viernes, 27 de marzo de 2015

Czech it.

Después de haber hecho mi examen de Gastrointestinal Tract, un examen un tanto especial y con un profesor a lo Garfunkel muy simpático, nos fuimos a celebrar que comenzaban unas cuantas semanas de vacaciones. (Tengamos en cuenta que el hecho de que existan VACACIONES mientras que una está de erasmus es, cuanto menos, curioso.) Mientras lo celebrábamos en una terraza al sol como si en España nos encontrásemos, Matej me escribió un mensaje, diciéndome que finalmente saldríamos una hora más tarde de la hora acordada.

Matej era mi contacto para ir desde Ljubljana hasta Brno; un muchacho rubio, alto, de ojos azules y sonriente que, además de llevarme a mí, llevaría a otros dos chavales hacia Graz y Praga. Así que allí estuve a tiempo, después de haber celebrado nuestro seguramente-esperemos-aprobado examen y tras haber comido en un brasileño, cuando apareció Matej.

En el asiento de delante se sentó el chaval que iba hacia Praga, mientras que atrás se sentó el de Graz conmigo. Al principio todos empezaron a hablar en esloveno entre ellos, por lo que lógicamente di por perdido el viaje. Y más por perdido aún lo di cuanto el copiloto se puso sus propios auriculares para escuchar música y el chaval que iba detrás conmigo se quedó dormido y empezó a roncar. Por lo demás, el camino se me hizo ameno. Dormí hasta que desperté en una carretera por la que tuve una super especie de déjà vu. Era una carretera en línea recta, con campos a los lados, repletos de molinos cuyas luces parpadeaban igual que lo hacen los molinos que hay a los lados de la carretera que va de Facinas a Tahivilla. Había incluso un pueblo, y por un momento creí estar llegando a Tahivilla. Pero no. Al cabo de un rato estaba en la estación de trenes volviendo a abrazar a Agáta después de un mes sin hacerlo.

Allí ya estaba Weronika, la chica polaca con la que yo había organizado el viaje, que había estado visitando Viena el día previo y por eso no viajamos juntas hasta allí. Un viernes hace unas semanas, estando de fiesta en Metelkova, entre baile y baile le pregunté a Weronika que si se quería ir de viaje conmigo. Su contestación fue: “of course!”

Y días después, ahí estábamos, bebiendo cerveza checa y comiendo queso español en casa de Agáta, quién sería nuestra guía durante el turismo en la ciudad de Brno.

Si ya yendo hacia allí me había sentido casi como en casa debido a la semejanza del camino con el de Tahivilla, aún más acogida me sentí cuando sentí el viento que soplaba en la ciudad. Además, Agáta, que asiste a múltiples clases de español y habla (poco, porque le da vergüenza, pero algo he logrado sacarle) con un acento muy gracioso, está planeando ir este verano a España con unas amigas, y tenía en casa múltiples guías y mapas, en checo, más bien del año catapún, y en uno de los cuales ¡¡aparecía Tahivilla!! por lo que aún me sentí más cerca de mi sur.

En cuanto a Brno, me encantó. Me he dado cuenta con la existencia de pasodesopa, de que se me da muy mal describir ciudades. O describir cosas en general. Me quedo con impresiones generales, pero no sé después muy bien explicar cómo es la ciudad. Brno es la segunda ciudad más grande de la República Checa, y es muy bonita. Es la ciudad a la que originariamente queríamos MJ y yo (más MJ que yo, yo no tenía ni idea a decir verdad) irnos de Erasmus. Habíamos escuchado que había mucho ambiente universitario y, en efecto así es. Hay mucha gente por las calles (supongo que influyó que brillaba un espléndido sol) y sobre todo mucho estudiante. Visitamos el castillo, la catedral, las calles del centro todas transitadas por mucho tranvía, comimos una carne típica checa con un huevo cocido en su interior, bebimos alguna cerveza típica (sólo catarla, váyase a creer usted señor Padre mío), nos comimos un helado por la calle y nos fuimos a la estación de autobuses donde pondríamos rumbo a Praga, la capital.

Nuestro autobús era uno de los múltiples autobuses amarillos (que me pregunto yo si sabrán de la existencia de Los Amarillos) que había esperando en la estación. Agáta nos había contado previamente que en el autobús que nos llevaría a Praga podríamos tomar free coffee. Así que mi excitación pre-autobús amarillo estaba por las nubes. Más aún subió cuando descubrimos que en cada asiento había una pantallita en la que podíamos o ver una película, o escuchar música, o ver en el mapa por dónde íbamos o, mejor aún, jugar a millones de juegos en los cuales me hice una total experta. Así, jugando al volleyplaya, al solitario o al pingpong, bebiendo cafelito gratis y apoderándonos de los asientos de la última fila, se pasó el viaje hasta la capital de la República Checa.

