viernes, 19 de diciembre de 2014

biodramina.

Escribo esto desde el aeropuerto de Milán, son las 4.32 de la mañana y me he pegado un sueñecín en el goOpti hasta aquí que te rilas. 

La primera mitad del viaje me la he pasado hablando con Belén, una chavala de Granada que hace dos años estuvo de erasmus en Ljubljana y que, por motivos amorosos, este año vuelve a estar de beca aquí y ahora vuelve por navidad a España con su novio esloveno.

La segunda mitad, ha sido sobar y sobar.

Los últimos días por Ljubljana han sido días de luces de navidad, paseos y más paseos por los puestecillos navideños, algo de turismo puesto que han estado aquí unos amigos de MJ, metelkova y cenas de despedida. 

Académicamente hablando, Urinary Tract ya forma parte del pasado y, como buena estudiante (porque estudiar hemos estudiado) erasmus (porque bien nos lo hemos pasado) me planto en navidades con mis cuatro asignaturas aprobadas. Estas van a ser mia primeras vacaciones libres desde hacía años (¡poco se habla de estas vacaciones!).

Pues eso. Unos días antes de nuestro Urinary exam, fuimos a metelkovear un rato, y conocimos a Jelly Belly. Jelly Belly es un grupo de rock que cantaba esa noche en un garito de metelkova y que, al día siguiente seguirían su gira por Eslovenia y que, aunque cantasen en inglés, eran españoles. Estuvimos como fans number one escuchándoles (cantabanmubien) y la noche terminó con una profunda amistad entre ellos y nosotros, entre ese bajista gaditano que decía, iría a tocar a Tarifa y me avisaría, y los demás, que casi casi convencen a MJ para que al día siguiente se fuese de gira con ellos. 

Estas son las cosas que pasan en Metelkova... sales de casa, que está a cinco minutillos, y nunca sabes con qué historias volverás. 

El día que hicimos el examen quedamos con Jurij y Nejc (ojo al dato, cuidao, que llevando más de dos meses viviendo con él y habiéndolevistocasimásvecesencalzoncillosquedeotraforma, descubrimos que no se llamaba Nate sino Nejc) para hacer una cena en la que MJ y yo (siendo, como pp dice, MJ la master chef y yo la pinche) cocinaríamos. El menú consistió en una typical spanish tortilla de patatas (que de principiantes ya casi casi podríamos considerarla especialidad de la casa), unos typical mejicanos nachos con guacamole, y jamón serrano. El explicarle durante días a Jurij en qué consistía la tortilla de patatas no fue tarea fácil; vale, huevos, patata. Pero... ¿no le echáis nada más? ¿carne? ¿alubias? No sé qué se imaginaría, pero afortunadamente dijo, fue mucho mejor de lo que había pensado. Ahora bien, estos guiris se veía que no sabían lo que comían. Ver cómo le echaban chili picante al jamón serrano que los padres de MJ le habían mandado no tuvo precio. Ahora eso sí, entre ese chili y el que le echaban de más al guacamole, entrar al cuarto de baño al día siguiente fue una actividad complicada. 

Esa noche, también acabamos en Metelkova, donde nos unimos a Pablo y Ale, y una peña eslovena bastante emporrada (incluyendo a Tim, un colega de Jurij que me da a mi que va a dar de qué hablar) en un conciertillo en directo bastante psikodeliko.

Al día siguiente, Pablo y yo fuimos al concierto de navidad de la facultad de medicina, donde tocaba Félix, el chaval alemán con el que estuve en Padova. Félix toca el saxofón que da gusto; Felix (al igual que el otro alemán, el guapitodeAndreasdelquenuncasupemás), tiene el ritmo en el cuerpo; puede estar sentado en cualquier lado, que si empieza a sonar música ahí está el moviendo sus piernas y sus caderas como pa echarse a bailar en cualquier momento. Tras el concierto, fuimos con él, Albert y Oriol (los catalanes de nuestra clase), Ágata (una chavala de la República Checa muy perita que aprendió a hablar español en el colegio), y con algunos italianos y españoles a tomar un aquarius por ahí. 

Ese día no acabamos en metelkova; llovía, así que volvimos bajo nuestros paraguas (ya roto el mio) donde MJ y yo no ya piso, ni cuarto, sino cama compartimos, puesto que estaban en casa sus dos amigos. 

Amanecimos (creo que esto ya fue ayer, no estoy muy segura, ya os dije que el tiempo aquí pasa más rápido de lo que debería y a veces le pierdo un poco la pista), y estuvimos en el parque Tivoli, que ahora ya ha perdido los colores de los árboles otoñales y están más bien pelaos, y subimos al castillo. Ayer la cena, (ya sí que sí ¿la última? ) tocaba en casa. Nosotras hicimos croquetas, cosa la cual no fue nada fácil; nos salió un plato con croquetas... y otro con una masa croquetil que oye, mala mala no estaba. Jurij y Nejc invitaron a casa a algunos amigos (entre ellos a Tim, este hippie ex estudiante de filosofía que acabó la noche diciendo que nuestro cuarto, nosémubienporqué, le parecía metelkova), y vinieron Marco (nuestro amigo italiano casi siempre acompañado de su guitarra, esta vez también aportando una flauta comoperuananosécómosellamará y una flauta, ojoaldato, que se tocaba con la nariz), Miro el macedonio, Pablo, Ale y Marina. Comimos cocretas, guacamole y bureks como si no hubiera un mañana (¿lo había?), y de postre, esteJurijmásapañaoquená cocinó unos creps con nutella que fueron pa rilarse.

Por supuesto, La Flaca no faltó en Resljeva 29. Y como era de esperar, Metelkova nos recibió una vez más. Estaban todos los bares cerrados, pero ahí nos sentamos, en unos bancos en la puerta del Jala Hala a tomar el fresco, a charlar y aprender palabrotas en esloveno. 

Hoy (¿hoy? no sé si ya debería decir ayer, son las 5.22 ya), ha sido día largo. MJ se fue pa España por la mañana, así que estuvimos despidiéndonos de ella en la estación, hicimos uso de nuestro studenskiboni, y Pablo, Ale, Marina y yo nos echamos una señora siesta en mi casa. Tras esto, he hecho todas las comprasregalitos que no había hecho hasta entonces, me he imprimido el billete del avión (ahí, el último día, pa darle tensión a la cosa) y, así como quien no quiere la cosa, Marina y yo nos hemos zampao un risotto que Jurij había preparado especialmente para decirnos adiós y, decía, era bueno porque me quedaría bastante llena para mi largo viaje. Y así, trasquererlocamenteaJurij, me he despedido de Marina en la estación, y he puesto rumbo p'acá. 

En España me esperan dos semanas que, espero, no pasen demasiao rápido. Tengo muchas ganas de veros, comer unas patatitas bravas, cambiar el paisaje de los Alpes por el del Estrecho, y tomar el sol. Pienso guardarme mucho sol en algún bote, no sé cómo, ya me las apañaré, y ya veré si comparto o no.

Pues eso, que ya mismo me tomo la biodramina que a mi esto de volar me da un no sé qué que qué sé yo. 

Ciao, bella.

jueves, 11 de diciembre de 2014

vaho.

De vez en cuando uno se enamora, y vosotros, queridos lectores fieles de pasodesopa, bien sabéis que soy bastante enamoradiza. Este fin de semana le ha tocado a Budapest. Antes de comenzar mi Erasmus, apenas había oído hablar de Budapest; bastante con saber que era la capital (cosa de la que me cercioré el día que MJ y yo ya íbamos hacia allá) de Hungría. Pero al llegar a Eslovenia, todo el mundo hablaba de esta ciudad. Al hablar con mi madre, resulta que ella siempre ha querido ir a Budapest… Así que, estando aquí, se nos presentó la oportunidad a MJ y a mí de ir con Pablo, nuestro amigo de Valladolid, que iba a visitar a un amigo suyo que está de Erasmus (bendito Erasmus) allí, y con María Luisa, una amiga de MJ de Almería que estudia piano en Graz (Alemania), también de Erasmus (¿he dicho ya lo del bendito…?). Y allí que pusimos rumbo. 

