miércoles, 25 de febrero de 2015

visitas. (1)

Un día te sientas delante del ordenador y te da por mirar cuándo fue la última vez que pasastedesopa, y te das cuenta de que hace casi veinte días que no escribes nada en tu blog erasmusil. Me he puesto a intentar hacer memoria de todo lo pasado y ocurrido en estas semanas y he caído en la cuenta de que cuando uno no escribe lo que le va pasando, los sentimientos y recuerdos se desordenan más de lo normal. Así que me pido autoperdón, y me propongo retomar esto de la escritura de aquí al fin de los tiempos.

Estos últimos tiempos han sido tiempos de visitas. El día de la llegada de Graciela, Celia y María Luisa mi barriga decidió revolverse y quejarse un poco; tengo la teoría (y puedo demostrarla) de que el motivo de mis retortijones barriguiles era la llegada de nuestras amigas. Otras fuentes apuntan a que la razón fue la comilona que al salir de nuestro examen de Emergency nos pegamos MJ y yo en el chino. A saber.

El día que ellas llegaron, teníamos fiesta de despedida. Que ya de paso, se convertiría en fiesta de bienvenida. Se iba Marianna, así que organizó una cena en su casa, en donde vivía con los italianos Federico y Marco. Mucha gente acudió a la fiesta; italianos, españoles, checos y, contribuyendo a mi malestar estomaquil, todo el mundo llevó algo de comer a lo que era difícil decir que no; algunos dirán que me inché, pero dejémoslo en que caté un poco de todo: pizzas, bureks y demás cosas saladas, seguidas de tartas y brownies de diferentes texturas y sabores. Si a todo esto le añadimos alguna que otra cervecilla para poder bajar tanto bizcocho, quizás podamos entender mejor el estado intestinal con el que me encontré aquellos días. Esa noche la despedida acabó en ROG, cuyas iniciales significan Respect Or Go, y que es un barecillo en el que te vacías de centimillos los bolsillos, pues hay que pagar la voluntad para entrar, y en cuyo interior se escuchan diferentes estilos de música dependiendo del día, y en cuyo exterior puedes charlar mientras estás en un skatepark. 

El resto de los días se sucedieron rápido, tan rápido como cuando se pasa el tiempo cuando te lo estás pasando muy bien y sólo paras en casa para descansar y coger algo de fuerzas para la siguiente excursión/ fiesta. Fueron días de turismo y carnavales. 

En cuanto a lo primero, visitamos todo lo visitable en el centro de Ljubljana, las callecitas y algún barecillo, subimos al castillo y fuimos al Tivoli; disfrutamos de los paisajes aún nevados, fuimos como buenas guiris a la oficina de turismo y subimos a una iglesia rosa que hay dentro del Tivoli a ver el atardecer. 



(De dcha a izda, Hanna-unaamigaalemanadeMarco, Graciela, Celia, MaríaLuisa, Marco, MJ y yo, tras la no vista de la cascada.)

Además, hicimos la obligada excursión a los lagos de Bohinj y Bled. En Bohinj, que es un lago menos turístico, más grande pero menos profundo (fuentes informadoras Marco Lenzi, que estuvo explicándonos las diferencias internas de los lagos, según fuesen de origen glacial o no) hay una cascada bastante bonita y espectacular, para cuyas vistas hay que andar un rato subiendo escaleras de madera por el monte. Todo estaba nevado y helado, con lo que, unido al hambre, al dolor de barriga de alguna y al frío pero calorín que te da ese tipo de subidas, la ruta se nos hizo algo durilla. Sorpresa la nuestra, que al llegar no se veía la cascada debido a la niebla que había. Afortunadamente, en estos tiempos que corren, siempre llevamos el móvil encima, así que allí, delante de aquella cascada invisible para nosotras, les enseñamos a nuestras amigas las turistas un vídeo que grabamos la otra vez que MJ y yo la habíamos visitado, y casi casi hizo el papel. Comimos sándwiches y fuet con más hambre que frío, aunque la cosa estaba reñida, debido a que alguna de nosotras se había dedicado a tirarse ladera abajo sobre la nieve con la consiguiente mojadez del cuerpo entero y frio pelón, y, tras ello, nos fuimos a Bled, desde donde vimos el atardecer y nos tomamos un cafelito/té/CocaCola/vinito. Quediga… chocolatecalentito. 

