos, con los ojos repletos de imágenes y los pies contentos de haber paseado por aquellos lugares, en fin, felices, llegamos al coche y pusimos rumbo a nuestro apartamento Relja, a unos diez kilómetros de los lagos, donde pasaríamos la noche.

Habíamos alquilado un apartamento para seis siendo siete (MJ, Marina, Pablo, Ale, Vojtech, Gianmarco y yo), por lo que uno debería esconderse cuando recogiésemos la llave de los caseros. Cuando llegamos a nuestro destino, aparcamos los coches y salimos, justo en ese momento llegaron los propietarios: era ya de noche, pero no serían más de las cinco de la tarde. Muy apañaos, el señor croata con sus dos hijos nos enseñaron nuestra casa, nos pidieron los DNI que, les dijimos, se los daríamos en unos minutos pues, teníamos que organizar bien cuáles les enseñábamos y quién se ocultaría y, mientras Gianmarco y Vojtech fueron al supermercado a comprar la carbonara que esa noche cenaríamos, nos instalamos en nuestra casita. 

Era en la planta de abajo donde los caseros vivían. Cuando uno de ellos vino a pedirnos los DNI, MJ era quien estaba en la ducha, así que fue ella la que decidimos ocultar. Mientras cocinábamos (más bien, cocinaba Gianmarco, los demás hacíamos poco), Vojtech empezó a hablar con los caseros desde el balcón, así que le tocó a él ser quien les pidiese pimienta, que se nos había olvidado comprar. 

Cuando Vojtech volvió de recoger la pimienta de la planta de abajo, estaba algo más colorado, más sonriente aún (que ya de por sí él es sonriente) y, nos dijo, todos debíamos bajar pues los croatas nos habían llamado a tomarnos un chupito a su casa, por la amistad. (Vojtech ya se había tomado algún que otro chupito en la recogida de la pimienta.)

Fuimos, aunque no todos (pues Gianmarco cocinaba y MJ “no existía”), y ahí estaban, el señor y la señora croata, que no hablaban ni una palabra de inglés, que fumaban, sonreían, y nos tocaban, mientras nos servían algo parecido a vodka en los vasos, y sus dos hijos, de unos treintaytantos años, que sí que hablaban inglés, que empezaron a hablarnos de la guerra. De la guerra pasamos a hablar de su juventud, lo que llevó a uno de ellos a coger una caja que había en el suelo del salón llena de fotos de muchos tipos todas mezcladas, y empezar a enseñárnoslas todas. Mientras él nos enseñaba fotos de cuando había estado en Praga o en París o alguna foto de su comunión, su hermano se reía sin parar, mientras nos contaba que el otro había estado estudiando teología, que antes era muy religioso y que, menos mal, y gracias a él, lo había dejado. La cosa acabó con La Macarena sonando en el móvil de éste último, mientras el señor y la señora croata rellenaban los vasos de ese vodka y no paraban de sonreír. 

Teníamos que irnos, así que nos despedimos, nos dieron las gracias, nos dijeron, éramos gente buena, y nos fuimos. Una auténtica carbona italiana sin nata (pues la original se hace sin nata) nos esperaba en la mesa. 

Esa mañana la habíamos empezado escuchando a los Blues Brothers y la acabamos tocando la nueva guitarra de Ale, todos.

martes, 6 de enero de 2015

confiesoque.

Escribo esto desde el aeropuerto de Málaga. 

He venido a sentarme a esperar a que pongan cuál es mi puerta de embarque a los mismos asientos en donde nos sentamos MJ y yo aquel día que empezaba nuestra aventura erasmus. 

Han pasado más de tres meses y aquí estoy, hoy sin MJ a mi lado, porque ella vuela esta vez desde Almería, dispuesta a continuar con esta aventura. 

Durante mi estancia en España, casi se me había olvidado la existencia de pasodesopa. Creo que ha llegado el momento, queridos lectores, de confesaros algo: yo no paso de sopa. 

De hecho, siempre he sido amante de las sopitas de mi madre, de las sopas de sobre, siempre he sido de las que se pide una sopita por ahí, de las que repite una y otra vez de esas sopas calentitas navideñas y, ahora más que nunca, amante de esas fantásticas sopas que el studenskiboni nos proporciona. 

Nopasodesopa.

Tras este momento de sinceridad, he de decir que el cambio de sopas liublianesas por las navideñas de mi madre por un tiempo, no ha estado nada mal. Poco se hablaba de estas, nuestras primeras navidades sin tener que estudiar, y la verdad es que han dado bastante de sí. Me he sentido guiri total. 

¿Pero qué es esto de comer en manga corta en enero? ¡no me ha caído ni una sola gota de lluvia estando aquí! Si estos eslovenos viniesen para acá...

Este año, debido a que vuelo hoy, día 5 de enero, los reyes magos llegaron con algo de adelanto a mi casa. Y cargados de ropa térmica. Mientras he estado aquí, he visto por internet las fotos de la primera (y gran) nevada en Ljubljana. Y también he estado siempre comparando temperaturas... por una parte, me da un poco de canguele. Que a mi me gusta el sooool, los paseitos por la playa y las comidas en las terrazas... Pero me apetece mucho volver a Ljubljana. 

See you, Málaga.

[Tras el vuelo y el viaje en goopti e infinitas horas durmiendo, llegué a casa. Es genial sentir cómo una ciudad (ahora) tan fria (los tejados y aceras siguen llenos de nieve, casi me resbalo con el hielo llegando a casa y vuelvo a echar vaho en cada una de las respiraciones) te recibe de una forma (Jurij en casa, las cervecitas por ahí ya sí que sí en inglés con checos, italianos, alemanes y españoles) tan cálida.]