El viernes MJ y yo partimos rumbo Budapest tras casi perder el autobús y con un bocadillo comprado de última hora en el Mlinar (typical tienda eslovena en la que te venden bocadillos, pasteles o café) que, por supuesto, tenía pepinillo escondido entre el jamón serrano y el queso que sobresalían. Estos eslovenos les ponen pepinillo a prácticamente todo; hay que andarse con mucho ojo, porque no suele verse a simple vista, pero suele andar por ahí escondido. 

El viaje en autobús fueron unas ocho horas. Paramos en Zagreb, por lo que para ir a Hungría tuvimos que pasar por Croacia, con las dos respectivas paradas en la frontera para salirnos del autobús, despertar del sueño profundo en que nos hallábamos, pasar un poco de fresquito, y volver al calorcito a sobar mientras seguíamos con el viaje. 

Al llegar a Budapest, MJ y yo ya llevábamos aprendido que teníamos que montarnos en el metro para llegar a nuestro hotel. Para ello, nada más llegar, debíamos cambiar euros por florines; 1Euro, unos 300florines. Aunque nos sabíamos bien de memoria qué teníamos que hacer, nos vino bien hacernos amigas de una chavala de Corea y otra de Canadá que llevaban cada una un tiempo viajando a lo largo de Europa, con quienes compartimos viaje en metro hasta Deák Ferenc Ter, nuestra parada. En Budapest hay cuatro líneas de metro (¡Málaga casi casi ya mismo la pilla!), y mucho tranvía, así que el transporte durante estos días ha sido bastante fácil, además de porque nuestro hotelito estaba en pleno centro y hemos ido andando a casi todas partes.

Ya allí, y siendo las diez de la noche más o menos, nos encontramos en la calle del hotel con María Luisa. El hotel, frente a una gran noria en el centro de la ciudad, estaba en un edificio en reformas; desangelado, todo por dentro con el suelo levantado y las paredes igual, y con un mini ascensor a lo cúpula-parís. Pero por dentro era super bonito; con una sala común muy acogedora, una cocina con muchos utensilios y nuestro cuarto, un cuarto compartido para 8, super calentito. Se ve que es nuevo y está patrocinándose, porque estando tan bien situado fue muy barato: unos siete euros por noche. 

Esa noche hicimos visita cultural (Clarita, museos de los nuestros) con Pablo, sus amigos y amigos de amigos.

El despertar desde mi litera del hotel no estuvo nada mal; no había cortinas, así que la luz del día (que no del sol) me despertó, con la imagen de la gran noria tan cerca. Durante el fin de semana estuvimos haciendo turismo por la ciudad. El centro de Budapest está dividido en dos partes principales: Buda y Pest, separadas por el gran Danubio. Realmente el Danubio es gigantesco. Durante el fin de semana que hemos estado en Budapest, el clima ha consistido en permanentes nubes con el consiguiente permanente chirimiri. Y creo yo que eso también le ha dado un toque bastante bonito a nuestra visita. 

La parte de Pest, que es donde estaba nuestro hotelito, la visitamos con un guía turístico de un FeeeTour; él te guía por la ciudad y al final es decisión tuya si pagarle o no, y cuánto. Él nos llevó a la gran Sinagoga, la zona peatonal con el mercado navideño, la zona de los Ruin Pubs, el super Parlamento (edificio gigantesco y precioso), y en todo momento explicándonos la historia de Budapest con respecto a la Primera, Segunda Guerra Mundial, los judíos, y el Comunismo. La mayoría de las cosas que nos contó, ligadas al nazismo. 

Y cruzando alguno de los enormes puentes pasamos a Buda, que la visitamos por nuestra cuenta, también preciosa. Buda está como elevada en una montañita (asíexplicaopaquementendais), y ahí es donde está el Palacio Real, la Iglesia de san Matthias o la Citadella.
(María Luisa, MJ et moi, desde Buda. Al fondo Pest, con el Parlamento y, en medio, el Danubio.)

Pasar estos días en Budapest fue hacer turismo rodeadas de turistas españoles: allá donde fuéramos, nos cruzábamos con pandillas, familias, parejas hablando en español. Visitamos las termas, al aire libre, en un edificio precioso, muy grandes, y a una temperatura de 37ºC, mientras afuera no paraba de llover, también llenas de españoles. 

Por la noche, estuvimos en los Ruin Pubs que ya nos había recomendado tanto nuestro guía como todo el mundo que aquí conocemos y había viajado antes a Budapest; son bares en edificios que pueden llegar a tener más de cien años y los cuales están totalmente abandonados y en ruinas, pero han sido reconstruidos y transformados en estos bares, que hay muchísimos repartidos por Pest. Concretamente estuvimos en el Szimpla. El szimpla tiene dos plantas, y es muy grande; tiene muchísimas salas, algunas más grandes, otras más pequeñas, todas con gente. Pero eso no es nada raro; lo que lo diferencia del resto de bares/pubs que puedas encontrarte por ahí es la decoración. En las paredes y el techo del Szimpla puedes encontrarte CUALQUIER COSA. Desde sillas colgando del techo a una bicicleta, utensilios de cocina, juguetes… paredes repletas de pintadas y pinturas de todo tipo. Super recomendable.

En fin, que nuestros días por Budapest fueron geniales y se nos pasaron muy rápido. El uso de los florines me tuvo trastocada todo el viaje; nunca supe si Budapest era barato o caro, porque cada comida era momentoMonopoli: soltar billetes, soltar billetes. Y que te entrasen ganas de plantar allí una casa.

Pues eso, ya han pasado varios días y se me han olvidado muchas cosas, pero esto es un breve resumen de nuestra visita a la capital húngara. 

La vuelta a Ljubljana la hicimos MJ, Pablo y yo en BlaBlaCar con Luca, un italiano que les tenía un poco de tirria a los húngaros y con quien Pablo se entretuvo hablando todo el viaje, él en español, Luca en italiano. MJ y yo nos quedamos fritas cual lirones. 

En el camino hacia Ljubljana, vimos el sol. Hacía semanas que no había salido por aquí, siempre entre las nubes.... y desde ese momento, estos dos días en Ljubljana han seguido siendo soleados.

Nos despertamos por la mañana con la luz del día, y con los rayos del sol. Se ven los Alpes nevados mientras caminamos hacia la facultad embutidas en nuestros chaquetones y con nuestros guantes, bufandas y gorritos permanentes (obligatorios). Y desde la semana pasada, cuando se pone el sol, Ljubljana tiene ya las luces de Navidad. Las luces, y los puestecillos típicos. Los que venden figuritas, los que venden gorritos, los que venden vino caliente.
Volví de enamorarme tres días de Budapest a este amor de tres meses; creo que Budapest, de serlo, sería el guaperas de la película pero... Ljubljana es sin duda el amigo del protagonista; ese que es más buena gente, ese que al final te parece hasta más guapito, ese del que realmente te enamoras.

Un día empiezas a echar vaho estando ahí fuera... y ya nunca paras.


martes, 2 de diciembre de 2014

mandarina duck.

A lo largo de mi trayectoria como lectora/comentarista de blogs, siempre me han venido bien de vez en cuando menos palabras y más fotos, así que ahí van algunas de los últimos días.

Son del fin de semana pasado, que estuvimos de excursión en el lago Bohinj, las cuevas de Postojna y Trieste (Italia). ¡Espero que os gusteeeeen!






(Típica foto cuyo objetivo era que saliese la cascada del fondo pero en la que la cascada apenas se aprecia y en la que sin embargo, nuestros caretos se ven la mar de bien. De izda a dcha, Alejandro, moi, Marina, MJ, Gianmarco.)





lunes, 24 de noviembre de 2014

Padova Stelar (segunda parte).