Al día siguiente, y para demostrar que estamos en un país de contrastes y paraísos, nos fuimos a la costa. Piran nos esperaba con un sol radiante y un cielo tremendamente azul, así que disfrutamos del día de paseo, tomándonos una cervecita o en su defecto un yogur líquido para aquellas con las barrigas problemáticas en una terraza junto al mar, y vimos el atardecer desde unas roquitas donde Celia casi decide darse un chapuzón.



Eso, con respecto a los viajes. En cuanto a las fiestecillas, esos días en Ljubljana se celebraba el carnaval; un día, fuimos al de Metelkova, donde pagabas 10euros por entrar en todos los bares donde había conciertillos en directo. Españolas nosotras, que salimos a la hora española, no pillamos ya conciertos (a excepción de unos que cantaban en esloveno) aunque sí que disfrutamos de los diferentes bares y sus distintas músicas y de los variopintos disfraces de la peña. Además, fuimos otro día al carnaval de Rožna Dolina. Jurij nos dijo, en carnaval había una gran fiesta en Rožna, cosa de la cual nos cercioramos hablando con algunos de los amigos que allí tenemos, que nos dijeron que habían puesto una carpa. Ingenuas nosotras que no sabíamos que aquí el carnaval se vivía tan intensamente, no habíamos preparado nada hasta esa misma noche, que nos vimos en casa pensando qué hacer. Mientras Celia esa noche se quedó durmiendo en casa, Graciela se disfrazó de atleta (disfraz que para ella NO es disfraz, que el que es atleta lo es hasta la muerte), MJ de bigotes (oséase, con un bigote pintado en la cara y una perilla) y yo de jugadora de baloncesto (aquí digo lo mismo que he dicho con Graciela), para lo cual me construí la cosa más cutre que he construido en mucho tiempo (creo que sólo lo igualaría un sofá que creé cuando era pequeña a base de alfileres), una canasta y una pelota de papel que NO entraba por el aro de mi canasta.

Así que fuimos a Rožna Dolina, ese complejo residencial que estaba ese día viviendo la mayor fiesta que he presenciado aquí jamás; había una carpa a la que no entramos, y muchísima gente con disfraces de todo tipo al aire libre. Además, entré al edificio de los erasmus y a dos de los eslovenos, uno de los cuales olía a paja porque, según me dijeron, un menda se había disfrazado de cama de paja y estaban todos los pasillos y escaleras llenas de paja y harina, como si un tractor hubiese pasado por allí. Esa noche, que la acabamos comiendo una hamburguesa en un 24h que tiene la mejor hamburguesa de toda Ljubljana, estuvimos con Jurij y sus amigos, le dijimos adiós a Vojta, cosa la cual me dio mucha pena, y su disfraz, una caja que era un paquete de tabaco, pasó a formar parte de MJ, que cambió su disfraz de bigotes por el de cajetilla.

Uno de esos días, Richard me había mandado un whatsapp en el que decía: “estoy pensando ir un día de estos de sorpresa a Ljubljana”. Lo leí estando en clase, se lo enseñé a MJ, y nos reímos. El pánico empezó a cundir cuando, en el coche dirección Piran, le dijimos a Graciela lo que Richard me había escrito, y su sonrisa la delató. Se sucedieron los días entre intentos de sonsacarle información y quitarle el móvil para ver sus conversaciones con Ricardo. Se sucedieron, en mi caso, intentando averiguar cualquier dato preguntando a todos, dudando de todos incluso de mi sombra, y creyendo que Ricardo aparecería en cualquier momento por la puerta pero no… no llegaba…

Todo este no parar se intercalaba de algunas clases y prácticas a las que acudir, más muerta que viva, y con menos siestas de las que deberíamos. El jueves pasado, mientras Celia y Graciela estaban en Zagreb, ciudad la cual les gustó mucho, aunque NO MÁS QUE LJUBLJANA, decidí, medio por mi aún dolorosa barriga, medio por el peso de mis párpados, no ir a comer al africano con unos cuantos al acabar las clases, e irme a dormir un poco a casa.

sábado, 7 de febrero de 2015

sopor.

