Cuando hablo de erasmus-week me refiero a no aceptar un día sin plan. Increíble pero ciertamente, el jueves ninguno de nosotros presentaba síntomas gripales ni estábamos resfriados. Durante el día, clases y comida con Agáta y Felix haciendo uso del studentski boni (que aún ellos tienen) en algún sitio.
Y por la noche, listos para ir a Prulček. Prulček es un bar al que fuimos MJ y yo una vez en nuestras primeras semanas y al que no habíamos vuelto a ir. Este día, habría jazz en directo. Llovía, como cada día de los que Agáta pasó en Ljubljana, pero seguimos a Felix y llegamos sin demasiado problema al bar. Allí, nos encontramos con que el conciertillo de jazz más que de jazz era de flamenco; un chaval tocando el cajón y otro melenudo con rizos tocando la guitarra española. Además, tres muchachas las acompañaban a las palmas y una de ellas se lanzaba de vez en cuando a bailar flamenco. Allí estuvimos con el resto de peña Rožnil; Gianmarco, que como buen músico que es no se pierde una en cuanto a lo que múscia en directo se trata, y la pandilla de niñas: Karmen, una chuca croata, aparentemente tímida y calladita a la que más tarde enseñaría a bailar sevillanas con: “I pick the apple, I eat the apple, I throw the apple away” con la locura transitoria y gritos de emoción que en ella aparecieron; Derya, una chica turca de gigantes ojos oscuros; Margarita, una de las chicas polacas con las que subimos a Grintovec; y las dos Monikas: una de ellas, checa, rubia y alta, que estudia arquitectura y uno de cuyos objetivos es hacer fotos a las habitaciones de Rožna (todas en un principio iguales) para observar las diferentes formas de decorarlas por los estudiantes; y la otra Monika, una chica eslovena pero que vive en el edificio de los erasmus porque no obtuvo plaza en ningún otro, estudiante de geografía y amante del alpinismo, a quién recuerdo, conocí en el Irish festival en Domžale. Monika me hizo de traductora en aquel festival en Bežigrad al que fuimos hace unas semanas, pues las canciones todo el mundo las cantaba a muerte pero eran en esloveno y mi nivel aún, aún no es tan elevado… y Monika, morena de preciosa sonrisa, nos suministraría esa noche de sándwiches de queso en Rožna tras irnos del bar. Además allí, se nos unió Ania, una chica polaca de nuestra clase de la que nunca he hablado en pasodesopa pero de quién no podría parar si empezase; Ania es pura diversión.
Cuando acabó la música en directo, toda la pandilla, y aún bajo la lluvia, hicimos uso de las bicicletas de la ciudad y entre risa y risa, nos fuimos a pasar el post a los pasillos de Rožna, donde nos dedicamos a comer los ricos sándwiches de Monika, tocar la guitarra de Ale y hacer trencitas a las melenas de Gianmarco. Alguna que otra cama a compartir se nos ofreció esa noche en Rožna, pero decidimos Agáta y yo volver a casa.
Al día siguiente, bien podríamos haber tenido un cartel en la puerta de nuestro cuarto en el que pusiese: “hangover in progress” (Richard, ¿te suena de algo?).
Pero toda resaca es poca, todo cansancio es relativo y, como cada día, ese viernes también fui a clase. Y seguíamos todos con fuerzas para proseguir con nuestra erasmus-week. Fue viernes de cena italiana. Casa de Marco (al igual que él) siempre está ahí cuando se la necesita. Ese día también llovía, pero tras la última fiesta en Bežigrad, creo que nunca más nos echará la lluvia para atrás. Cenamos unos ricos macarrones al queso italiano, y movimos nuestro chiringuito a una Metelkova a la que hacía (demasiado) tiempo que no iba. Y es que Metelkova nunca decepciona.