Ante lo que hubiera podido imaginar, llegué sana y salva al hostal ¡sólo preguntando una vez! (“Per favore… ¿dove si trova…?”) La temperatura en Padova no era del todo baja; durante el día había hecho bastante sol y esa noche no hacía demasiado frío, pero mi temperatura corporal, ante tal soledad y desasosiego (que soy de Andalucía, tengo que exagerar) estaba por debajo de la ideal. Esta vez en la recepción del hostal no estaba esa señora que se había negado a darle las llaves a mi excompañera de habitación, sino un hombriño que, más tarde, me daría una toalla for free, sin tener que pagar el euro que realmente costaba (supongo, por la carilla que me vería), y que volvió a asignarme la habitación G. 

Al entrar en la habitación, volví a encontrarme con Giulia, esta chica italiana que a la que le hubiera gustado haber ido al concierto de Parov Stelar pero que no pudo porque estaba trabajando, y que ahora estaba ahí, en su cama, estudiando con un libro bastante gordo. No esperaba mi llegada, pues ya nos habíamos despedido esa mañana, así que le estuve contando lo sucedido con mi autobusini perdido, y estuvimos un rato charlando. Me dijo, iba a tomarse un café antes de irse a trabajar, y me invitó a que fuese con ella. Salimos del hostal y nos tomamos un café en el primer bar que encontramos; un café, y un crep con nutella, a lo que Giulia me invitó muy contenta, y, decía, ahora sí que sí, se iba feliz a trabajar. Ella se fue a trabajar, no sin antes quedar en que quizás esa noche podíamos salir juntas y que, por supuesto, a la mañana siguiente desayunaríamos juntas en el hostal, y me quedé en mi habitación de seis camas pensando en lo sucedido, y, con más frío y mocos que suciedad, decidí postponer la ducha y no usar esa toalla que el amable recepcionista me había dado.

Al rato, llegó Sabrina, una chica alemana que estaba en Padova visitando a una amiga suya que estaba de Erasmus. Sabrina se acopló en la cama que había al lado de la mía, y estuvimos charlando de Alemania, los alemanes en España, de Gibraltar, Tarifa, y la inmigración. Sabrina había estudiado dos años de medicina, pero tras esto, había decidido cambiarse a psicología, y ahora estaba más contenta. Poco a poco, Sabrina iba hablando menos e iba recostándose más. Mientras, llegó una japonesa, que fue a tomarse un café a las once de la noche y, en cuestión de media hora, Sabrina ya me había dado las buenas noches, y la japonesa, café en estómago, estaba roncando.

Cuando Giulia llegó por la noche, yo estaba ya en siete sueños.

Así que fue por la mañana cuando nos vimos y fuimos a desayunar juntas al barecillo del hostal. Giulia, me dijo, está trabajando en un restaurante un poco chic de la ciudad, en el que está bastante contenta y, a la vez, está estudiando Química Orgánica. Ella es de Verona, pero trabaja y estudia en Padova, y está en el hostal esperando a que le den las llaves de su piso, al que en unos días se trasladará. Giulia es vegetariana y, debido al estrés de estos días, con el estudio, el trabajo y la vida en el hostal, últimamente está un poco baja de defensas. Así que, con el café y el croissant del desayuno, se tomó una serie de polvos que, según me explicó, le ayudan a tener las vitaminas y proteínas necesarias en épocas como esta. 

Tras el desayuno, yo tenía que abandonar el hostal y ella se sacó otra vez ese libro gordo para ponerse a empollar. Pero mientras yo me vestía y recogía mis cosas, Giulia guardó sus apuntes, se cogió la mochila, en la que se guardó el uniforme del trabajo, y se vino conmigo a enseñarme la ciudad. Así que eran las nueve de la mañana, y estaba yo en Padova, dando vueltas y sin parar de charlar con Giulia, que tiene dos años menos que yo, y que no paraba en ningún momento de sonreír. Ese día también brillaba el sol.

Estuvimos en la plaza más grande de Padova, que según me contó, es la segunda plaza más grande de toda Europa (tras la Plaza Roja de Moscú), y en la preciosa basílica de San Antonio, en donde entramos (a pesar de que, me dijo, ella no era religiosa) mientras daban misa y por cuyos alrededores había muchísima gente. También estuvimos viendo algunos edificios de la universidad, así como en un parque muy bonito junto al río. Giulia todo me lo explicaba, me databa algunas fechas de los edificios o personajes importantes que nos encontrábamos, y me recomendó que viajase a Verona donde, decía, parecía que estabas en mitad de la selva, porque había mucho parque y vegetación en la ciudad.



(Giulia y yo en la gran plaza.)

Estuvimos hablando de Italia, de lo gran cocineros que son los italianos en general, y de España, de Barcelona, de Picasso (otra vez), de Miró, del sol y de sus estudios; su madre quería que hubiese estudiado arquitectura, pero ella le había dicho que, si hubiese estudiado arquitectura, se habría ido al terminar a África, a construir casas con barro y con madera, y que prefería estudiar otra cosa. Así que me contó sus ganas de terminar Química e irse igualmente a África, a construir huertos con frutas, verduras y hortalizas con un buen conocimiento de la tierra del cultivo, y poder ayudar allí a los más necesitados. Por mi parte, le conté mis ganas de terminar medicina e irme a África con ella, a aportar mi granito de arena allí durante algún tiempo. 

Nos comimos un cannoli, un dulce típico de Sicilia, en un festival que había en pleno centro del chocolate. Y, tras esto, y tras ver un monumento conmemorativo del 11S (en donde había un resto de una de las torres, que había sido donado al ayuntamiento de Padova), Giulia me invitó a un café. Me dijo, ella era hija de madre Napolitana, y que en Nápoles, quién propone tomar un café, es quién debe invitar, y no puede dejar que la otra persona pague. Así que me invitó al café como buena napolitana, en una cafetería en la que decidió mirar el periódico para ver qué había pasado estos días por Italia.



Giulia empezó a reírse super asombrada, a reírse y a exclamar “mamma mia!”, y decir cosas en Italiano con la camarera de la cafetería y, periódico en mano, me explicó lo que acababa de leer. Resulta que esa noche en que ella llegó del trabajo mientras la japonesa roncaba y Sabrina y yo dormíamos cual lirones, había entrado un hombre en el Restaurante en que ella trabajaba; según el periódico, el hombre había dejado una nota en la que decía: “Lo siento, tenía hambre, he entrado y he comido algunas cosas, muchas gracias, no he hecho daño alguno”. Y el dueño del restaurante, había dicho a los medios “Le perdono, pero si quiere que vuelva y coma algo con más nutrientes”, o algo así. Giulia no cabía en su asombro y, me contó, su jefe era una gran persona; era rico, sí, pero sabía de las necesidades humanas, y era una de las razones por las que ella estaba tan contenta en este trabajo. 

Acabamos el café, y llegó el momento de despedirme de mi amiga italiana, que se dirigía al trabajo, con bastantes ganas para ver qué le contaban de lo sucedido. Me recomendó algún sitio a donde ir, y tras invitarnos mutuamente a Verona, Ljubljana, Padova y Málaga, nos dimos un abrazo, y nos dijimos adiós. 

Giulia es de esas personas que, sin conocerte de nada, te desean que pases un buen día. Lo hizo el día que la conocí en el hostal cuando yo (creía) me volvía a Ljubljana. Me dijo, “have a nice day”; y yo, soy de esas personas que, si me dicen have a nice day, probablemente esté mucho más cerca de tener un buen día. Así que tras desearnos mutuamente a nice day, proseguí con mi camino. 

Ya sólo me compré el biglietti del bus que esta vez no perdí, y me comí un trozo de pizza mientras esperaba al sol en una plaza céntrica de Padova.

El autobús esta vez lo cogí sin problemas, y llegué a casa, donde MJ me recibió, y donde estuvimos charlando con Jurij y Clemen, su amigo, de Parov Stelar, y de licores, algoqueaestosguirislesencanta.