Gracias a la orientación de Agáta, llegamos (yo me dejé llevar más bien) a nuestro hostal, céntrico, en el que pagaríamos menos de 4 euros por noche. Esa noche nos encontraríamos con Vojta, que vive en Praga, junto a la estatua de San Wenceslao. Allí estaba esperándonos, con una inmensa sonrisa y preparado para guiarnos por sus bares favoritos de Praga. Queridos lectores, para aquellos que no le conocéis, Vojta es de esos en los que confías cien por cien si de lo que se trata es de bares. Así fue; estuvimos en un bar precioso donde las cervezas llegaban a nosotros a través de un trenecito que recorría el bar entero, se paraba al lado de tu mesa y te permitía así mismo poner los vasos vacíos una vez acabadas.

La noche prosiguió con algún que otro bar más e incluso hicimos turismo nocturno. Subimos a una colina en la que hay un metrónomo gigantesco y paseamos por el solitario Charles Bridge. Por la noche, Praga está súper bien iluminada. Algunos de los edificios que vi tanto por la noche como durante el día, me gustaron incluso más de noche. Pero sobretodo, Praga gusta de noche porque hay mucha menos gente por las calles.

A la mañana siguiente, Agáta, Weronika y yo debíamos estar a las 11 en la Old Town Square para hacer una ruta guiada for free por la ciudad. Eso de que las rutas son “for free”, es relativo. Al principio, no tenía ni idea, y en nuestro free tour, MJ y yo en Zagreb no le dimos ni un mísero céntimo a la simpática chavala pero, luego en Budapest aprendimos, y al free tour se acude con algo de dinero en la cartera.

Lo que empezó con risas y optimismo, acabó con unas intensas ganas de que el free tour acabase y de que ese maldito guía que nos guió por la ciudad callase de una vez. Hablaba sin parar, hablaba sin sentido, si no sabía una palabra simplemente no la decía, sólo decía, con cada edificio que veíamos, que ese era el más bonito del mundo de ese estilo arquitectónico y cosas por el estilo. Afortunadamente, Weronika, que estudia historia del arte, pudo hacerle callar un par de veces. Terminamos prácticamente odiándole y, para colmo, ¡tuvimos que pagarle! Le dimos un eurillo y nos fuimos a investigar por la ciudad por nuestra cuenta y con Vojta, que nos haría de guía y sería, indudablemente, el mejor guía que pudiese existir en el mundo entero.

(De derecha a izquierda Vojta, Agáta, Weronika, yo.)

El punto negativo de mi visita a Praga es la cantidad de turistas que había; muchísima gente en todas partes, gente que visitaba la ciudad en grandes grupos y en pequeños, europeos, asiáticos, gente de todas las edades haciendo turismo por la ciudad. Pero, el punto positivo es todo lo demás. La ciudad en sí es preciosa. Tiene edificios preciosos. Calles preciosas. Toda está llena de suelos empedrados, iglesias muy bonitas y todo muy ambientado por la próxima llegada de la semana santa. Me imaginaba a una Praga gris y me he topado con una Praga colorida, con muchos músicos callejeros de esos que tocan que te rilas y mucha vida en toda la ciudad. Fuimos al castillo, a la catedral, nos subimos a la hermana pequeña de la Torre Eiffel, que está allí, desde donde se veía toda la ciudad, cogimos tranvías sin pagar, anduvimos, anduvimos y anduvimos más.

Y esa noche conocimos a Tomáš, un amigo de Vojta a quién nos definió antes de conocerle como “el tio más rubio del mundo” en un concierto de rock&roll-country. Tomáš era o muy muy rubio, o albino, no sé, pero Vojta clavó la definición. Tomáš reía y reía sin parar, y bebía cerveza a un ritmo al que yo no podría ni agua beber. Pequeñillo, flacucho, como sin sitio en su cuerpo donde albergar tal cantidad de líquido. Pero genial. Después de ese conciertillo estuvimos en un par de bares y finalmente, nos fuimos a dormir.

