Un día te sientas delante del ordenador y te da por mirar cuándo fue la última vez que pasastedesopa, y te das cuenta de que hace casi veinte días que no escribes nada en tu blog erasmusil. Me he puesto a intentar hacer memoria de todo lo pasado y ocurrido en estas semanas y he caído en la cuenta de que cuando uno no escribe lo que le va pasando, los sentimientos y recuerdos se desordenan más de lo normal. Así que me pido autoperdón, y me propongo retomar esto de la escritura de aquí al fin de los tiempos.
Estos últimos tiempos han sido tiempos de visitas. El día de la llegada de Graciela, Celia y María Luisa mi barriga decidió revolverse y quejarse un poco; tengo la teoría (y puedo demostrarla) de que el motivo de mis retortijones barriguiles era la llegada de nuestras amigas. Otras fuentes apuntan a que la razón fue la comilona que al salir de nuestro examen de Emergency nos pegamos MJ y yo en el chino. A saber.
El día que ellas llegaron, teníamos fiesta de despedida. Que ya de paso, se convertiría en fiesta de bienvenida. Se iba Marianna, así que organizó una cena en su casa, en donde vivía con los italianos Federico y Marco. Mucha gente acudió a la fiesta; italianos, españoles, checos y, contribuyendo a mi malestar estomaquil, todo el mundo llevó algo de comer a lo que era difícil decir que no; algunos dirán que me inché, pero dejémoslo en que caté un poco de todo: pizzas, bureks y demás cosas saladas, seguidas de tartas y brownies de diferentes texturas y sabores. Si a todo esto le añadimos alguna que otra cervecilla para poder bajar tanto bizcocho, quizás podamos entender mejor el estado intestinal con el que me encontré aquellos días. Esa noche la despedida acabó en ROG, cuyas iniciales significan Respect Or Go, y que es un barecillo en el que te vacías de centimillos los bolsillos, pues hay que pagar la voluntad para entrar, y en cuyo interior se escuchan diferentes estilos de música dependiendo del día, y en cuyo exterior puedes charlar mientras estás en un skatepark.
El resto de los días se sucedieron rápido, tan rápido como cuando se pasa el tiempo cuando te lo estás pasando muy bien y sólo paras en casa para descansar y coger algo de fuerzas para la siguiente excursión/ fiesta. Fueron días de turismo y carnavales.
En cuanto a lo primero, visitamos todo lo visitable en el centro de Ljubljana, las callecitas y algún barecillo, subimos al castillo y fuimos al Tivoli; disfrutamos de los paisajes aún nevados, fuimos como buenas guiris a la oficina de turismo y subimos a una iglesia rosa que hay dentro del Tivoli a ver el atardecer.
(De dcha a izda, Hanna-unaamigaalemanadeMarco, Graciela, Celia, MaríaLuisa, Marco, MJ y yo, tras la no vista de la cascada.)
Además, hicimos la obligada excursión a los lagos de Bohinj y Bled. En Bohinj, que es un lago menos turístico, más grande pero menos profundo (fuentes informadoras Marco Lenzi, que estuvo explicándonos las diferencias internas de los lagos, según fuesen de origen glacial o no) hay una cascada bastante bonita y espectacular, para cuyas vistas hay que andar un rato subiendo escaleras de madera por el monte. Todo estaba nevado y helado, con lo que, unido al hambre, al dolor de barriga de alguna y al frío pero calorín que te da ese tipo de subidas, la ruta se nos hizo algo durilla. Sorpresa la nuestra, que al llegar no se veía la cascada debido a la niebla que había. Afortunadamente, en estos tiempos que corren, siempre llevamos el móvil encima, así que allí, delante de aquella cascada invisible para nosotras, les enseñamos a nuestras amigas las turistas un vídeo que grabamos la otra vez que MJ y yo la habíamos visitado, y casi casi hizo el papel. Comimos sándwiches y fuet con más hambre que frío, aunque la cosa estaba reñida, debido a que alguna de nosotras se había dedicado a tirarse ladera abajo sobre la nieve con la consiguiente mojadez del cuerpo entero y frio pelón, y, tras ello, nos fuimos a Bled, desde donde vimos el atardecer y nos tomamos un cafelito/té/CocaCola/vinito. Quediga… chocolatecalentito.
