(Me he despertado esta mañana con una increíble inspiración para escribir un relato, todo debido al sueño que durante esta noche he tenido, y que, aprovechando que podría ser una historia de pasodesopa más si hubiese sido real, aquí abajo escribo.)
De cómo casi acabo en el calabozo por una prueba de la alergia no os he hablado.
De cómo casi acabo en el calabozo por una prueba de la alergia no os he hablado.
Me desperté esa mañana en Ljubljana, como viene siendo habitual desde hace unos meses y, ese mismo día M se despertaba en Antalya, Turquía. Hace un par de semanas, M se fue a Turquía por asuntos sectarios. No entraré más en ese tema debido a que todo lo que conlleva hablar de sectas acarrea asuntos tenebrosos, oscuros, sombríos. Además, M es una de las jefecillas así que, debo escribir con cautela pues, todo lo que conlleva hablar de asuntos tenebrosos, oscuros, sombríos, acarrea… No sé lo que acarrea, pero dejémoslo en que M se fue hace un par de semanas con IFMSA, la International Federation of Medical Students' Associations, con cuyo nombre podréis imaginar que lo de tenebroso, sombrío, oscuro, sectario, es relativo y quizás lo he escrito siendo invadida por un poco de envidia.
La cosa es que esa mañana que M se despertaba en Antalya, debía tener clase de alergology en Ljubjana (donde, casualmente, me desperté yo) a las ocho de la mañana. Antes de marcharse, M estuvo dudando si hacer saber a los profesores de las asignaturas a las que faltaría que no podría asistir a sus clases durante los días que en Turquía estuviese o no. Si se lo comunicaba, ellos serían conscientes en todo momento de su ausencia y, quién sabe, quizás a la vuelta debería recuperar las clases perdidas mientras que si no se lo decía, quizás ni se llegasen a dar cuenta.
Un par de días antes a esta mañana que relatando me hallo, recibí unos whatsapps de M en los que decía algo así como: “C, tengo un problema, y el problema se llama alergology”. En la asignatura de alergology hay dos alumnos. F, un italiano de Padova y M, que esa mañana amanecía en Turquía.
De forma paralela, justo el día antes de que M marchase, casualidades o causalidades de la vida, me empezó a picar el brazo, la espaldaculil y la oreja (M, seguro que te acuerdas). Llegamos a la conclusión de que después de haber estado durmiendo hasta cinco personas en nuestro cuarto con tanta visita, quizás había algún pequeño monstruito formándose en algún lugar entre alguna de mis sábanas o a saber dónde. Este dato habría sido insulso e insignificante si no fuese porque, desde ese día, prácticamente todos he vuelto a tener una especie de picazón, quizás achacable al monstruíto que aún no he encontrado, quizás a los ácaros (ácarus o mites) a los cuales soy alérgica, o quizás achacable al hipo o no hipo a cuya progresiva desaparición estoy siendo testigo últimamente.
Y claro, el día de la clase de alergología de M, quién estaba en Antalya, yo, que estaba en Ljubljana también tuve picores. Queridos lectores, vayamos al grano, que me voy por las ramas y de rama en rama puede una ardilla cruzar España pero nunca llegamos a donde quiero llegar; ese día, fui M por unas horas.
La cosa no habría tenido chiste de haber ido a una clase multitudinaria o simplemente a la típica clase erasmus con menos de veinte personas (pero más de dos) presentes a firmar por ella, qué sé yo, no habría tenido chiste. La cosa era mucho más excitante si se trataba de ir, sólo con F, ante una doctora con la que ya antes habían estado ambos dos una vez y, ¡más aún! si de paso me cruzaba con el profesor principal de la asignatura.
Pues eso, que no estoy muy segura pero creo que la suplantación de la identidad puede que sea incluso un delito, no sé yo. Espero que esto no sea leído por nadie aparte de vosotros, queridos lectores, y ya está.
Esa mañana, que amanecí en Ljubljana mientras que M amanecía en Antalya, fui a mi clase de alergology, donde me encontré con F, quién me guió hasta la puerta que, ya sí como M S, procedí a cruzar. Ese día me hice un moño (habéis de saber, fieles lectores, que M siempre lleva un despeinado pero a su vez muy bien hecho moño, despeinado de esos que no consigues siendo yo ni estando diez minutos enfrente del espejo) y me puse las gafas. M, miope a veces usa gafas de estas hipsters-grandes y, pensé, aunque las mías son de las pequeñas e hipermétropes, poniendo un cristal de por medio, como mínimo me sentiría más segura. Y tan segura, que nada más llegar le pregunté al profesor responsable de la asignatura que si podía marcharme ese día un poco antes de las prácticas (que no eran clases, sino prácticas en la consulta de alergología), así sin ni si quiera esperar a (volver a) ver a mi doctora. A partir de ahí, todo fue rodado.
La doctora, sentada a un metro de nosotras, nos preguntó que si nos habíamos estudiado lo que (habíamos quedado en que) debíamos estudiarnos para ese día. Afortunadamente (si me lo hubiese advertido mis nervios habrían sido mayores de la cuenta) yo no sabía nada de eso, así que, le dije, había estado muy liada últimamente. En un momento dado, F salió de la consulta y me dejó a mí, C-BoMSounamezcladeambasquizás, a SOLAS con la doctora, que, para hacerse algo más amiga mía, no me preguntó acerca de alérgenos o distintos tipos de autoinmunidades sino que, me preguntó amablemente que si teníamos examen de esa asignatura. Desafortunadamente M no me había facilitado datos de ningún tipo (las únicas instrucciones con las que yo iba a mi clase de alergology eran: “si te dice que no eres M, tu le dices que sí”) por lo que, frotándome continuamente la cabeza y rascándome de vez en cuando alguna parte de mi cuerpo debido a mi aún presente urticaria, y asemejando un gran grado de empanamiento, procedí a decirle que no no sabía. Estoy últimamente un poco perdida… me he cogido demasiadas asignaturas a la vez, tengo algunas en España también, y ni si quiera sé en cuáles tengo examen y en cuáles no.
Lo siento, M, pero mi falta de información te hizo quedar como empanada máxima, más aún si añadimos que me preguntó la doctora, “bueno… la otra vez, F, tú me dijiste que ya habías dado inmunología pero tú,…¿ tú me dijiste que no?” a lo que claro, yo sin saber, contesté “mmm sólo un poco. Necesito refrescar mis conocimientos” Y así se pasó la mañana, con la doctora haciendo referencia a cosas que yo le había dicho la anterior vez que nos habíamos conocido, haciéndonos saber que los ácaros en inglés se llaman mites o, como tú dijiste la anterior vez, M, ácarus. Y así finalizó, con una M en Antalya y yo en alergology hablando de ácaros, tratando de evitar rascarme pues, según tenía entendido, M ya se había hecho en las prácticas de alergology las pruebas de la alergia y yo, desinformada, ni si quiera sabía a qué era alérgica ella. A qué yo.
Así que mi mayor temor era que mi doctora me pillase,
me preguntase acerca de mis alergias o,
peor aún,
procediese a…
repetirme el test. Y descubriese que… no salían los mismos resultados que la otra vez.
Pues eso. Ya os he hablado de cómo casi acabo en el calabozo por una prueba de la alergia.
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