Por la noche, tenía un mensaje de Elisabetta, preguntándome que qué tal me había ido el concierto, y que si había conseguido ir andando desde el hostal a la estación sin problemas. Le contesté diciéndole que todo había ido bien, pero no le conté mi percance ni que me quedé una noche más en Padova supongo, para evitar su preocupación (como cuando decides no contarle a tu madre que has cogido un catarro, para evitar preocupaciones extras). Y ahora, antes de escribir esto, he visto que Giulia había posteado algo en Facebook: anoche, cuando llegó al hostel, se encontró con una chica (más pequeña) en la calle, que necesitaba ayuda y no tenía dinero para el hostal; ella, la ha acompañado a la estación de autobuses y ha estado esta noche con ella hasta que llegase su autobús por la mañana pues, dice, tenía un poco de miedo. 

Grazie mille, Giulia.

¡Tened un buen día!

Padova Stelar (primera parte).



Mi historia de este fin de semana comienza en la estación de autobuses de Ljubljana. Es ahí donde había quedado el viernes con Elisabetta, la dueña de ese Honda Jazz rojo que haciendo BlaBlaCar me llevaría a Padova. El motivo por el que este fin de semana iba a Padova (en el norte de Italia, a tres horas en coche) era para ir a un concierto de Parov Stelar. Me encontraría allí con Félix, un alemán de mi clase, y con otros tres alemanes: el guapo de Andreas, Jana y Xenia.

La razón por la que yo no había ido con mi nueva pandilla alemana hasta Padova (una de ellas) es que el mismo viernes, tuve un examen oral de Ophtalmology, el cual aprobé (¿exitosamente?), y con cuyo profesor hablé de Picasso. Así que mi viaje a Italia sería una buena forma de celebrar ese aprobado.

Elisabetta me llamó por teléfono un poco enfadada; estaba esperándome, y no me veía. Yo también la esperaba a ella, pero la estación de autobuses está con la de trenes, y no nos fue fácil. Me dijo, había estado gritando en mitad de la estación a todas las chicas que veía, “Celia, Celia!” y, según ella, la gente la miraba como si estuviese, o borracha, o loca. Y ella no era ninguna de las dos cosas.

Elisabetta era una señora de unos 55 o 60 años, que viajaba con su prima de copiloto (que sólo hablaba italiano) y otra señora a la que acababan de conocer, que también iba usando el BlaBlaCar y era de Croacia. Parecía que estaban hechas la una para las demás; pegaban muchísimo. Eran tres señoras con sus abrigos y sus maquillajes que venían, la croata de trabajar, y la prima de Elisabetta del dentista (¿). Elisabetta, tras disculparse por su cabreo inicial conmigo, hizo amistad hablándome en español todo el rato. No sé en qué trabajaba, pero era aficionada a la arqueología (no le pegaba ni con cola). En mitad del camino, hicimos una parada para ir al servicio, y a Elisabetta se le ocurrió la idea de cambiar la maleta que viajaba atrás con la croata y conmigo y meterla en el maletero para que viajásemos más cómodas. Su prima y la mujer de Zagreb se quitaron del medio para hacer sus respectivos pises y ahí me quedé yo, ayudando a Elisabetta, que sacaba todas las cosas del maletero y las volvía a meter EN LA MISMA DISPOSICIÓN, y estaba muy extrañada de que no entrase la nueva maleta. Ahí descubrí que esta señora, que no tenía hijos y había estado en España alguna vez por trabajo, a quién hablé de Atapuerca, tenía una bolsa llena de tapones de plástico y otra con vidrios como de reciclaje y, llegué a la conclusión de que, papá, habría hecho buenas migas contigo. 

Durante el trayecto, me dormí un poco, y la croata también, aunque creo que quería un poco disimularlo; me desperté escuchando cómo hablaban de la “ragazza que estaba addormentato”. Así que les dije que estaba despierta, y, cuando escucharon mi hipo (que decían, era porque alguien se estaba acordando de mí), me preguntaron que si tenía novio. Les dije que no, y entre todas, llegamos a la conclusión de que mejor, que “calma y libertad”.

Todo eran risas hasta que Elisabetta me preguntó acerca de mis planes al llegar a Padova. Yo, que había salido un poco escopeteada de casa tras mi examen del viernes, no había mirado ni un mapa de la ciudad. Sólo sabía que mi hostal estaba “cerca del centro” y tenía apuntado el nombre de la calle. Allí, se hospedarían también los alemanes con los que iría al concierto, pero de eso no estaba segura del todo.

Y ese plan mío así un poco en las nubes se ve que a Elisabetta (quizás con un poco de instinto materno sobre mí) no le gustó demasiado. Me decía, un poco enfadada, que cómo se me ocurría viajar sin más información de dónde estaba mi hostal ni el concierto, que cómo pensaba ir desde la estación (donde ella me dejaría) hasta mi hostal (¿preguntando no se llega a Roma?), que por qué no llamaba a mis amigos, que por qué me iba a quedar sola. 

En fin, que Elisabetta, una mano en el volante y la otra en su teléfono móvil, llamó a Valeria, una amiga suya para preguntarle exactamente dónde estaba la calle de mi hostal y, tras dejar a su prima en casa y a la croata en la estación, Elisabetta, con un gran abrazo y una disculpa por sus formas al ”enfadarse” conmigo, me dejó en la mismísima puerta de mi hostal.

Allí, me puse en contacto con Félix, a quién me uní en seguida, y, junto con los demás alemanes, pusimos rumbo al Gran Teatro Geox. 

Pero antes, dejé mi mochila en la habitación G del hostal, un cuarto con seis camas en el que había una señora muy grande, mayor, que hablaba sola y tenía cara de pocos amigos.

Al concierto fuimos en taxi (tal y como Elisabetta me había advertido), y fue genial; estuvimos unas tres horas, y el grupo (el cual descubrí hace un tiempo gracias a Gumer por Facebook) estuvo muy guay. Bailamos mucho, mamá.

Nos bebimos un spritz, una bebida típica italiana, y nos volvimos al hostel. Cuando llegué a mi habitación, había otra chica durmiendo. Ella me abrió la puerta, que estaba cerrada y, tras desearnos buenas noches, caí profundamente dormida.
Había sido un día genial.

A la mañana siguiente, desayuné con los alemanes a las ocho de la mañana, que era la hora a la que había desayuno en el hostel, y estuve charlando con mi compañera de habitación. Ella estuvo parloteando en italiano con la señora grande de las malas pulgas; resulta que estaba enfadada porque la mujer de la recepción, sin por qué alguno, se había negado a darle una copia de las llaves a ella. Entendí algo de la conversación, pero Giulia me lo explicó en inglés, tras lo cual me despedí de ella, pues ya yo dejaba el hostal y esa tarde me volvería a Ljubljana.

Puse marcha con los alemanes dirección visitar Padova. A Félix y Andreas, en el hostel les habían recomendado un mercado muy bueno al que ir, que estaba cerca de la estación. Así que tras comprar nuestros respectivos biglietis en la estación (Andreas y Jana se irían esa tarde a Venecia; Félix y Xenia volverían a Ljubljana, aunque en un autobús diferente al mío) fuimos a este mercado; era un mercadillo con seis puestos un poco hippies en los que los vendedores eran los mismos que producían aquello que vendían. Con el muchacho que vendía orégano estuve hablando en italianini-españolo, y los alemanes aprovecharon para comprar miel, peras y queso.

Tras esto, Andreas y Jana se fueron a Venecia, y yo me quedé con Félix y Xenia haciendo un poco de turismo. Los alemanes son muy buena gente, pero muy diferentes a nosotros y a los italianos; son como muy calmados, nada de hacer ruido ni liarla parda en ciudades extranjeras. Comimos algo sentados en una de las plazas principales de Padova, al sol (¡Vente a Italia para volver a ver la luz del sol!), y ellos partieron rumbo hacia Ljubljana en su autobús, y yo me quedé haciendo un poco de turismo, pues mi autobús salía una hora después.