Nuestra última mañana en Praga la pasamos las tres haciendo algo más de turismo y, en contra de las previsiones, ni si quiera la lluvia nos pilló. No he hablado del reloj astronómico que hay en la Old Town Square, pero está guapísimo. Tiene muchísimos detalles que no sabría bien describir pero, a las horas en punto, comienzan a moverse todo el conjunto ajetreado de apóstoles y más cosas y todo el mundo se agolpa a sus pies para ver el espectáculo. He de decir que nosotras, en un par de intentos fallidos por pillar el reloj a las en punto, terminamos viendo cómo es por internet.

Y así se acababa nuestra aventura en Praga, con una espera casi de dos horas a Allen, el chaval que nos traería de vuelta a casa, y un viaje más largo de la cuenta porque paraba el tío cada dos por tres a fumar y/o mear, que las próstatas están chungas parece ser. Y a las cuatro de la mañana llegué a casa.
Ha sido un viaje genial con una compañía genial. He aprendido que las tildes en checo significa que hay que alargar la letra a lo Agáta= Agaaata, he aprendido también que las G en checho se convierten en H, a lo Praga= Praha y, sobre todo, he aprendido que SÍ se dice ANO.

Además, he aprendido que los problemas del mundo exterior (oséase lo escuchado en las noticias en concreto estos días, y siempre en general) se relativizan mucho cuando una está fuera; se relativizan cuando una no escucha la televisión de casa y, en parte, se agradece. No significa que no esté enterada de lo que está pasando, o que estemos aquí como en una pompa pero, significa que una se informa y no hace falta empaparse de todo lo malo. Que hay que elegir de qué empaparse.

He aprendido o quizás más bien comprendido la esencia de algunas amistades que casi sin avisar llegan, se instalan y se quedan ahí, y te hacen sentir tal felicidad. El reencontrarme con Vojta y con Agáta, allí, el reencontrarnos y sólo reír y disfrutar. Que pensé hace un mes que tardaría tanto en volver a verlos y casi sin darme cuenta ahí estábamos, reencontrándonos y volviendo a decirnos adiós.  Me he sentido inmensamente feliz de volverlos a ver. Ha sido genial.



jueves, 12 de marzo de 2015

ácarus.

(Me he despertado esta mañana con una increíble inspiración para escribir un relato, todo debido al sueño que durante esta noche he tenido, y que, aprovechando que podría ser una historia de pasodesopa más si hubiese sido real, aquí abajo escribo.)

De cómo casi acabo en el calabozo por una prueba de la alergia no os he hablado. 



Me desperté esa mañana en Ljubljana, como viene siendo habitual desde hace unos meses y, ese mismo día M se despertaba en Antalya, Turquía. Hace un par de semanas, M se fue a Turquía por asuntos sectarios. No entraré más en ese tema debido a que todo lo que conlleva hablar de sectas acarrea asuntos tenebrosos, oscuros, sombríos. Además, M es una de las jefecillas así que, debo escribir con cautela pues, todo lo que conlleva hablar de asuntos tenebrosos, oscuros, sombríos, acarrea… No sé lo que acarrea, pero dejémoslo en que M se fue hace un par de semanas con IFMSA, la International Federation of Medical Students' Associations, con cuyo nombre podréis imaginar que lo de tenebroso, sombrío, oscuro, sectario, es relativo y quizás lo he escrito siendo invadida por un poco de envidia. 


La cosa es que esa mañana que M se despertaba en Antalya, debía tener clase de alergology en Ljubjana (donde, casualmente, me desperté yo) a las ocho de la mañana. Antes de marcharse, M estuvo dudando si hacer saber a los profesores de las asignaturas a las que faltaría que no podría asistir a sus clases durante los días que en Turquía estuviese o no. Si se lo comunicaba, ellos serían conscientes en todo momento de su ausencia y, quién sabe, quizás a la vuelta debería recuperar las clases perdidas mientras que si no se lo decía, quizás ni se llegasen a dar cuenta.

Un par de días antes a esta mañana que relatando me hallo, recibí unos whatsapps de M en los que decía algo así como: “C, tengo un problema, y el problema se llama alergology”. En la asignatura de alergology hay dos alumnos. F, un italiano de Padova y M, que esa mañana amanecía en Turquía. 

