Escribo esto desde el aeropuerto de Milán. Son las... no sé qué hora es porque mi móvil se ha quedado sin batería pero la última vez que lo miré eran las 3.15 am. Nuestro vuelo sale a las 7. Mi conductor del GoOpti se llamaba Milan. Qué cosas. Llamarte Milan y que tu trabajo sea conducir (a tristes erasmus que acaban su experiencia, o a excitadas erasmus que la comienzan) hasta Milán debe ser algo así como llamarse Celia y vivir en Celje. Ay... Celje, Celje, ese pueblo esloveno al que nunca fui.
Al final (sí, al final... que esto ya se ha acabado) me han quedado cosas por hacer. Y es que esa es una de las cosas del erasmus, y de la vida supongo en general; que siempre, siempre, habrá cosas que hacer. La última vez que escribí fue hace dieciocho días y desde entonces he recordado la existencia de pasodesopa en determinadas situaciones; aquellos días que estuve de viaje, en el nuevo lago al sur de Ljubljana, en Velika Planina o en Smarna Gora (oséase, hace unas escasas horas antes de despedirme de esta ciudad), por hacerme pensar que me hallaba en los lugares más preciosos de la tierra con una preciosa compañía y las ganas de compartirlo que ello conlleva; aquellas veces en que el cúmulo de sentimientos de felicidad, tristeza, excitación, nostalgia y de vivencias casi me desbordaban, por mis ganas de utilizar el blog a modo de diario; y aquellos que debido al calor pasabadesopa de la de verdad.
Pero poco a poco han pasado esos dieciocho días, no he escrito nada y ahora me resulta imposible escribir algo que pueda en cierto modo definir o representar lo vivido estas últimas semanas... Hoy, cuando estábamos en lo alto de Smarna Gora, que es una colina desde la que se ve toda Ljubljana y sus alrededores, Ania y Jurij se enteraban de la existencia de pasodesopa. En la despedida en la estación, me pedían un último post en inglés. No sé qué hacer.
En estos dieciocho días ha pasado de todo. Ha habido días de calor, y de lluvia; días de sofocante calor en los que teníamos que abrir las ventanas durante las noches, días de calor cuando Marco (Lenzi, que a estas alturas de la vida cabría diferenciarlo de Marco de Angelis) se vino a vivir sus últimos días a casa con nosotras, días de calor que solucionábamos con helados en Cacao o algún baño en el lago... días de sol y las primeras quemadas (pregúntenle a Ania o a Marco De Angelis) y días de frío y lluvia, que da igual que ya estemos en verano; dolores de garganta y ventanas cerradas por la noche, tormentas y paraguas... paraguas prestados como excusas para volver a encontrarte con alguien, charcos y pies mojados, frío de volver a usar pañuelo y más de una manga y lluvias en cada despedida... Tras el soleado día de ayer que curiosamente comenzaba en Rozna, seguía con comilona a la vera del río y proseguía con una sudorosa subida a Smarna Gora... tras el soleado día, Ljubljana me despedía lloviendo.
En fin... que sí, que ha pasado de todo. Hemos finalizado todas las asignaturas que nos trajimos; aprobamos cardio sin tener ni pajolera idea y hemos salido de parranda a un ritmo que no hubiera imaginado. Hemos pasado las resacas en Tivoli a la sombra de algún árbol, hemos enseñado canciones populares españolas a nuestros amigos los polacos y hemos comido muchos ositos Haribo... al fin he logrado contar del uno al nueve en polaco y hemos hecho uso del "ne govorim slovensko", he aprovechado para usar "bye", "ciao", "adijo" o "nasvidenje" a mis anchas. Mi nivel de italiano también ha aumentado y considero decir "piacere di conoscerti" a la perfección. Hemos seguido haciendo turismo y descubriendo nuevos bares, hemos visto un pavo real en mitad de la calle en el centro de la ciudad, comido pizzas y bebido Laskos a un ritmo avanzado, escuchado Jazz, disfrutado RoG y hemos pasado increíbles noches en Metelkova.
Han sido días de preguntarse "¿por qué no?" y responderse "¡porque sí!". De todo ha pasado en estos dieciocho días; despedidas, reencuentros, profundización de amistades, conocer gente nueva hasta el último momento.
Mi última noche en Ljubljana estuve en la despedida de Martynas, un lituano con el que no había hablado jamás en mi vida y con el que acabé abrazándome como si de mi colega de toda la vida se tratase y es que siempre, siempre, tendrás algo que hacer y a alguien a quien conocer (más). Nunca es demasiado tarde (¿nunca?). Y es que tras la emotiva despedida de Weronika poco a poco se fueron sucediendo más despedidas; Fede, Marco y MJ tras una noche de desenfreno (con el ibuprofeno mañananero correspondiente), Gianmarco en su auto y Marina, que volvía a España previo a su viaje Tailandés. Y sin contar las de cada noche en Rozna Dolina. Días difíciles para los soñadores en Rozna, ya lo podría haber dicho Amelie. O días de ensueño más bien.
