Y llegamos a Ljubljana, y nuestra conductora nos dejó cerca de Rozna Dolina. Aquellos que habéis transitado un poco esta ciudad, bien sabréis que la residencia no está lo que se dice cerca, cerca de mi casa. Se me había olvidado la tarjeta de la bici (ya nos lo repetían una y otra vez en nuestra primera semana aquí cuando llegamos en Septiembre: la Urbana Card, la Urbana Card… esa semana se hablaba de dos cosas como si sin ellas fuésemos a morir en este país hostil, extranjero; el permiso de residencia, sin el cual no podríamos vivir aquí, y el cual aprovecho para mostrar cada vez que se me pide algún tipo de documento de identidad con una gigantesca honra y orgullo de ser ciudadana eslovena o algo así, y la Urbana Card… que ese día me había dejado en casa), por lo que tuve que andar hasta Resljeva, nuestra casa.
Fue el camino más largo de mi vida. Parecía llevase piedras en el macuto, piedras o mejor dicho inmensos peñascos, y mis tobillos me pesaban cual tobillos de hierro a cada paso que daba. Lo de las uñas chocando con la parte delantera de mis botas, pa echarle de comer aparte (o pa mear y no echar ni gota, como más guste al lector).
Pero llegué, y si el camino había sido el camino más largo de mi vida por las calles de Ljubljana, la ducha fue la más placentera (sí, eso de ducharse puede llegar a ser placentero) jamás vivida.
Sintiéndome nueva persona, me encontré con Jurij, quien se había despedido de nosotros diciéndonos… “las montañas están llenas de checos… van como locos, van en chanclas, se creen que pueden hacerlo y no están nada preparados”, así que le estuve contando un poco nuestra experiencia en Grintovec con nuestro super checo Vojta, y se unió a la cena conmigo y los demás montañeros en el wok; aún estábamos a tiempo de usar el studentski boni (no sé si en el blog #1808 lo dije, pero a partir de las 20.00h no puedes hacer uso del bono). Mis compañeros autostopistas ya estaban allí, duchados y bien olientes, y el resto de autostopistas… el resto no tuvieron tanta suerte y acabaron cogiendo el autobús. Pero allí estaban, no tan perfumados y cargando sus macutos pero con el mismo hambre voraz que nosotros.
Y allí, y tras los múltiples planes que Vojta y Jurij hicieron (quedaron en verse en Praga, quedaron en verse en España), tocaba despedirse de Vojta. Él, al igual que Agáta, está aprendiendo a hablar español. Cuando dejó Ljubljana lo hizo sabiendo cómo decir: “esta noche la previsión del tiempo será dada por una chica rubia en pelotas”. Y al llegar a Praga, se apuntó a clases de español. Lo que interpreto de lo que nos cuenta, es que es el más empollón de la clase. Aprovecha las redacciones para invitar a su profesora a tomar café y ahora ha aprendido a decir “castaña”, que es más difícil que “rubia”. Antes de venir a visitarnos, había hecho un examen de español. Tenía varios temas a elegir para escribir la redacción, y uno de ellos era: el clima. Por supuesto, había elegido ese, y había aprovechado para meter su frase estrella, pero diciendo que la chica de la previsión del tiempo era castaña, en vez de rubia. Especialista en temas meteorológicos, Vojta, que juega en un equipo al kayak-polo, se va a ir este verano a trabajar a Nueva York a trabajar de obrero. A su vuelta a Europa dice, viajará a España haciendo autostop. Y para ese tiempo, ya será todo un especialista de la lengua española. La diferente utilización entre el verbo "ser" y el verbo "estar" es uno de los puntos en los que se centra su aprendizaje.
Tras hacer uso del “te quiero” y “te amo”, nos dijimos adiós en una Ljubljana que se quedaba algo triste tras su despedida pero feliz, inmensamente feliz de haberle vuelto a ver... y, con una tristeza que poco le duraría… Pues ese mismo día ya estaba Felix en Ljubljana.
Jajaja, es buenísimo el Vojta diciendo guay del paraguay.
ResponderEliminarPero este bloj no te deja con descanso... y después del climax tristísimo de la despedida de Vojta, nos quedamos con un tenso cliffhanger, que ni siquiera los guionistas de Lost podrían haberlo hecho mejor.... ¿¿¿que pasará con Félix??? OH MY GOD.