De forma paralela, justo el día antes de que M marchase, casualidades o causalidades de la vida, me empezó a picar el brazo, la espaldaculil y la oreja (M, seguro que te acuerdas). Llegamos a la conclusión de que después de haber estado durmiendo hasta cinco personas en nuestro cuarto con tanta visita, quizás había algún pequeño monstruito formándose en algún lugar entre alguna de mis sábanas o a saber dónde. Este dato habría sido insulso e insignificante si no fuese porque, desde ese día, prácticamente todos he vuelto a tener una especie de picazón, quizás achacable al monstruíto que aún no he encontrado, quizás a los ácaros (ácarus o mites) a los cuales soy alérgica, o quizás achacable al hipo o no hipo a cuya progresiva desaparición estoy siendo testigo últimamente.

Y claro, el día de la clase de alergología de M, quién estaba en Antalya, yo, que estaba en Ljubljana también tuve picores. Queridos lectores, vayamos al grano, que me voy por las ramas y de rama en rama puede una ardilla cruzar España pero nunca llegamos a donde quiero llegar; ese día, fui M por unas horas. 

La cosa no habría tenido chiste de haber ido a una clase multitudinaria o simplemente a la típica clase erasmus con menos de veinte personas (pero más de dos) presentes a firmar por ella, qué sé yo, no habría tenido chiste. La cosa era mucho más excitante si se trataba de ir, sólo con F, ante una doctora con la que ya antes habían estado ambos dos una vez y, ¡más aún! si de paso me cruzaba con el profesor principal de la asignatura. 

Pues eso, que no estoy muy segura pero creo que la suplantación de la identidad puede que sea incluso un delito, no sé yo. Espero que esto no sea leído por nadie aparte de vosotros, queridos lectores, y ya está. 

Esa mañana, que amanecí en Ljubljana mientras que M amanecía en Antalya, fui a mi clase de alergology, donde me encontré con F, quién me guió hasta la puerta que, ya sí como M S, procedí a cruzar. Ese día me hice un moño (habéis de saber, fieles lectores, que M siempre lleva un despeinado pero a su vez muy bien hecho moño, despeinado de esos que no consigues siendo yo ni estando diez minutos enfrente del espejo) y me puse las gafas. M, miope a veces usa gafas de estas hipsters-grandes y, pensé, aunque las mías son de las pequeñas e hipermétropes, poniendo un cristal de por medio, como mínimo me sentiría más segura. Y tan segura, que nada más llegar le pregunté al profesor responsable de la asignatura que si podía marcharme ese día un poco antes de las prácticas (que no eran clases, sino prácticas en la consulta de alergología), así sin ni si quiera esperar a (volver a) ver a mi doctora. A partir de ahí, todo fue rodado.

La doctora, sentada a un metro de nosotras, nos preguntó que si nos habíamos estudiado lo que (habíamos quedado en que) debíamos estudiarnos para ese día. Afortunadamente (si me lo hubiese advertido mis nervios habrían sido mayores de la cuenta) yo no sabía nada de eso, así que, le dije, había estado muy liada últimamente. En un momento dado, F salió de la consulta y me dejó a mí, C-BoMSounamezcladeambasquizás, a SOLAS con la doctora, que, para hacerse algo más amiga mía, no me preguntó acerca de alérgenos o distintos tipos de autoinmunidades sino que, me preguntó amablemente que si teníamos examen de esa asignatura. Desafortunadamente M no me había facilitado datos de ningún tipo (las únicas instrucciones con las que yo iba a mi clase de alergology eran: “si te dice que no eres M, tu le dices que sí”) por lo que, frotándome continuamente la cabeza y rascándome de vez en cuando alguna parte de mi cuerpo debido a mi aún presente urticaria, y asemejando un gran grado de empanamiento, procedí a decirle que no no sabía. Estoy últimamente un poco perdida… me he cogido demasiadas asignaturas a la vez, tengo algunas en España también, y ni si quiera sé en cuáles tengo examen y en cuáles no. 

Lo siento, M, pero mi falta de información te hizo quedar como empanada máxima, más aún si añadimos que me preguntó la doctora, “bueno… la otra vez, F, tú me dijiste que ya habías dado inmunología pero tú,…¿ tú me dijiste que no?” a lo que claro, yo sin saber, contesté “mmm sólo un poco. Necesito refrescar mis conocimientos” Y así se pasó la mañana, con la doctora haciendo referencia a cosas que yo le había dicho la anterior vez que nos habíamos conocido, haciéndonos saber que los ácaros en inglés se llaman mites o, como tú dijiste la anterior vez, M, ácarus. Y así finalizó, con una M en Antalya y yo en alergology hablando de ácaros, tratando de evitar rascarme pues, según tenía entendido, M ya se había hecho en las prácticas de alergology las pruebas de la alergia y yo, desinformada, ni si quiera sabía a qué era alérgica ella. A qué yo. 