Hoy ha sido el día que más frio he pasado en Ljubljana. Coincidiendo, (no sé si casual o causalmente) hoy ha sido el día en que Felix, Oriol y Albert han volado a sus respectivas ciudades origen. Nos despedimos de ellos el martes pasado, pues al día siguiente se irían a Budapest a pasar los últimos días erasmus (¿últimos días erasmus?) acompañados de Marco, Pablo, Weronica y Agáta y, bueno, Vojta, que no sé aún si llegó a Budapest o no, pero que, decía, trataría de ir haciendo dedo. 

Aunque lo que más me hubiese gustado en esos momentos habría sido coger la mochila e irme a Budapest con ellos, no podía (o más bien, no debía, que poder poder sí que podía y quizás, debería haberlo hecho) porque durante esta semana hemos tenido clases y prácticas de una nueva asignatura, Emergency Medical Cares y, además, el jueves tenía un examen (que más me habría valido no hacerlo) y el viernes otro, de Musculoskeletal, esta gran asignatura que nos ha tenido sin clases los lunes y viernes durante cuatro semanas. 

He de reconocer que escribo este blog con más pena y enfado, y quizás algo de enfado y pena, que otras cosas. Pero bueno, c’est la vie. (Y ahora es cuando mamá, tú podrías decir, ¿¿se la vi??¡No digas guarrerías niña!)

A pesar de que alguna de las clases de esta semana han merecido la pena, he presenciado alguna en que hemos pasado la mañana entera viendo videos de armas de destrucción masiva, ondas expansivas de bombas, escuchando a un cirujano militar contarnos su experiencia en Afganistán, siempre con la pistola encima, viendo alguna foto del hijo del profesor con algún gran misil en algún museo ennosédónde o viendo videos de coches bomba o de cómo construir una bomba suicida y viendo cómo tras ponérsela, un maniquí salía volando por los aires. Cosas útiles.

Así que bueno, quizás algunas cosas de emergencias hayan estado bien, pero personalmente, termino esta semana de clases algo decepcionada. La predisposición personal también cuenta mucho por lo que, mea culpa, que quizás tampoco haya estado yo cienporcien por la labor.

Estas clases han ido acompañadas de dos prácticas en el hospital. La primera de ellas, fue el lunes. Yo llegué al hospital con mis pantalones térmicos bajo los vaqueros porque esta semana ha estado nevando y ha estado haciendo bastante fresquíbiri y, además, había pillado un minicatarro de esos consistentes en noteseparesdelclínexporunsegundoporqueenelmomentomásinoportunolamoquerallegará. Tras dejar mi mochila en una taquilla y ponerme mi bata de manga larga (que, para mi asombro, ahí era yo, la que traía la bata de Málaga, la única con bata de manga larga; todos los eslovenos la llevaban de manga corta) una enfermera me llevó al médico con el que me tocaba estar.

He de decir que en España algunas prácticas son para nosotros los estudiantes como ser un árbol en una consulta; nadie nos dice nada, nadie se dirige a nosotros, el médico (parece que) no sabe de nuestra existencia casi. Pero en España al menos, aunque nadie te eche cuentas, ni en falta, tú estás ahí, a lo árbol, pero entendiendo qué habla el paciente con el médico, entendiendo qué se dicen entre sí los diferentes médicos y enfermeros y, además, sabiendo por qué se ríen cuando lo hacen. Que parece que no, oye, pero la cosa cambia cuando eres un árbol en Eslovenia. Que no sabes ni por qué se ríen todos cuando estás ahí plantada en mitad del pasillo pasando el calorín con tus térmicos y la bata de manga larga, ni de qué pacientes hablan, ni qué le dicen al paciente de al lado para saber qué le pasa. Pero bueno, mala suerte se puede tener aquí y en Pekín, está vistoycomprobao.

Al encontrar a mi médico, me dijo, explorase a esa señora, que estaba en coma no sé sabía desde cuándo y estaban a la espera de un tac. Nunca había visto a alguien en coma, por lo que reconozco que me quedé un poco parada, no tenía la linternita para explorarle los ojos y, le dije al médico, que no sabía bien cómo hacerlo. Me dijo, mientras me dejaba su linterna, que para eso estaba yo allí, y se giró para leer cosas en su pantalla del ordenador. Así que ahí pasé gran parte de mi práctica, observando a la señora e intentando decirle cosas medio en español, medio en inglés, para ver si se despertaba. Pero nada, ella seguía en coma (del que salió minutos después, menos mal) y yo seguí con mi función de árbol.