Así mismo vivimos reencuentros; que Marina se había ido de Balkan trip con Marina y pensábamos no volver a verla y sí, ahí que llegaron ambas para los croissants predespedida de Marco y MJ y para acompañarles a la estación en donde en la mezcla de sentimientos y sensaciones predominaba la tristeza, acompañada de resaca, cansancio, sueño.
Además de los reencuentros y las despedidas, estos dieciocho días han sido días de profundizar con mucha gente; las dos Monikas (gracias por ese último sándwich minutos antes de abandonar la ciudad), Derya (cuyos bureks no llegué a probar a pesar de que con mucho cariño los preparó durante sus recetas ramadaniles) y Ana, todas siempre dispuestas a charlar y charlar y echar las horas en los bares de Jazz de Ljubljana acompañadas de Gianmarco. Ania y Dawid, con quienes compartimos en estas últimas semanas todo aquello de lo que me arrepiento de no haber compartido el resto del curso; comidas, cervezas, charlas y muchas risas. Goran, ese macedonio de treinta tacos detective con el mejor acento español jamás encontrado. Y Marco de Angelis. Y su forma de decir mi nombre. Y ratos y más ratos con Ale, Pablo, Jurij. Todos estos últimos aún disfrutan de Ljubljana.
Hoy había cena macedonia en la cocina (“¿la cocina?”, digo “la cocina” como diría ir a “la casa”, como si sólo hubiese una, como si esa cocina fuese mi, parte de, nuestro hogar) de Rozna. Son las cuatro y pico de la mañana, por lo que probablemente el mayor meollo roznil se habrá ido ya a dormir. Pero seguro que quedan Ale o Marco, o Goran, danzando por ahí. La noche en que Gianmarco y Marina se fueron, nos quedamos Ale, Marco y yo como únicos remanentes en la cocina a altas horas de la madrugada, y cocinaron la cosa más exquisita que haya probado jamás (no sé cuál es el porcentaje de subjetividad de esto, qué más da); una fritada con pimientos verdes, rojos y amarillos, cebolla, queso y huevos que Marco se encargó de cocinar de forma que la clara quedase batida y las yemas quedasen tal cual ante la atónita mirada de Ale y ante mi hambrienta mirada, y fue genial.
MJ debe estar de camino con Marco, así que me he movido del suelo en el que estaba sentada y ahora la espero enfrente del control de pulisía para poder pasarlo juntas y decir adiós a Marco, a quién afortunadamente volveré a ver en Agosto. Una vez más, reencuentros, despedidas.
El cuarto de Ljubljana se ha quedado vacío por completo; al bueno de Jurij le tocará poner alguna lavadora con las cientos de sábanas sucias que se han quedado allí tras tanto transeúnte por nuestro cuarto. Gala Málaga se traslada a Málaga y Jurij promete visitar. Tuvimos la suerte del siglo encontrándole.
Tuvimos la suerte del siglo encontrándonos todos aquí. Venir con MJ fue una de las mejores decisiones de mi vida. Venir, en general… Recuerdo cuando pensaba en ponerle a mi blog de título: perdidaenLjubljana. Hice bien en no hacerlo; lo único que no he hecho ha sido perderme. Han sido diez meses de encuentros. Todo ha sido descubrir; encontrarme, encontrar. Estaba ayer con Marco cuando me quedaban diez horas en Ljubljana… diez horas después de diez meses. Y en un abrir y cerrar de ojos y tras muchos abrazos que guardo para siempre, aquí estoy… ya he hecho el check-in y ya mismo me toca comerme la biodramina.
La parte buena de todo esto... es que después de tanta despedida, en España me esperan reencuentros. Así que allá voy.
Después de estas diez horas, de estos dieciocho días, de estos diez meses, se me hace imposible escribir un blog de conclusiones. “Vete de erasmus, vete sin pensártelo”, ese era el consejo que todo aquel que ya había estado de erasmus me decía cuando la indecisa de mí hace un año no sabía qué hacer. Y ahora comprendo por qué tan claro el consejo. Sin duda… vete de erasmus. He dormido desde antes de que el avión despegase… he dormido antes de comer, he dormido durante la tarde… y después de eso no sabía articular palabra al despertar; no sabía qué decir, cómo pensar, cómo hablar… he soñado durante las horas de siesta. Esto ha sido un sueño en vida, queridos lectores, y ahora me he quedado un poco sin palabras, como recién salida de una montaña rusa, como tras una sobredosis de biodramina que te hace profundamente soñar, desorientada, agradecida. Gracias, gracias.
(vídeo hecho por Cristina Morales.)
(vídeo hecho por Cristina Morales.)
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