Una de las primeras cosas que hicimos al llegar (uno de esos asuntosserios, Migue) fue ir a la Embajada. Conocimos el primer día de clase a Marina y Pablo, quienes nos dijeron que teníamos que ir; ¿para qué? En octubre tendríamos una paella con la SeñoraEmbajadora. Así que ahí que fuimos a inscribirnos, todo fuese por la paella.
Estos días no hemos hecho excursión ni hemos salido demasiado por ahí; la razón primordial es que hoy teníamos examen práctico de Otorhinolaryngology (eso, y que he estado estudiando una asignatura que tengo pendiente en España, y tenía una cita por Skype con mi profesor). Se han ido sucediendo estos días entre estudio en la biblioteca de mi facultad (con cojines en los pasillos, en las escaleras, puffs para relajarse, y bolasdeesasdelasqueseusanenyoga junto a las sillas, y con flexos en cada mesa porque aquí no hay tanta luz), estudio en la biblioteca técnica (que está en uno de los edificios más altos de Ljubljana, en el centro), y algún que otro cafelito.
Tras intercambiar varios correos electrónicos con mi profesor español, quedamos en que el sábado tendríamos la primera tutoría. Lo que no quedó muy claro fue la hora. El viernes, y aprovechando que algunos españoleseitalianinis de nuestra clase habían tenido examen de otra asignatura, decidimos salir a dar una vueltecilla. Fuimos a RoznaDolina, la residencia donde viven la mayoría. Allí nos encontramos con la pandilla de italianos en un pasillo, tocando la guitarra, con acompañamiento de murga y armónica y, cuando finalizó la actuación, pusimos rumbo a Metelkova. Este es un lugar cerca de casa, en el que varios garitos se sitúan alrededor de un par de plazas-descampados y en donde, mires a donde mires, todo está cubierto de grafitis. Ahí estuvimos un rato, nos tomamos un chupito de Borovnicevec (Boroniska o algo así para nuestros oídos), que es un licor típico de aquí, en el que dentro de la botella te encuentras arándanos, y, cuando era la una o así, recibí un correo de mi profesor de España, citándome para el Skype a las 8 de la mañana. Así que dimos por finalizada nuestra noche en Metelkova, no sin antes comernos un trozo de pizza, y nos fuimos a dormir.
Al día siguiente, y tras la tutoría, MJ, Marina y yo, salimos a disfrutar del soleado sábado que se nos presentaba. Fuimos al mercado, llenísimo de puestos vendiendo ropa, fruta, verduras y muchas flores, y subimos al Castillo. Antes de subir, para coger fuerzas, comimos las tres en un sitio en pleno centro, al solecito en una terraza, SIN studenskiboni, un plato de pasta y una ensalada, todo muy rico y barato. La ciudad en estos días tan soleados ha estado preciosa; hay mucha gente en la calle durante el día (cuando se pone el sol se nota bastante menos gente), familias, pandillas, mucho bebé (aquí te dan permiso por maternidad de un año) gente en patinete, guiris, ancianas en bici. Al castillo MJ y yo ya habíamos subido el día que aterrizamos en Ljubljana, pero no habíamos entrado, ni habíamos subido a la torre que tiene, así que, siguiendo las recomendaciones de nuestros amigos macedonios, tras comer, subimos. Las vistas desde la Torre son geniales.
Tras estar ahí arriba un buen rato, bajamos por un caminito campestre, por donde caminaba también algún que otro japonés que venía del castillo (aquícomoentoslaos, hayjaponesesamontones). Nos tomamos un cafelito en nuestra cafetería favorita, que ya se ha ganado el título de cafetería favorita, porque es donde desayunábamos nuestros primeros días aquí, que está muy cerca del hostelito donde nos albergábamos, y porque tienen el que probablemente sea el mejor croissant de Ljubljana (eso dicen los carteles en la cafetería, y mi paladar lo corrobora-aunqueaúnnolohayacomparaocontodaslascafeteríasdelaciudad), y porque vienen los gorriones ahí a revolotear, juguetear y casi charlar contigo.
El resto del sábado, y ayer domingo, lo empleamos en estudiar para nuestro examen práctico de hoy. El examen ha sido curioso; hemos llegado al aula en que hemos estado haciendo las prácticas todos estos días y, de la misma forma en que hemos estado practicando, ha sido el examen. Todos charlando con todos, charlasdefiestaserasmusentreexploracióndelalaringeylazoreja, el profesor explicando cosas de las que nadie se acordaba, espejos y luces, bocas por dentro, narices, palpacionesdelcuellocuasimasajes, y el profesor pasando lista al final del examen, aprobando uno a uno según estuviésemos allí. (Los eslovenos de nuestra clase dicen que el examen teórico, que es dentro de una semana, es algo más difícil, a ver qué tal es.) Decir que, de todas las prácticas que hemos hecho de esta asignatura, sólo he escuchado mi nombre dos días; uno, ha sido hoy,¡ pa ponerme el aprobado!, y el otro, el primer día. El resto de días, según nos dijeron nuestros colegas eslovenos, no se nos pasaba lista a los Erasmus porque la enfermera no sabía cómo pronunciar nuestros nombres y, directamente, nos ponía que habíamos asistido.
Tras el duro examen de hoy, nos fuimos a nuestra cita con la Embajadora. El día de la paella había llegado, y ese día era hoy.
La paella (a la que aquí le echan chorizo) ha consistido en comer en el patio de la embajada, con laSeñoraEmbajadora, la argentinasecretaria, y los Erasmus españoles que estamos aquí. Tras unas palabritas de la embajadora subida en una silla pa que la viésemos bien, y leernos un Telegrama del Rey personalmente dirigido a nosotros, nos hemos zampao la paella, hemos repetido, hay quien ha sacado el tupper, y, habiendo comido un par de pastelitos, nos hemos ido.
Y así se suceden los días por aquí. Hoy, a la vuelta de la biblioteca, me ha caído un poco de chirimiri. Creo que voy a tener que ir usando mi paraguas.


Se ve en la foto que tenían a mano solo chorizos para la paella, parece que demasiados. Ya le podían haber echado unas gambas, las podían haber comprado con una tarjeta black.
ResponderEliminarEsto no se lo digas a tu amiga la embajadora que no te invita más