Escribo esto mientras espero a que la lavadora garrapatera de turno termine. Esto de poner lavadoras garrapateras es algo común en Eslovenia; después de ir al campo/monte, mételo todo a lavar porque aquí hay garrapatas peligrozas y no es plan de que ninguna sobreviva a la visita campestre. Ya lo hicimos una vez cuando volvimos del pueblo de Jurij, pues Andrew y Matej nos advirtieron de lo extremadamente peligroso que eran las garrapatas autóctonas. Poco nos faltó para meternos nosotras mismas en la lavadora. Pero sobrevivimos. La lavadora de hoy es la lavadora post-Grintovec.
Hace unos días Vojta y su de oreja a oreja sonrisa llegaban de nuevo a Ljubljana haciendo autostop acompañados de un Ale que había ido a visitarle a Praga y se lo traía consigo para pasar unos días en Ljubljana. Y alrededores.
Y es que Vojta, autostopista y montañero como el que más, desde que llegó a Ljubljana tenía la idea de ir a la montaña. Así que entre charla y charla en el césped y las cocinas de Rozna Dolina (que ahora más que nunca hace honor a su significado, “Valle de rosas”), Vojta iba organizando una excursión a la montaña, invitando a gente y más gente que decía “¡sí, claro!”, y pensando a sus adentros que nadie al final iría. En su viaje haciendo autostop hasta Lituania, muchos de sus amigos le dijeron que irían con él y finalmente fue solo, nos contaba. Todo el mundo buscaba sus botas de montaña y pedía sacos de dormir por los pasillos de Rozna. La noche del viernes, estuvimos tomando unas cervezas en la residencia. Me quedé hasta las dos de la mañana haciendo compañía a un Gianmarco que partía en mitad de la noche hacia Italia (con billete de retorno, no cunda el pánico), y, aún sin tener un saco asignado, puse la alarma temprano y me fui a dormir.
A la mañana siguiente sonaba mi despertador junto al de MJ. Leí mi whatsapp, donde Pablo me escribía que ya me había conseguido un saco. No llovía. Había que aligerar, pues había que hacer las compras y estar en la estación a las once listas para nuestra quedada montañil. Y esta vez Vojta no iría solo.
Fuimos a hacer la compra al Mercator con el tiempo un poco entre los dientes y allí nos encontramos con los que (creíamos) eran todos los componentes de nuestra excursión. Vojta y Marco, Ale y Pablo, acompañados de dos (nuevos fichajes de este cuatrimestre) italianos: Gabrielle y su bigote a lo Nietzsche y Marco (De Angelis, diferenciémoslo de nuestro ya conocido Marco), famoso también por alguna de sus dotes culinarias (como buen italiano que es), ambos dos ingenieros forestales (buenos fichajes para subir al monte, véase que aquí está tó pensado). Las niñas que la noche anterior parecía iban a apuntarse al plan, no habían aparecido.
Compra realizada. Compra de pan, embutidos, fruta, azúcares y agua para mantenernos hidratadas durante días en la montaña realizada. Y compra de patatas (¿patatas? ¿es que acaso allí arriba tendríamos acceso a fuego?) y unas salchichas que en un futuro no muy lejano nos sabrían a gloria. Salimos del mercator dirección estación de autobuses.
Estando allí, y con unos cinco minutos de margen antes de que el autobús partiese, llegaron dos componentes más: Dani, un catalán del que creo que nunca os he hablado, a quién puedes encontrar en cada una de las fiestas a las que vayas en tu estancia erasmus y a la vez puedes encontrártelo en la biblioteca. Debido a que la noche anterior la había pasado de parranda, había amanecido algo más tarde de la cuenta, por lo que no había realizado compra alguna. Eso sí, llevaba consigo el kit imprescindible de supervivencia en la montaña: un fuet y la bata de casa. Dani llegaba acompañado de Tom, un amigo suyo belga que había venido a visitarle a Ljubljana la noche anterior y, sin ni siquiera dar un paseo por la ciudad, había preferido sumarse al plan campestre. Su kit de supervivencia: una botella de un tercio de litro de agua. En ese momento supimos que comenzaba la aventura.
Fueron ambos dos a comprarse algo de desayuno/comida al ñlugar más cercano que tenían, el McDonalds. Y hamburguesas andaban comprándose cuando para nuestro asombro aparecieron otros dos fichajes más: Agáta y Margarita, dos chicas polacas que llegaron a principios de mayo a Ljubljana y que son estudiantes de diseño textil.
Así que con estas últimas incorporaciones cerrábamos ya nuestra pandilla de doce, cada cual con un papel más importante en cuanto a lo que sobrevivir en la alta montaña se referiría; los ingenieros forestales y además escaladores (ojocuidaoquelosescaladoresparamítienenesenoséquéquequéséyo…), el autoestopista galáctico, los boyscauts (Marco y Agáta), un ingeniero químico (Dani), las diseñadres textiles y una panda de estudiantes de medicina.