Así que mi mayor temor era que mi doctora me pillase,

me preguntase acerca de mis alergias o, 

peor aún, 

procediese a… 

repetirme el test. Y descubriese que… no salían los mismos resultados que la otra vez.

Pues eso. Ya os he hablado de cómo casi acabo en el calabozo por una prueba de la alergia.




viernes, 6 de marzo de 2015

visitas. (2)

Desperté de aquel profundo sueño al escuchar las voces de MJ, Marina y Ale, que acababan de llegar a casa. Me encontraba en un estado de somnolencia, obnubilación y desorientación tal que cuando apareció Ricardo por la puerta, no supe muy bien si aún seguía soñando o qué estaba pasando. Tardé unos minutos en darme cuenta de que sí, estaba ahí, y esa buena que, queridos lectores, habréis imaginado que se avecinaba… llegó.

Resultó que todos aquellos de los que había sospechado durante los previos días, (todos o casi todos, que Graciela empezó siendo compinche y acabó formando parte de mi equipo ante elnosabernadadelallegadaRicardil) eran cómplices de su visita sorpresa. Hasta Jurij estaba incluído en el pack. La cosa, que ya de por sí lo era bastante, se acababa de poner aún más emocionante.

Esa primera tarde, estuvimos Marina y yo haciendo la primera ronda de turismo Liublianil con Richard, que al acabar ese día ya sabía (casi) más esloveno que yo y tenía un (casi) total control de las calles de esta gran ciudad. Casi, porque aún le quedaba visitar la parte más importante de Ljubljana: Bezigrad.

Esa noche salimos a por todas y sin saber si Ljubljana ardería o no. En el Irish Pub estuvimos con Marco y algunas españolas, Rita, Paula, Luz y, por supuesto, con una chica de pelo azul que Ricardo recordará, que nos echó una foto. Allí bailamos y bebimos alguna que otra rica cerveza al ritmo de las canciones de Bog Bards, el grupo que suele tocar en el pub, que llevan faldas irlandesas sinnadadebajo,queestávistoycomprobado, y quienes acabaron regalándole a Richard un CD de sus canciones. CD que mihermanoquerido (no sé si se vio obligado o no) terminó por regalarme. :D Tras esto, hicimos noche erasmus en Compañeros, que es una discoteca donde hacen muchas fiestas erasmus y a la que yo personalmente no iba desde que empezó el curso. Finalmente, Ljubljana no ardió pero casi. Algunos terminaron comiendo una pizza increíbleme barata en la calle, otras comiendo sobrasada en casa.


Esa noche dormimos los 5 en nuestro cuarto. Al día siguiente, y aunque era el primer día que Richard amanecía en Ljubljana, tocaban despedidas. Estuvimos haciendo turismo metelkovil y cogiendo algunos mapas en la oficina de turismo cual buenos guiris y comprando típicos imanes y, tras una gran semana aquí, tocaba decirles adiós a Graciela y Celia. He de reconocer, ahora puedo decirlo tranquilamente, que a principios de curso no estaba yo muy convencida de que las visitas fueran a llegar algún día. No soy muy optimista en ese tipo de cosas pero oye, aquí que llegaron y ahí que estuvimos diciéndoles adiós. Gracias (Gracia :P), fue una semana genial, llena de risas y disfrute, y me alegro de que ambas sigáis con ganas de iros de erasmus (creo y espero), porque sin duda alguna el año que viene seremos nosotras quienes os visiten. 


Tras decirles a ellas adiós, esa noche quedé con Agáta, que se iba al día siguiente para casa, la República Checa. Agáta llevaba una semanilla despidiéndose de la gente en concreto y de Ljubljana en general. Esa noche, sus ojos brillaban y estaban rojillos, supongo que de tanto adiós acumulado y, tras la cerveza de turno y varias risas, tocó decirle adiós en un inglés más chapucero de la cuenta (en las despedidas también se da cuenta una de lo necesario que puede ser a veces saber algo más de inglés) y quedamos en vernos pronto. Esa noche, lo reconozco, cayó alguna que otra lagrimilla.