Esa mañana, yo ya había preguntado con mi biglietti en mano, dónde debía coger mi autobús. “PLATFORM 12”, me dijeron. “DESTINAZIONI INTERNAZIONALI”, ponía en un cartel. Mientras esperaba a mi autobús que no llegaba, cedí a hablar con unos Testigos de Jehová, que me preguntaron que dónde creía yo que estaban las respuestas de las cosas de la vida, si en la Ciencia, que fue lo que contesté, o en la Religión Quizás debí haber contestado Religión, quién sabe, porque ni el Testigo de Jehová estuvo de acuerdo conmigo, ni la Ciencia supo explicarme por qué mi autobús al andén 12 nunca llegó.

Gracias a la ayuda de otra señora croata que se bajó de su autobús para ayudarme, y tras ir con ella de aquí pallá y hablar con algunos italianinis en la estación de autobuses, pude saber que mi autobús no paraba en el andén 12 sino en OTRA CALLE diferente y que, por supuesto, ya lo había perdido, y no iban a darme el dinero.

Eran las cuatro de la tarde más o menos, y no había ya forma de viajar ni en autobús ni en tren hasta Ljubljana. Poco a poco, mis nervios-desesperación aumentaban, mientras la batería de mi móvil disminuía. En la estación de trenes, donde se me hizo de noche, nadie me pudo ayudar. Hablé por Facebook con Giada, una amiga italiana que estuvo intentando decirme todas las opciones que tenía, pero era demasiado tarde para todas.


Así que, tras maldecir un poco a los autobuses y trenes italianinis, a mis 26 eurotes perdidos en mi biglietti maldito, y a el cuarto de baño de la estación para el que tuve que pagar por entrar, y tras haberme arrepentido de no ir con el guapo de Andreas (y con Jana también) a Venecia, y aún sin mapa (si Elisabetta me viera…), decidí poner rumbo de nuevo al Ostello della Gioventu.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Ti, moja rožica.

Una de las ventajas de vivir en un país tan pequeño como Eslovenia, es que en un par de horas en autobús ya estás en el extranjero (más de lo que ya estamos aún). Y la semana pasada MJ, Yaiza, Cristina (dos niñas de las Canarias), Miro y yo, aprovechamos para ir a Zagreb. Antes de ir, algunos de los eslovenos que conocemos, nos habían dicho, "¿A Zagreb para qué vais a ir?" "No tiene nada especial..." y cosas así. Pero la verdad es que sí que mereció la pena; hizo un frío pelón, pero hicimos un tour guiado for free gracias al cual vimos las cosas más importantes-bonitas de la ciudad. Zagreb es mucho más ciudad que Ljubljana, que es más tipo pueblo. Tiene un tranvía que atraviesa todo el centro, y que la hace ser aún más bonita.


(Miro, Cristina, MJ, Yaiza y yo.)

Además de estar en las típicas plazas, Iglesias y calles importantes de toda ciudad (no soy muy buena con las descripciones), estuvimos en el Broken Relationships Museum. El origen de este museo, dicen, fue una pareja que, al romper, decidió quedar en un lugar para entregarse lastípicascosasquesedevuelvenlasparejascuandocortanlarelación. Se ve que es un museo mundialmente conocido, que a veces hace giras, pero que la sede principal es la que está en Zagreb. Según nos dijo nuestra guía, hay una lista de espera inmensa de gente esperando para entregar alguna cosa. Dentro, hay de todo tipo de cosas, cada una acompañada de una breve descripción que quién la lleva al museo escribe para dar a conocer la historia de la relación; algunas, muy graciosas y otras muy trágicas. Desde fotos, camisetas o un vestido de novia hasta una tostadora o un hacha.


Zagreb tiene escondidas a lo largo de las calles de la ciudad una escultura de cada uno de los planetas del Sistema Solar, girando en torno al sol, hechos en proporción, y situados a una distancia proporcional, también. El Sol es visible muy fácilmente, porque es muy grande y está en una calle muy céntrica. Pero otros (nosotros vimos Marte y Venus) son muy pequeñitos, están ahí, en una columna, como quien no quiere la cosa, y, según nuestra guía nos dijo, ¡Es difícil encontrarlos todos!

Y así, tras nuestra segunda (ya) visita a Croacia, nos hemos quedado sin Cunas (la moneda de allí), por lo que por ahora nos toca seguir en Eslovenia (¡qué remedio!).

Por Ljubljana, estos días esas hojas secas otoñales de las que os hablé, se han convertido en hojas mojadas. El sol parece que no se quiere levantar, hace un recorrido muy bajito y escondiéndose entre las nubes como escabulléndose de los guiris que, como yo, le buscamos sin parar. 

Esta semana hemos estado alternando las clases de oftalmología, que son en el quinto pino, con las prácticas y un poco de Metelkova. Las prácticas han sido en el hospital, con los pacientes y sus correspondientes médicos hablando en esloveno (sin enterarme de ni papa); algún día he tenido la suerte de estar con eslovenas (una de ellas aprendiendo español para irse a Texas, otra de ellas que había estado una semana en Murcia), que iban traduciéndome más o menos lo que estaba pasando, y he aprendido a decir adiós. Así que poco a poco, voy mejorando (no ya mi inglés, sino)mi esloveno.

Y por Metelkova las cosas siempre van bien; estuvimos un día MJ y yo (es que Metelkova está al ladito de nuestra casa) en un concierto de un señor mayor, con barbas, que había sido físico y que, tocando la guitarra, cantaba (con voz un poco de borrachín) canciones en esloveno a un público bastante entregado. Supimos que el tío era físico porque nos lo dijo Martin, un chaval inglés que había estudiado física (otro físico loco, como Rafita) y que llevaba cinco años viviendo en Ljubljana. Ese día, además de con él, estuvimos con Kristian, el chamán. En Metelkova hay muchos conciertos normalmente, o noches temáticas, o simplemente gente bebiendo (aquarius) y fumando (pipas de la paz) al fresco. Y está llena de gente, cuanto menos, interesante.

Ayer, fuimos a pedir nuestro permiso de residencia; si llevas más de tres meses viviendo aquí, se supone que tienes que tenerlo por lo que pueda pasar. Todos nuestros amigos hace tiempo que ya lo tienen. MJ y yo nos hemos demorado, pero al fin lo hemos pedido. Pronto tendremos un carné que certifique que somos ciudadanas eslovenas :D

Anoche, cuando volvíamos de Metelkova, uno de los italianos me acompañó a mi casa. Me dijo, aún no sé muy bien por qué, que yo le parecía más eslovena que española.



Nasvidenje!

lunes, 3 de noviembre de 2014

Prešeren.

France Prešeren (SXIX) fue un poeta esloveno. Y es una estuatua suya lo que hay en mitad de la plaza Prešernov Trg, que es la plaza principal de Ljubljana, la plaza del Tripuente (Richard, quería hacerte esperar más, pero bueno, he caído en la tentación del post del Tripuente). Prešeren dedica los días, ahí quietecito sin pestañear, haga frío, calor, calma, viento o tempestad, a mirar a su amada, que está en una de las calles que llegan a la plaza. Y es a los pies del poeta donde solemos quedar. 

También en Prešernov Trg está la Iglesia de la Anunciación (Jajajajaj, ¿a quién voy a engañar? ¡Acabo de enterarme gracias a wikipedia de cómo se llama!); más comúnmente llamada la iglesia rosita, en cuyos escalones se sientan los sin techo de la ciudad. Se sientan ahí a beber cerveza y a intentar venderte una revista (en esloveno) que escriben ellos; no sé exactamente qué escriben, pero me da bastante cuirosidad. Se la compraría a alguno para acabar con mi intriga, pero no entendería ni papa, que de esloveno aún no andamos demasiaobienquedigamos. 

Para pasar de la plaza al otro lado del río, pasas (¡¡ahora sí que sí!!) por el Tripuente. La verdad (¡pa qué engañarnos!)es que yo al tripuente me lo imaginaba más espectacular. Tengo entendido que al principio era sólo un puente, por el que pasaban los coches y, para hacerlo peatonal, a algún lumbreras se le ocurrió hacer no uno sino dos, a los lados. Son tres puentes realmente, pero que desembocan en un mismo punto: Presernov Trg.