Esa tarde me hice un amigo enfermero, con tatuajes y rapado, con el que estuve hablando de la situación económica, social y meteorológica de España, y de Eslovenia. Fue mi mejor amigo durante un rato. Pero tuvo que irse a dar la cena a los pacientes a eso de las cinco de la tarde (ya sabemos todos que las comidas en los hospitales tienen unos horarios quepaqué, más aún estando en países sguiris) con lo que tras darnos la mano y encantarnos de habernos conocido, me despedí de él. Acto tras el cual pedí una firmita a mi médico, y me marché.

Al día siguiente, me gustaría decir que salió el sol pero no, al día siguiente estuvo nevando bastante pero tomé la sàvia (i rebel) decisión de dejar los pantalones térmicos en casa y la verdad es que me topé con dos residentes que fueron muy apañaos, me explicaron cosas, vi pacientes que se habían caído por culpa del hielo, y no fui árbol ni arbusto, sino que estuve a gusto. Para que os hagáis una idea del calorín que hace en el hospital mientras que nieva afuera, he de decir que este día abandoné las prácticas cuando noté algo en mis dedos al meter las manos en el bolsillo de mi bata y era chocolate, chocolate derretido del bombón que la simpática enfermera al llegar me había regalado, y que ahora estaba manchando mi blanca bata.

Tras estar todo el día nevando, la despedida de Felix y los catalanes, en la ya conocida por vosotros queridos lectores, Gregor’s House, acabó siendo una noche en la que algunos de los allí presentes contribuimos (hablo en primera persona del plural porque ya que nombro el pecado considero oportuno no citar personalmente los pecadores en sí sino meternos a todos en el mismo saco)con nuestros ojos sin quererlo ni beberlo al aporte de sal para evitar la formación de hielo por la nevada caída.

Agridulces han sido estos días. Y he suspendido el examen.

Ya he dicho que escribo con tristeza y enfado, y mientras que la tristeza es por la despedida, el enfado bien se debe al examen. Pero creo que he escrito bastante por hoy, y la cosa no está demasiao interesante, así que mejor dejarlo para otra ocasión.

Hoy he hecho con MJ y Marianna el primer muñeco de nieve de mi vida. En cuestión de segundos ha llegado un simpático perro a destrozarlo y, entre risas, allí hemos dejado el cadáver de nuestro snowman, que al pobre no le ha dado tiempo a hacer nada en su corta vida.




Hoy, el día de mi primer muñeco de nieve. Hoy ha sido el día que más frio he pasado en Ljubljana. Coincidiendo, (no sé si casual o causalmente)… Más que en las casualidades, creo en las causalidades.


¡Buen viaje!


domingo, 1 de febrero de 2015

enbuscadelcopoperfecto.

El (primer) regalo de cumpleaños llegó por adelantado cuando el jueves salíamos del Cutty Sark y había una capa blanca recubriendo los suelos de esta ciudad. MJ y yo volvíamos a casa bajo lo que era la primera nevada de mi vida.

El despertador de MJ fue el primero en sonar a la mañana siguiente. Entreabrí un poco los ojillos y miré hacia la ventana a través de la cual se veía algo que parecía nieve pero no estaba muy segura, porque la ventana estaba empeñada y no lo podía ver con total claridad pero, mereció la pena el salto que di para salir de la cama (como cuando eres pequeño y hay excursión del cole, que sales de la cama del tirón sin necesidad ni si quiera de despertador) porque ¡¡estaba nevando… y mucho!!
El día de la gran nevada (que fue gran por cantidad y calidad (calidad nievil y emocionalmente hablando)) nos tocaba estudiar. Eso sí, fuimos a la biblioteca por el camino largo y más bonito. Todo estaba llenísimo de nieve, las aceras, los coches, los tejados, las sillas de los bares en las terrazas, todo, todos los encargados quitaban la nieve de las puertas de sus tiendas con grandes palas (¿tenemos palas de esas en Málaga?) y no paraba de nevar. Estuvo así el día entero; durante nuestros descansos en la biblioteca, mientras que comimos en el sitio gratis… guerras de bolas, nieve limpísima, nieve sucia…
Esa noche, era el cumpleaños de Pablo. Pero antes MJ y yo quedamos con Albert, Oriol y con Maja. No sé si os acordaréis de ella, pero es mi tutora, esa que los primeros días en Eslovenia nos consiguió un buen piso, que está en mi clase y hacía bastante tiempecillo que no la veíamos. A ella, aunque es de aquí, también le encanta la nieve. Me dijo, tras felicitarme por mi nuevo chaquetón (que mamá, me lo pongo todos los días) porque ella siempre me decía que con el anterior las iba a pasar canutas, que al día siguiente debía ir al Tivoli, que tenía que estar precioso.
Estuvimos celebrando el cumple de Pablo en el Irish Pub que, aunque no era jueves, siempre tiene a un genial camarero esperándote para ponerte alguna rica cerveza, disfrutamos y regalamos a Pablo una guía para el viajero que, espero, podamos usar (juntos, por supuesto)como regalo boomerang. :D