Imaginad, queridos lectores (imagina sobre todo tú, Richard) entrar a un garito metelkovil (en concreto a mi favorito desde hace tiempo, Gromka) y estar escuchando Sonic Mix (sí, ese CD que el abuelo regaló a Migue en el ’95, el CD de dance noventero más machacón de aquellos tiempos en los que en casa sólo se escuchaba Vivaldi o Boquerinienvinagri). Imagina entrar al garito y esuchar:
Bailamos y sudamos en Gromka que dio gusto. Tras Marco pedir “freestyler” a la DJ y ésta contestarle que no la tenía, decidimos abandonar e irnos a casa. Aún quedaba parte de esta erasmus-week.
Tocaba sábado de Eurovisión. Uno de los comportamientos erasmus (quizás no sólo erasmus sino simplemente un comportamiento que surge cuando te rodeas de gente y más gente y de cuando te dedicas a intentar absorber todo tipo de conocimientos y experiencias) es el volverte ultrafan de algo sólo por el cachondeo que esto pueda acarrear; y ese día, tocaba ser fans incondicionales de Eurovisión. A pesar de que ese día mucha gente estaba marchándose a un supuesto festival de cerveza (¿a pesar? Ni que a mí me gustase el zumo de cebada, qué cosas, padre), nosotros nos reunimos alrededor de la pantalla del ordenador de Pablo en la 312. Marina, Pablo, Luz, Jorge, MJ y yo como representantes españoles; Weronika, Ania y Dawid (amigo de Ania, podríamos considerarles un pac con la excepción de que Ania es bastante mñas fiestera y Dawid más eurovisionero) como representación polaca; Gianmarco, que sin quererlo ni beberlo se halló en mitad del jaleo representando a Italia; Agáta, que representaba a una ausente República Checa y Felix, representación de Alemania y compañero mío de votos. Patatas fritas, palitos salados, eurovisión terminada y pocos votos acertados, terminamos escuchando Los Rebujitos y tocando la guitarra en la cocina.
Y esa era la última noche de Agáta en Ljubljama, por lo que esa noche en Rožna cayeron algunas lagrimillas. Cuando partió en la estación de autobuses en la mañana del domingo, estaba más dormida que otra cosa, cosa que ayudó a que la tristeza no surgiese y la despedida fuese más fácil. Nos dejó el Rakija y bastante chocolate.
Felix se iría esa misma noche. Durante el día, él había quedado con alguien, por lo que era ya por la tarde cuando quedamos con él para tomarnos algo en el Cutty Sark y esperar juntos en nuestra casa a que llegase su hora de marcharse.
Las ganas de reencontrarme con Felix antes de que viniese a visitarnos eran bastantes. Pero las que me dejó por hacerlo otra vez una vez nos despedimos son mucho mayores. Estos días con él han sido geniales; hemos reído hasta hacer que las agujetas del Grintovec lograsen el título de agujetas de la risa.
Hoy es ya miércoles, y llevamos un par de días estudiando de bibliotequeo. Ahora mismo estamos dando cardiología. Ayer volvía a llover, y anoche volvíamos a ir a Prulček, esta vez de Jam Session. En fin, que dejo de escribir ya, que creo que no cuela que esté tomando tantas notas seguidas. El colega que ha estado una semana acampado en nuestra urbanización con una tienda de campaña hoy se ha marchado. Hoy ya no llueve, y toca estudiar. Esto se está acabando… y los días pasan más rápido que nunca. Me entra de todo por el cuerpo. La semana que viene comenzarán las despedidas. Los Juegos de Mayo se fueron, y aún queda mucho por llegar. Hay mucho aún que quiero conocer. Las uñas de Grintovec ya no me hacen daño. La araña del cuarto de baño ha desaparecido y las palomas se empeñan en anidar en la ventana. Aún sigo decorando mi pared, aunque temo el día en que tenga que empezar a quitar las cosas.
Sean felices, queridos lectores.


.jpg)
.jpg)