Pero las lagrimillas desaparecieron al despertar y ver que el que estaba ahí en el sofá cama de al lado era Richard, con su camiseta de Uno no puede simular la libertad y con ganas de patearse (más) Ljubljana y sus alrededores. 
El resto de días que estuvo de visita aquí, fueron días de más turismo y más fiesta. He de pedir algún tipo de disculpas al lector o a mí misma, no sé muy bien, porque he vuelto a tardar mucho en poner por escrito lo sucedido y mi mente me traiciona y desordena las cosas y no me muestra ahora mismo todo de lo que (estoy segura) me acuerdo. Así que bueno, hicimos la obligada visita al lago Bled, el cual rodeamos entero, que estaba cubierto por un poco de neblina y chispeaba continuamente, y comimos bajo unas piedras (sí, bajo las piedras para refugiarnos de la lluvia) unos sándwiches que nos habíamos comprado para ahorrar algo de dinero, y hasta entramos en la iglesia de Bled, donde Ricardo casi se pone a contarme chistes, si no hubiese sido porque entramos estrictamente para relajarnos y tratar de encontrar la paz.

El día antes de ir a Bled, fuimos a las cuevas de Škocjan, para lo cual cogimos un autobús a Divača, autobús que abandonó a una Ljubljana nublada y pasó por unas carreterillas por donde nevaba, y nos dejó en ese pueblecillo, desde el cual debíamos llegar andando a las cuevas por algunos caminos montañosos y otros pueblerinos, con encuentros de todo tipo; pasos por debajo de la autovía, perros, abejas. Bueno, de todo tipo menos humano, que parecía que éramos los primeros en recorrer aquella bonita senda. Pero finalmente llegamos al lugar de las cuevas, donde ya sí que sí había guiris, así que pudimos sentirnos unos turistas más y proceder a la visita de las espectaculares cuevas de las cuales contaré poco puesto que, PadreYMadre, estoy planeando visitarlas con vosotros. Ya en noviembre MJ y yo habíamos visitado las cuevas de Postojna, que son las más conocidas y las más visitadas pero desde aquí hago un llamamiento a aquellos futuros visitantes de este genial país para que acudan a estas de Škocjan, más baratas, bonitas, menos explotadas para los turistas y recorrido más largo ymásmejón. En las de Postojna, queridoslectores, se enamorarán ustedes de la guía y en estas del guía. Yo, adecirverdad, de ambos menamoré. Tienen los arqueólogos o lo que quiera que sean algo parecido a lo que tienen los montañistas y los escaladores. Un no sé qué, que qué sé yo, pero que mencanta.

A propósito, los días siguientes en Ljubljana los aprovechamos para seguir de paseo y tranquileo, salir un poco por metelkova y comer por ahí, y llegó elguapodeDavide, un amigo italiano de Marco. No sé si se acordarán, queridos lectores, del guapodeAndreas, ese alemán con el que fui a Padova y al que nunca mais volví a ver. Bueno, pues forma parte del pasado. Con elguapodeDavide (que así como dato aleatorio, por lo que me han contado, es escaladoropiedroro cuyo no sé qué que qué sé yo pueda acarrear) también estuvimos en el Irish, donde esta vez no bailamos pero aprovechamos para escuchar al camarero tocar la guitarra y la menda quedó con él para hacer una actuación en la que él tocaría la guitarra mientras yo tocaría el triángulo, y volvimos a ir a Compañeros, donde bailamos MJ y yo como si no hubiera un mañana y Ricardo quedó en manos (o los demás en sus manos, que aquí todo es muy relativo) de Pablo y Giada, entre otros.

El momento de que Richard se fuese se acercaba y la tristeza poco a poco nos inundaba; además de su visita a Zagreb y encontrar todos los planetas en la ciudad escondidos, se fue a Bezigrad, esa zona innombrable de Ljubljana, el Bronx de esta ciudad, donde todo lo que pasa queda allí, y fue visto como un loco/¿héroequizás? por aquellos que no nos atrevemos a cruzar al más allá. Subimos al castillo con Davide a lo cual Richard decidió renegar pues ya había subido y él encontró otros planes como tomar café con Rita y Paula.

El momento llegó, y tras pasar la noche en ROG, dijimos adiós a Ricardo, quién se despidió de nosotras mostrándonos el deseo de volver, y acabando con mis cereales. (Este dato de los cereales parecerá inoportuno/innecesario pero queridos lectores, es que he encontrado en Ljubljana los mejores cereales probablemente de toda la faz de la tierra, y Ricardo también lo sabe.)

Así que así acabó la segunda semana de visitas, con un cuarto más vacío de la cuenta.