Hoy ha sido el día que más frio he pasado en Ljubljana. Coincidiendo, (no sé si casual o causalmente) hoy ha sido el día en que Felix, Oriol y Albert han volado a sus respectivas ciudades origen. Nos despedimos de ellos el martes pasado, pues al día siguiente se irían a Budapest a pasar los últimos días erasmus (¿últimos días erasmus?) acompañados de Marco, Pablo, Weronica y Agáta y, bueno, Vojta, que no sé aún si llegó a Budapest o no, pero que, decía, trataría de ir haciendo dedo.
Aunque lo que más me hubiese gustado en esos momentos habría sido coger la mochila e irme a Budapest con ellos, no podía (o más bien, no debía, que poder poder sí que podía y quizás, debería haberlo hecho) porque durante esta semana hemos tenido clases y prácticas de una nueva asignatura, Emergency Medical Cares y, además, el jueves tenía un examen (que más me habría valido no hacerlo) y el viernes otro, de Musculoskeletal, esta gran asignatura que nos ha tenido sin clases los lunes y viernes durante cuatro semanas.
He de reconocer que escribo este blog con más pena y enfado, y quizás algo de enfado y pena, que otras cosas. Pero bueno, c’est la vie. (Y ahora es cuando mamá, tú podrías decir, ¿¿se la vi??¡No digas guarrerías niña!)
A pesar de que alguna de las clases de esta semana han merecido la pena, he presenciado alguna en que hemos pasado la mañana entera viendo videos de armas de destrucción masiva, ondas expansivas de bombas, escuchando a un cirujano militar contarnos su experiencia en Afganistán, siempre con la pistola encima, viendo alguna foto del hijo del profesor con algún gran misil en algún museo ennosédónde o viendo videos de coches bomba o de cómo construir una bomba suicida y viendo cómo tras ponérsela, un maniquí salía volando por los aires. Cosas útiles.
Así que bueno, quizás algunas cosas de emergencias hayan estado bien, pero personalmente, termino esta semana de clases algo decepcionada. La predisposición personal también cuenta mucho por lo que, mea culpa, que quizás tampoco haya estado yo cienporcien por la labor.
Estas clases han ido acompañadas de dos prácticas en el hospital. La primera de ellas, fue el lunes. Yo llegué al hospital con mis pantalones térmicos bajo los vaqueros porque esta semana ha estado nevando y ha estado haciendo bastante fresquíbiri y, además, había pillado un minicatarro de esos consistentes en noteseparesdelclínexporunsegundoporqueenelmomentomásinoportunolamoquerallegará. Tras dejar mi mochila en una taquilla y ponerme mi bata de manga larga (que, para mi asombro, ahí era yo, la que traía la bata de Málaga, la única con bata de manga larga; todos los eslovenos la llevaban de manga corta) una enfermera me llevó al médico con el que me tocaba estar.
He de decir que en España algunas prácticas son para nosotros los estudiantes como ser un árbol en una consulta; nadie nos dice nada, nadie se dirige a nosotros, el médico (parece que) no sabe de nuestra existencia casi. Pero en España al menos, aunque nadie te eche cuentas, ni en falta, tú estás ahí, a lo árbol, pero entendiendo qué habla el paciente con el médico, entendiendo qué se dicen entre sí los diferentes médicos y enfermeros y, además, sabiendo por qué se ríen cuando lo hacen. Que parece que no, oye, pero la cosa cambia cuando eres un árbol en Eslovenia. Que no sabes ni por qué se ríen todos cuando estás ahí plantada en mitad del pasillo pasando el calorín con tus térmicos y la bata de manga larga, ni de qué pacientes hablan, ni qué le dicen al paciente de al lado para saber qué le pasa. Pero bueno, mala suerte se puede tener aquí y en Pekín, está vistoycomprobao.