Al día siguiente, y para demostrar que estamos en un país de contrastes y paraísos, nos fuimos a la costa. Piran nos esperaba con un sol radiante y un cielo tremendamente azul, así que disfrutamos del día de paseo, tomándonos una cervecita o en su defecto un yogur líquido para aquellas con las barrigas problemáticas en una terraza junto al mar, y vimos el atardecer desde unas roquitas donde Celia casi decide darse un chapuzón.
Eso, con respecto a los viajes. En cuanto a las fiestecillas, esos días en Ljubljana se celebraba el carnaval; un día, fuimos al de Metelkova, donde pagabas 10euros por entrar en todos los bares donde había conciertillos en directo. Españolas nosotras, que salimos a la hora española, no pillamos ya conciertos (a excepción de unos que cantaban en esloveno) aunque sí que disfrutamos de los diferentes bares y sus distintas músicas y de los variopintos disfraces de la peña. Además, fuimos otro día al carnaval de Rožna Dolina. Jurij nos dijo, en carnaval había una gran fiesta en Rožna, cosa de la cual nos cercioramos hablando con algunos de los amigos que allí tenemos, que nos dijeron que habían puesto una carpa. Ingenuas nosotras que no sabíamos que aquí el carnaval se vivía tan intensamente, no habíamos preparado nada hasta esa misma noche, que nos vimos en casa pensando qué hacer. Mientras Celia esa noche se quedó durmiendo en casa, Graciela se disfrazó de atleta (disfraz que para ella NO es disfraz, que el que es atleta lo es hasta la muerte), MJ de bigotes (oséase, con un bigote pintado en la cara y una perilla) y yo de jugadora de baloncesto (aquí digo lo mismo que he dicho con Graciela), para lo cual me construí la cosa más cutre que he construido en mucho tiempo (creo que sólo lo igualaría un sofá que creé cuando era pequeña a base de alfileres), una canasta y una pelota de papel que NO entraba por el aro de mi canasta.
Así que fuimos a Rožna Dolina, ese complejo residencial que estaba ese día viviendo la mayor fiesta que he presenciado aquí jamás; había una carpa a la que no entramos, y muchísima gente con disfraces de todo tipo al aire libre. Además, entré al edificio de los erasmus y a dos de los eslovenos, uno de los cuales olía a paja porque, según me dijeron, un menda se había disfrazado de cama de paja y estaban todos los pasillos y escaleras llenas de paja y harina, como si un tractor hubiese pasado por allí. Esa noche, que la acabamos comiendo una hamburguesa en un 24h que tiene la mejor hamburguesa de toda Ljubljana, estuvimos con Jurij y sus amigos, le dijimos adiós a Vojta, cosa la cual me dio mucha pena, y su disfraz, una caja que era un paquete de tabaco, pasó a formar parte de MJ, que cambió su disfraz de bigotes por el de cajetilla.
Uno de esos días, Richard me había mandado un whatsapp en el que decía: “estoy pensando ir un día de estos de sorpresa a Ljubljana”. Lo leí estando en clase, se lo enseñé a MJ, y nos reímos. El pánico empezó a cundir cuando, en el coche dirección Piran, le dijimos a Graciela lo que Richard me había escrito, y su sonrisa la delató. Se sucedieron los días entre intentos de sonsacarle información y quitarle el móvil para ver sus conversaciones con Ricardo. Se sucedieron, en mi caso, intentando averiguar cualquier dato preguntando a todos, dudando de todos incluso de mi sombra, y creyendo que Ricardo aparecería en cualquier momento por la puerta pero no… no llegaba…
Todo este no parar se intercalaba de algunas clases y prácticas a las que acudir, más muerta que viva, y con menos siestas de las que deberíamos. El jueves pasado, mientras Celia y Graciela estaban en Zagreb, ciudad la cual les gustó mucho, aunque NO MÁS QUE LJUBLJANA, decidí, medio por mi aún dolorosa barriga, medio por el peso de mis párpados, no ir a comer al africano con unos cuantos al acabar las clases, e irme a dormir un poco a casa.
djos mjo, qué emocjonante!!! Por el final del post parece que se avecina una buena... ¿por qué si no sacrificaste la comida en el restauráfrica? Diossssss....
ResponderEliminarMuy buena la mencjon al sofá alfileril. Épico. Segudna parte YA!!