(De izda a dcha, yconelburrodelantepaquenosespante, yo, Gianmarco, Marina, Oriol, Pablo, Agáta, Félix, Cristina, MJ, Albert, Marco y Weronica.)
Así que a la mañana siguiente, ayer, hice caso a Maja y aprovechando el sol radiante y el azul cielo que lucía desde por la mañana, fui a darme un paseo al Tivoli (MJ casi se viene conmigo pero decidió quedarse en casa, hoy ya supe por qué).
Si de algo te das cuenta estando de Erasmus, es del paso del tiempo. Del paso del tiempo cronológico,y del meteorológico. Y cierto es que estés donde estés, y vivas donde vivas, no se detiene ni uno ni el otro, pero va a ser verdad, y qué cosas, que pasan ambos tiempos cogidos de la mano.

Cuando llegamos en septiembre, que aún era verano, las praderas de Tivoli estaban verdes a más no poder. En noviembre, viví lo que fue para mí el primer auténtico otoño de mi vida; sé que todos los noviembres han sido otoños, al igual que todos los eneros han sido invierno pero el otoño aquí fue amarillo, marrón, olía a otoño y sonaba a lo que debería sonar todo otoño: a hojas secas en todas partes. Así que en noviembre, esas praderas de Tivoli, aunque aún verdes, estaban cubiertas de un manto de hojas secas puramente otoñal y ayer... Ya estamos en invierno, y en enero-febrero, con lo que ello conlleva; cronológicamente, momento de algunas despedidas (¡Y reencuentros, Graciela, estamos deseando!)… pero atmosféricamente es, en Ljubljana, estos días, momento de nieve. Así que de ese manto de hojas secas ya no se sabe nada y ayer el Tivoli era un mar (¿un mar?) de nieve. Son días de luz (porque la nieve alumbra que te rilas), de no querer que pase el tiempo (ninguno de ellos), y de sonido invernal: el crujir de la nieve y el hielo en todas partes.

Pues eso, que esta semana tenemos exámenes y muchas clases y prácticas así que me había hecho a la idea de que mi regalo de cumpleaños, mi primer cumpleaños fuera de España, bien podría considerarse esta gran nevada. Pero no, hoy me he despertado con un año más, y MJ me ha recibido con un pastel para desayunar, así como con un super dibujo regalo que Richi me ha mandado (¡graciaaas múltiples!).
Y la cosa no ha quedado ahí; ya os he dicho que MJ ayer no se vino al Tivoli conmigo y es que, ¡tenía que hacer una misión! Hemos ido hoy a comer al mejicano (cambiar el comer gratis/por unleuroymedio por comer en el mejicano significa que hay fiestón) con Pablo, Marina, Ale, Marco y Marianna y, mientras estaba ahí, me han enseñado algo en la tablet de Marco: un video de felicitación de cumpleaños en que salían mis amigos de Tahivilla y Tarifa ¡¡y también los de aquí!! Así que con eso bajo el brazo, he pasao, entre (algunos) apuntes la tarde de mi cumpleaños. Y ahora vuelve a nevar.

Pues eso, hoy tengo que dar las gracias. Al tiempo (que hace) en Ljubljana (y al vivido en ella), a todos los colaboradores del regalazo (¡me ha encantao!), los amigos de allí y los que aquí he encontrado, y a ti, MJ (que eres de allí y de aquí).


Hvala!