Bajo el puente, hay unas escaleritas que te llevan a un cuarto de baño público, y también ahí, está “el bar del pescado”, donde puedes comer pescado (mamá, aún no lo he probado desde que estoy aquí) con el studenski boni, junto al río. Está apuntado como lugar al que ir en la listadecosassanasquehacerenLjubljana). Al otro lado de la plaza, está el ayuntamiento, y también el mercado. Del mercado, en el que suelen hacer mercadillos y festines ocasionales tipo LaFiestaDeLaHamburguesa o LaFiestaDelChocolate, ya hablaré más adelante. 

El otoño se nota que ha llegado a Ljubljana; las calles están llenas de hojas de los árbolesdehojacaduca, y LJubljana tiene un color especial. Color, y olor a castañas por muchas de las calles; y es entre uno de los puentes del tripuente y la estatua de Prešeren donde está el tío de las castañas que debe ser el tíocastañilmásricodetodaLjubljana. Dicen, que por estar ahí, paga 3000euros de alquiler. ¡Así que imaginad cuántas castañas podrá vender a lo largo de la temporada!

Junto a él, y tocando para las pandillas de japoneses que siempre, repito, siempre, hay en la plaza de Prešeren, está el típico tío con el acordeón. Supongo que eltíodelacordeón, así como los éraseunjaponésaunacámarapegado, no falta en ninguna ciudad de este mundo. Y son los japoneses los que muchas veces mantienen con vida a la plaza; no es que no tenga vida, que la tiene, mucho turista y mucho esloveno de un lado para otro, comiendo, echando fotos, en bicicleta, paseando sin más, pero hay días, como este fin de semana pasado, en que se nota que hay muy poca gente aquí. Y no lo digo como algo malo, sino al contrario; creo que esto me gusta de esta ciudad. Es la capital de un país, pero hay veces que puedes estar sentadita a los pies del poeta con la misma calma con que estarías sentada en la Puerta de la Iglesia de Tahivilla, viendo pasar, eso sí, a algo más de gente pero sin tráfico, sin ruidos, tal y como Prešeren se halla, simplemente contemplando (a tu amada, o qué más da).

En fin, que Ljubljana cada día está más bonita, cada día con un frío más pelón, y cada vez con menos luz. Eso sí, la luz que tiene, aunque poca, es preciosa. Le estoy cogiendo cariño a las calles llenas de hojas caídas, a las bicis asesinas, a Prešeren, a cada uno de los puentes del tripuente, a los japoneses e incluso al tío del acordeón. 
Y del cariño al enamorable violinista nocturno, pa qué os voy a contar.





viernes, 24 de octubre de 2014

tiempo, no corras tanto.

Han ido pasando los días y, así como quien no quiere la cosa, ya llevamos más de un mes aquí. 

Ya terminamos nuestras clases de otorhinolaringology y hemos empezado las de MaxiloFacial Surgery. Al cambiar de asignatura, cambiamos también de edificio en el que dar las clases y las prácticas; ahora estamos en un aula en el “wooden building”, un edificio de madera en el que cierran las persianas para que podamos ver bien las diapositivas y en el que, debido a la penumbra y la hora a la que estamos dando las clases (empiezan a la una de la tarde), más de uno (y más de dos) cae en la tentación de disfrutar de la siesta. El wooden building está junto al rio y, entre clase y clase, puedes disfrutar viendo pandillas de nutrias liublianenses en el Ljubljanica (las hay a montones). 

Si llevas un mes de Erasmus siendo de España es muy probable que ya hayas hecho tu primera tortilla de patatas. Supongo que será ya la tercera vez que mi madre recibe el mensaje de: “¿Cuántos huevos para cuántas patatas/persona?”, y (ya que estamos hablando de cocina) pondría la mano en el fuego de que las otras dos veces que recibiste tal mensaje, también dijiste como contestación, “¡Cuidado con la sal!”. 

Así que sí, el día de la Spanish Dinner llegó, e hicimos una quedada en nuestro pisito con Pablo (que contribuyó a la cena trayendo Lomo), Marina (encargada del jamón serrano), Andrej y Miroslav (los macedonios) y MJ, que fue la cocinera de la tortilla. ¡La verdad es que fue un éxito! Ese día no sobraron ni las miguitas del pan; el Lomo (así, con mayúsculas, porque tal lomo lo merecía) duró un abrir y cerrar de ojos. Los españoles casi ni lo catamos, que ya estaban ahí los macedoniosdalequetepegoaligeraotequedassinlomo- leydelaselvatotal.


(De izquierda a derecha, YO-elburrodelantepaquenosespante, Andrej, Miroslav, Marina, MJ, Pablo, y unadelastortillas.)

Tras la noche española, el otro día hicimos, también en el piso, la fiesta de la castaña. Jurij y Nate nos dijeron que ellos comprarían las castañas y que avisásemos a algún amigo si queríamos. El “avisar a algún amigo” se convirtió en nuestro minisaloncitococina con 9 eslovenos, 5 españoles y un italianini comiendo castañas como si no hubiera un mañana, y bebiendo un hot wine que cocinaron los eslovenos; es típico de aquí y, dicen, en Navidad las calles de Ljubljana se llenan de puestecillos vendiendo vasos de este vino caliente al que echan limón y clavo (papá, el vino pa ellos, yo bebí Aquarius, pero dicen, yatusabe, dicen, me han dicho por ahí, que el vino estaba rico).

Por lo demás, las cosas por aquí van muy bien. Hoy ha amanecido despejado, así que parece que va a hacer bastante buen día. Hemos estado un par de días a base de lluviasinparar y menos de 10grados, así que siempre que salga el sol es de agradecer J

Con las clases a la una, tenemos el horario de la comida bastante trastocado; hacemos uso de nuestro studenskiboni antes de clase, a eso de las doce, y cuando salimos, volvemos a tener hambre. Hay quien come dos veces, ¡y hay quien sale a correr de vez en cuando! Por ahora estoy saliendo a correr poco, pero algo. Pero este fin de semana es aquí la Marathon de Ljubljana; el día de la maratón en sí es el domingo, pero mañana sábado hay una carrera de 4km que –creo- voy a correr. (¡Losmenúsdelstudenskihayquebajarloscomosea!)


(Trubarjeva Cesta, mi calle favorita aquí)

Ahora estoy en la casa, pero ya tengo que ponerme en marcha para ir a la facultad; no sé qué ni dónde comeremos hoy, porque hemos amanecido tardecillo después de nuestra fiestecilla de anoche, pero bueno, ya se verá. Nunca se sabe lo que te depara el día. Anoche estuvimos en Rozna Dolina, que es la residencia en la que viven nuestros amigos. Roshna (que así es como suena) son catorce edificios de residencia. Sólo uno de ellos, es para Erasmus, y el resto es residencia para los estudiantes eslovenos. Es un sitio inmenso, con parquecitos entre un edificio y otro e instalaciones deportivas para los estudiantes. Y allí estuvimos ayer un ratillo, haciendo uso de nuestrocadavezmenos (¿menos?)macarrónicoinglés con alemanes, checos, polacos y algún que otro español.

¡Y eso es todo amigos! 

Ayer, estuve hablando con una amiga de Tarifa, contándole cómo eran las cosas por aquí y qué tal me está yendo, y me dijo: "Ya llevas un mes!!?? Pero cómo corre así el tiempo?Seguro que él también va en bici por las calles de tu pequeña pero bonita ciudad. Si lo ves, pínchale las ruedas a ver si se frena un poquito."

Y creo que le voy a hacer caso... quenoquieroquesemeescape.

See you!

lunes, 13 de octubre de 2014

Chirimiri.

Una de las primeras cosas que hicimos al llegar (uno de esos asuntosserios, Migue) fue ir a la Embajada. Conocimos el primer día de clase a Marina y Pablo, quienes nos dijeron que teníamos que ir; ¿para qué? En octubre tendríamos una paella con la SeñoraEmbajadora. Así que ahí que fuimos a inscribirnos, todo fuese por la paella.

