sábado, 17 de enero de 2015

Johanna, tu padre, la puerta no me abre.

La idea de tener una asignatura en la que no hay clases ni los lunes ni los viernes no habría pasado por mi mente ni en el mejor de los sueños. Y estar aquí, queridos lectores, está siendo (en todos los aspectos) de ensueño. 

Así que desde que volvimos de las vacaciones en España, hemos estado yendo tres días a la semana a clase. No había querido mencionar este dato hasta hoy para evitar posibles sentimientos de odio hacia mi persona, pero no me podía aguantar más. De todas formas, no lo volveré a repetir, ahí ha quedado. En mi defensa también mencionaré que a los dos días de llegar, tuve que hacer una exposición de un tema de esta asignatura. 

Exposición que, tras el intento fallido de meter el gordo pendrive-vaca de MJ en el ordenador de la clase, intentar toquetear el ordenador con todo en esloveno, que alguien me pasase su pendrive y se me cayese, tener que salir de clase a otro ordenador con mi profesor para guardarlo en otro pendrive, darle sin querer a que el ordenador empezase a analizar los virus de este nuevo pen y, entre nervios y risas, de las 8 diapositivas de mi trabajo (una, la portada; otra, el índice; otra, el Hvala final) hablar de tres de ellas (porque mi tema ya lo habían explicado unos compañeros minutos antes y el profesor me pedía que me las saltase) en aproximadamente un minuto, el profesor calificó de “short and sweet”. 

Además, hemos aprendido a poner escayolas (Migue, ya sabes cómo acabará la cosa la próxima vez que te cure esa herida). Quizás para poner nuestros conocimientos traumatólogos a prueba, esta tarde vamos a ir a patinar sobre hielo. Han puesto en la plaza de la Republike una pista para patinar, en la que el otro día estuvimos viendo un partido de hockey sobre hielo de niños pequeños, y hay otra pista, cubierta, en el Tivoli. Y a esta es a la que vamos a ir.

Anoche estuvimos en la casa de los chechos y los catalanes en una fiestecilla. Gregor’s house es una de las casas que visitamos MJ y yo al llegar, cuando vivíamos en el H2Ohostel y no sabíamos aún de la existencia de Jurij. Gregor es el casero, y tiene un edificio dividido en dos, en los cuales viven muchos estudiantes. Recuerdo a Albert el día que visitamos su casa. Él, que también estudia medicina, estaba allí ya viviendo. Luego, nos conocimos por la facultad y siempre fuimos “las dos que no nos quisimos quedar a vivir con ellos”. El punto negativo que sacamos de esa casa y que nos hizo no quedarnos allí, es que no tiene salón; una mini cocina y un cuarto de baño para compartir entre muchas personas. Y quizás ese punto negativo ayer se convirtió en positivo. Seríamos unas veinte personas en la fiesta de ayer, en un trozo de pasillo y el pequeño cuarto de los checos. Así que allí estuvimos, en la que pudo haber sido nuestra casa por un momento, con guitarras, armónica, flauta, un piano y cosillas de picoteo, alguna cervecilla y un poco de vino caliente, que hicieron de la noche de ayer una gran noche. 

Dicen que la policía estuvo de visita, no sé, porque alguno tocó la guitarra algo más fuerte de la cuenta… en la calle. Pero de eso no estoy muy segura. 

Por las calles de Ljubljana ya no queda nieve de aquella gran nevada, y ni si quiera hace frio aunque, no sé, se acaba el cuatrimestre, y en las próximas semanas vamos a despedir a algunos amigos que ya se vuelven. Se irán los checos (Agáta, Vojta), las italianas (Marianna, Giada), los catalanes (Oriol, Albert) y Félix, el alemán, y al pensarlo sí que me da un poco de fresquillo.

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