Al encontrar a mi médico, me dijo, explorase a esa señora, que estaba en coma no sé sabía desde cuándo y estaban a la espera de un tac. Nunca había visto a alguien en coma, por lo que reconozco que me quedé un poco parada, no tenía la linternita para explorarle los ojos y, le dije al médico, que no sabía bien cómo hacerlo. Me dijo, mientras me dejaba su linterna, que para eso estaba yo allí, y se giró para leer cosas en su pantalla del ordenador. Así que ahí pasé gran parte de mi práctica, observando a la señora e intentando decirle cosas medio en español, medio en inglés, para ver si se despertaba. Pero nada, ella seguía en coma (del que salió minutos después, menos mal) y yo seguí con mi función de árbol.
Esa tarde me hice un amigo enfermero, con tatuajes y rapado, con el que estuve hablando de la situación económica, social y meteorológica de España, y de Eslovenia. Fue mi mejor amigo durante un rato. Pero tuvo que irse a dar la cena a los pacientes a eso de las cinco de la tarde (ya sabemos todos que las comidas en los hospitales tienen unos horarios quepaqué, más aún estando en países sguiris) con lo que tras darnos la mano y encantarnos de habernos conocido, me despedí de él. Acto tras el cual pedí una firmita a mi médico, y me marché.
Al día siguiente, me gustaría decir que salió el sol pero no, al día siguiente estuvo nevando bastante pero tomé la sàvia (i rebel) decisión de dejar los pantalones térmicos en casa y la verdad es que me topé con dos residentes que fueron muy apañaos, me explicaron cosas, vi pacientes que se habían caído por culpa del hielo, y no fui árbol ni arbusto, sino que estuve a gusto. Para que os hagáis una idea del calorín que hace en el hospital mientras que nieva afuera, he de decir que este día abandoné las prácticas cuando noté algo en mis dedos al meter las manos en el bolsillo de mi bata y era chocolate, chocolate derretido del bombón que la simpática enfermera al llegar me había regalado, y que ahora estaba manchando mi blanca bata.
Tras estar todo el día nevando, la despedida de Felix y los catalanes, en la ya conocida por vosotros queridos lectores, Gregor’s House, acabó siendo una noche en la que algunos de los allí presentes contribuimos (hablo en primera persona del plural porque ya que nombro el pecado considero oportuno no citar personalmente los pecadores en sí sino meternos a todos en el mismo saco)con nuestros ojos sin quererlo ni beberlo al aporte de sal para evitar la formación de hielo por la nevada caída.
Agridulces han sido estos días. Y he suspendido el examen.
Ya he dicho que escribo con tristeza y enfado, y mientras que la tristeza es por la despedida, el enfado bien se debe al examen. Pero creo que he escrito bastante por hoy, y la cosa no está demasiao interesante, así que mejor dejarlo para otra ocasión.
Hoy he hecho con MJ y Marianna el primer muñeco de nieve de mi vida. En cuestión de segundos ha llegado un simpático perro a destrozarlo y, entre risas, allí hemos dejado el cadáver de nuestro snowman, que al pobre no le ha dado tiempo a hacer nada en su corta vida.
Hoy, el día de mi primer muñeco de nieve. Hoy ha sido el día que más frio he pasado en Ljubljana. Coincidiendo, (no sé si casual o causalmente)… Más que en las casualidades, creo en las causalidades.
¡Buen viaje!
Aqui, en el sur de España, también está haciendo un frío que te rilas... como siga así yo también me voy a tener que poner unos térmicos.
ResponderEliminarAhora me acabo de releer este post, que a pesar de trasmitir un poco de tristeza y enfado(claras quedaron las causas), me ha gustado mucho, precisamente por cómo llega al corazoncito de aquí la lectora fiel. Nada, para adelante!, que aunque te sientas a veces como árbol o arbusto, ahí tienen el encanto de estar nevados y con algún bonito pajarito en alguna ramita, que eso es lo bueno!!!!
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