Estos días no hemos hecho excursión ni hemos salido demasiado por ahí; la razón primordial es que hoy teníamos examen práctico de Otorhinolaryngology (eso, y que he estado estudiando una asignatura que tengo pendiente en España, y tenía una cita por Skype con mi profesor). Se han ido sucediendo estos días entre estudio en la biblioteca de mi facultad (con cojines en los pasillos, en las escaleras, puffs para relajarse, y bolasdeesasdelasqueseusanenyoga junto a las sillas, y con flexos en cada mesa porque aquí no hay tanta luz), estudio en la biblioteca técnica (que está en uno de los edificios más altos de Ljubljana, en el centro), y algún que otro cafelito. 

Tras intercambiar varios correos electrónicos con mi profesor español, quedamos en que el sábado tendríamos la primera tutoría. Lo que no quedó muy claro fue la hora. El viernes, y aprovechando que algunos españoleseitalianinis de nuestra clase habían tenido examen de otra asignatura, decidimos salir a dar una vueltecilla. Fuimos a RoznaDolina, la residencia donde viven la mayoría. Allí nos encontramos con la pandilla de italianos en un pasillo, tocando la guitarra, con acompañamiento de murga y armónica y, cuando finalizó la actuación, pusimos rumbo a Metelkova. Este es un lugar cerca de casa, en el que varios garitos se sitúan alrededor de un par de plazas-descampados y en donde, mires a donde mires, todo está cubierto de grafitis. Ahí estuvimos un rato, nos tomamos un chupito de Borovnicevec (Boroniska o algo así para nuestros oídos), que es un licor típico de aquí, en el que dentro de la botella te encuentras arándanos, y, cuando era la una o así, recibí un correo de mi profesor de España, citándome para el Skype a las 8 de la mañana. Así que dimos por finalizada nuestra noche en Metelkova, no sin antes comernos un trozo de pizza, y nos fuimos a dormir. 

Al día siguiente, y tras la tutoría, MJ, Marina y yo, salimos a disfrutar del soleado sábado que se nos presentaba. Fuimos al mercado, llenísimo de puestos vendiendo ropa, fruta, verduras y muchas flores, y subimos al Castillo. Antes de subir, para coger fuerzas, comimos las tres en un sitio en pleno centro, al solecito en una terraza, SIN studenskiboni, un plato de pasta y una ensalada, todo muy rico y barato. La ciudad en estos días tan soleados ha estado preciosa; hay mucha gente en la calle durante el día (cuando se pone el sol se nota bastante menos gente), familias, pandillas, mucho bebé (aquí te dan permiso por maternidad de un año) gente en patinete, guiris, ancianas en bici. Al castillo MJ y yo ya habíamos subido el día que aterrizamos en Ljubljana, pero no habíamos entrado, ni habíamos subido a la torre que tiene, así que, siguiendo las recomendaciones de nuestros amigos macedonios, tras comer, subimos. Las vistas desde la Torre son geniales.



Tras estar ahí arriba un buen rato, bajamos por un caminito campestre, por donde caminaba también algún que otro japonés que venía del castillo (aquícomoentoslaos, hayjaponesesamontones). Nos tomamos un cafelito en nuestra cafetería favorita, que ya se ha ganado el título de cafetería favorita, porque es donde desayunábamos nuestros primeros días aquí, que está muy cerca del hostelito donde nos albergábamos, y porque tienen el que probablemente sea el mejor croissant de Ljubljana (eso dicen los carteles en la cafetería, y mi paladar lo corrobora-aunqueaúnnolohayacomparaocontodaslascafeteríasdelaciudad), y porque vienen los gorriones ahí a revolotear, juguetear y casi charlar contigo.




El resto del sábado, y ayer domingo, lo empleamos en estudiar para nuestro examen práctico de hoy. El examen ha sido curioso; hemos llegado al aula en que hemos estado haciendo las prácticas todos estos días y, de la misma forma en que hemos estado practicando, ha sido el examen. Todos charlando con todos, charlasdefiestaserasmusentreexploracióndelalaringeylazoreja, el profesor explicando cosas de las que nadie se acordaba, espejos y luces, bocas por dentro, narices, palpacionesdelcuellocuasimasajes, y el profesor pasando lista al final del examen, aprobando uno a uno según estuviésemos allí. (Los eslovenos de nuestra clase dicen que el examen teórico, que es dentro de una semana, es algo más difícil, a ver qué tal es.) Decir que, de todas las prácticas que hemos hecho de esta asignatura, sólo he escuchado mi nombre dos días; uno, ha sido hoy,¡ pa ponerme el aprobado!, y el otro, el primer día. El resto de días, según nos dijeron nuestros colegas eslovenos, no se nos pasaba lista a los Erasmus porque la enfermera no sabía cómo pronunciar nuestros nombres y, directamente, nos ponía que habíamos asistido.

Tras el duro examen de hoy, nos fuimos a nuestra cita con la Embajadora. El día de la paella había llegado, y ese día era hoy.


La paella (a la que aquí le echan chorizo) ha consistido en comer en el patio de la embajada, con laSeñoraEmbajadora, la argentinasecretaria, y los Erasmus españoles que estamos aquí. Tras unas palabritas de la embajadora subida en una silla pa que la viésemos bien, y leernos un Telegrama del Rey personalmente dirigido a nosotros, nos hemos zampao la paella, hemos repetido, hay quien ha sacado el tupper, y, habiendo comido un par de pastelitos, nos hemos ido.

Y así se suceden los días por aquí. Hoy, a la vuelta de la biblioteca, me ha caído un poco de chirimiri. Creo que voy a tener que ir usando mi paraguas.

lunes, 6 de octubre de 2014

1808

1808 es el número clave si eres estudiante (Erasmus o autóctono) en Eslovenia. El 1 de Octubre llegó, y con él nuestro primer día de StudenskiBoni. Realmente no es un carné, ni un bono como algo material; lo que necesitas es siempre tener batería en tu móvil; es lo vital aquí (eso, y saber esquivar las bicis, que es algo que dominamos cada vez más). El primer día que usamos nuestrasuperofertaparaestudiantes, fuimos con Marina (unashavaladeSantanderquetambiénestudiaMedicina) al mejicano. Fue un estreno por todo lo alto (el precio fueron 3eurosyalgo, cosa que es EXPENSIVE si hablamos del StudenskiBoni), pero era nuestro primer día. Fue gracioso comer allí, porque la carta (medio en mejicano, medio en esloveno) tenía palabras españolas sin demasiado sentido, y los camareros intentaban hablar en español con nosotras en un español que, ni españolnimejicanoniesloveno,ni ná. MJ (MariaJozenska aquí), Marina (Marinoska) y yo, ideamos ese día un sistema en la agenda de Marina para puntuar los diferentes restaurantes según la calidad de la comida, precio, ambiente. El objetivo principal de esto era saber después a qué restaurantes deberíamos volver cuando nuestras familias viniesen a visitarnos y a cuáles no, aunque una vez que lo piensas más lentamente… creo que a los sitios que iremos cuando vengan nuestros padres serán aquellos junto al Ljubljanica, esos que ni aceptan StudenskiBoni (¡Estamos deseando que vengais!). El menú típico con nuestro bono incluye una sopa, una ensalada, un plato principal, agua, pan a veces, y postre. Y el camarero trae un datafono, en el cual tienes que poner tu teléfono móvil, y llamar al 1808. Entonces, a veces acompañándolo de un documento de identidad, pagas, y ea, hastamañanasistudenskiboniquiere. Digo que empezamos pagando 3yalgoeuros por todo lo alto, porque desde ese día, hemos experimentado, por ejemplo, comer un menú por 0,87euros. Creo que va a ser un año de hacer poca compra (en los supermercados las cosas son carillas) y de cocinar poco (aunque hemos comprado una sartén, para hacer typical tortilla de patatas de vez en cuando; aún no la hemos estrenado, el studenskiboni no nos deja). Tenemos 22 bonis al mes, y son acumulables; así que día que no lo uses, otro día que lo ganas. Por ejemplo, antes de ayer no lo usamos.

Antes de ayer, fuimos dexcursión a Croacia. De nuevo italianinis y españoles nos pusimos manos a la obra para organizar el fin de semana; rentacar, appartment… iríamos a dormir a Pula, ciudad croata, y a la vuelta pararíamos en Izola y en Pirán, en la costa eslovena. Pero cuando despertamos el sábado, que es cuando empezaba nuestro viaje, el “casero” al que habíamos pagado 70leurotes y en donde nos quedaríamos los 9 que íbamos de excursión, nos escribió pidiéndonos 100euros MÁS, así que le escribimos y deesonadamonada. Pero ahora viene la parte buena de Eslovenia; este país es tan pequeño que puedes ir a pasar el día a Croacia y volver a dormir a casa; en 2horasypico, ya estábamos en Pula. Cerca de Pula, una ciudad bonita y costera, estuvimos en Premantura, en un parque nacional con playas con aguas cristalinas y acantilados espectaculares; estuvimos el día entre la playa y los acantilados, bañándonos y tomando el sol (aquí hace bastante buen tiempo aún; en verano esto debe llenarse hasta los topes), comiendo unas pizzas y bureks (esto es típico turco; es como una empanada, que puede estar rellena de queso o de carne), escuchando a Marco tocando la guitarra, y mejorando cada vez más nuestro nivel de italiano (de inglés también). Por la noche, y tras intentar buscar un nefasto hostel que no existía, volvimos a Ljubljana. 

Al día siguiente, ya que habíamos alquilado el coche para dos días, volvimos a unirnos italianinis y españoles, esta vez con la incorporación de un macedonio, para ir a Izola y Pirán, dos ciudades en la costa eslovena. En una hora y poco, estábamos allí. Ahora sí que sí, que estábamos en Eslovenia, volvimos a aprovechar nuestro studenski; son los primeros días, y hay que sacarle el máximo partido. Pirán es una ciudad en la que no puedes entrar si vas en coche; hay un superaparcamiento afuera, donde aparcas y vas andando al centro de la ciudad. Tiene un puerto muy bonito, y una torre a la que subimos y desde la que se veía toda la ciudad; mar por todas partes, tejados rojizos y un poco de viento (de este que sienta bien y te hace sentir como en casa).


En la plaza principal nos tomamos un helaíto mientras un mushasho tocaba el saxofón y, tras ver la puesta de sol, volvimos a casa.


En casa, ahora mismo no vivimos MJ, Jurij y yo, sino que ayer, cuando volvimos de nuestra excursión dominguera por la costa, conocimos a Nate, nuestro nuevo compañero de piso, y que comparte habitación con Jurij. Hoy, hemos estado tomando algo con nuestros dos (guaperas) compañeros de piso; es gracioso, porque la mayoría de guiris por aquí saben palabras españolas gracias a las telenovelas. Nate sabe decir “hola señorita, vamos a bailar” y Juric se sabe la canción de la cucaracha. Esto último lo sabemos porque, hace un ratillo, y para celebrar nuestro primer día como compañeros de piso, MJ y Jurij han tenido el primer episodio de matarauninsectoencasa, bajo la cama de MJ, los dos tumbados, con una linterna, algunos gritos y risas, muchas risas.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Bled y hogardulcehogar.

Desde aquel cafelito con los eslovenos que casi nos encontraron un piso en el que vivir hasta ahora, que estoy escribiendo desde nuestro nuevo cuarto, han pasado unos días. MJ y yo hemos pasado de compartir cama y vernos la señora doubtfire cada noche un poquito, a compartir cuarto, tener unos super escritorios con un ventanal que da a un huerto, y compartir cocina y salón con nuestro alto, rubio y de ojos azules casero. 

Al día siguiente de conocer a Maja, su novio y su amigo, fuimos con el novio a visitar el piso que nos habían conseguido; era una señora mayor que no sabía hablar inglés, y con un piso genial, aunque quizás un poco caro. La señora sabía cuatro palabras en inglés y con esas todo el rato intentaba hablar con nosotras: basta con que quieras hablar inglés; no es tan necesario el saber como el querer. Tras ver este superpiso, que MJ y yo estábamos prácticamente seguras que nos quedaríamos, quedamos con Jurij (Yuri), nuestro nuevo casero. Era un pisito bastante más pequeñito, pero también más barato. En un rato, nos vimos tomándonos un cafelito y compartiendo las migas de un croissant con unos gorriones que se posaban en mi plato, decidiendo con cuál de los dos nos quedaríamos. Y aquí estoy, escribiendo desde ancáYuri. 

Los que vivían aquí se han dejado té, mermelada, una especie de chorizo y espaguetis. Y los espaguetis ya nos los hemos zampao. No tenemos pensado comprar mucha comida, porque el 1 de Octubre ya somos estudiantes oficialmente en Eslovenia, y podremos utilizar nuestro Studenski Boni; la llegada del StudenskiBoni la estamos viviendo con verdadera excitación. Es un bono con el cual los estudiantes pueden comer 22 veces al mes con muchísimo descuento en la mayoría de bares de la ciudad. 

Antes de ayer organizamos una excursión al Lago Bled; italianinisyespañoles. La ida la hicimos en autobús, donde conocí a Nick, un chaval medio indio medio niuyorquino que estaba en Eslovenia trabajando. Él era asistente de producción o algo así (Richald, no sé si eso existe), y estaba grabando un anuncio para Mac, iPhones y cosas de esas. Me dijo, necesitaban a gente de pelo moreno (porque el anuncio no iba destinado a público guiri oséase de pelo rubio), y que si yo quería podía aparecer en su anuncio. Me habría hecho mundialmente famosa si no fuese porque su jefe (con el cual se llevaba muy bien; él tenía que estar a las 7 de la mañana en el trabajo y eran las 11 cuando nos conocimos en el autobús, y decía que a su jefe no le importaba) le llamó a mitad de camino para decirle que no iban a grabar en Bled, sino en otro pueblecillo cercano, así que ahí se acabó mi fama. Tras despedirnos de Nick, nos fuimos a investigar el lago. 

Es un lago super bonito, con mucha gente haciendo turismo, andando por las montañas de por allí y, cómo no, en bici portoslaos. Ahí se celebran algunas pruebas de las Olimpiadas. En mitad del Lago hay una isla, a la que llegamos alquilando barquitas con remo. Y ese día había competiciones; gente midiendo sus marcas con las canoas y los kayaks, una grada con gente animándoles, ellos con dorsales, en fin, mucho jaleillo yatusabe. Pues italianinisyespañoles en barcas con remos y tratando de llegar a la isla… Nos metimos en mitad de una “¿calle?” por la que competían; era difícil mover la barca, y no iba ni palante ni patrás; se ve que le fastidiamos a una la competición. Ella ya no nos habló en inglés; tal y como pasaba flechaita en su canoa, nos echó una maldición en esloveno, y agua. Sanos y salvos (esta vez, más sanos que salvos), llegamos a la islita, donde pagamos pa entrar a la Iglesia y tocar la campana de la suerte (creo que esto se lo inventó alguno de los de la excursión). Volvimos a tierra, y comimos un buen bocata, que acompañamos 5 españoles de un baño en el lago. ¡El agua estaba helaita! Subimos también a un castillo, desde donde se veía el lago y la isla, con unas vistas muy chulas, y dimos fin a la excursión.


Pero la vuelta la hicimos en taxi; fue más barato, más rápido, y, sin duda alguna, el mejor viaje en taxi de mi vida. Realmente, no sé muy bien si era un taxi o una discoteca con ruedas (música que vibraban los cristales, luces de colores, la gente bailando). Enfin, una gran excursión.

Hoy ha sido nuestro primer día de facultad normal: clases y prácticas. Comienza la vidadura. Anoche estuvimos en un conciertillo de Jazz, una pandilla en la que había españoles, italianinis, franchutis, macedonios, una chavala de Grecia y otra de Eslovenia. Es gracioso, porque a veces cuando me quería dar cuenta, llevaba un rato hablando con un español en inglés. 

(¡Gracias a todos por los comentarios!)