Mi excitación autobusil bien podría igualarse a aquellas de cuando estábamos en el cole e íbamos de excursión; nervios y felicidad. El autobús nos llevó hasta Kamnik, donde comenzaría nuestra ruta a pie. Ese día subiríamos hasta llegar al refugio en el que dormiríamos para llegar al día siguiente a Grintovec, el pico de 2500m.
La subida fue dura pues el camino estaba bastante empinado, pero divertida, amenizada con los cánticos de Dani y con progresivos cambios climáticos. Al principio, anduvimos por un campo tremendamente verde con unas vistas de los bosques preciosas y hacía un calor que te rilas, con lo que me alegraba de haberme puesto el pantalón corto. En cada parada que hacíamos, no daba algo más de frio. Ya por el hecho de parar y reposar sudores, y además por el hecho de que poco a poco íbamos ganando altura y perdiendo los grados que ello conlleva. Llevar 3litros de agua en el macuto no fue una buena idea en principio (ojocuidao, en principio, que después más de uno lo agradecería), pues la espalda se iba resintiendo.
Llegó un momento dado en que la niebla impedía ver el cielo, impedía ver el sol, y casi impedía ver por dónde avanzábamos. Nos vino bien, en cuanto a calores se refiere, y psicológicamente a mí también, pues no veía cuánta subida me quedaba. Poco a poco el campo se iba pelando cada vez más. Y al fin llegamos a nuestro refugio, con una niebla que todo lo inundaba y nos impedía ver las montañas que nos rodeaban y con un hambre que nos comíamos un caballo.
Pero teníamos que racionalizar comida, y bebida. No lo olvidemos, alguno de nuestros integrantes no iba cien por cien equipado. No hubo gran problema; los demás sí que lo estábamos, y ahí hubo agua y comida para todos. El refugio estaba entre montañas. Había una habitación, que era en la que dormiríamos. Era para ocho personas, y nosotros éramos doce, pero con el frío pelón que ya a la hora del almuerzo hacía, incluso mejor nos iba a venir ser más de la cuenta. Las camas eran de madera, dormiríamos seis en la litera de arriba y otros seis en la de abajo y había mantas preparadas para quienes las necesitasen. Una mesa y dos sofás también de madera, y unas mesitas fuera con bancos que fue donde comimos.
Después de la comida, un grupo formado por Vojta, Marco, Pablo, Ale, Dani y Tom decidieron ir a investigar el monte de al lado. Y el otro grupo, oséase MJ, Agáta, Margarita, Marco De Angelis, Gabrielle y yo decidimos quedarnos en el refugio, pues aún quedaba toda la tarde y queríamos emplearla en descansar y construir alguna que otra cosa necesaria.
Nos sentamos por un momento dentro del refugio, pero decidimos salirnos pues fuera hacía incluso menos frío que el que hacía dentro. Tras fumarse los fumadores el piti de turno, decidimos que debíamos poner manos a la obra para construir un lugar en el que poder cocinar las patatas y salchichas que habíamos cocinado, y así ya de paso aprovechar para que nos diese calor, pues la tarde-noche se avecinaba muy fría. Así que ahí estuvimos, dando vueltas alrededor del refugio buscando trozos de madera que no estuviesen húmedos (a esa altura y con aquella niebla no había prácticamente nada seco), piedras y demás para construir lo que sería nuestra hoguera.
Y se nota que Marco y Gabrielle son ingenieros forestales, qué sé yo, o se nota que estamos muy preparados para sobrevivir ante cualquier adversidad, porque cuando al cabo de un par de horas llegaron los demás del monte de al lado, ya la hoguera estaba encendida y produciendo un calor que nos mantendría a su alrededor durante toda la noche.
Y así lo hizo, pasaron las horas y no hubo forma de separarnos del genial fuego. Cenamos nuestros restos de bocadillos, cenamos las súper salchichas que algunos habían comprado y que sí, nos supieron a gloria, y asamos las patatas al fuego. Comimos galletas y algo casero que los italianos traían, y fue una noche genial, risas, estrellas, formas en el fuego, y más risas.
Esperamos a que el fuego se apagase, e incluso le ayudamos un poco, y a media noche nos fuimos a dormir, pues al día siguiente nos esperaba una buena ruta. A punto estábamos de dormir (yo ya en la cama, algunos lavándose los dientes, ajustando sus sacos de dormir o escondiendo la miel por si fuese un oso a venir en mitad de la noche), cuando llegaron dos chavales al refugio. Uno de ellos, el que hablaba en inglés con nosotros, llevaba consigo un walkie-talkie, con lo que al principio todos nos asustamos, creyendo que serían guardas forestales o algo así (y que venían a decirnos algo del fuego), pero no. Eran dos eslovenos que, según nos dijeron, habían empezado a andar a las nueve y media de la noche (típica hora para andar por el monte, “time is not my master”). Así que debido a que en las camas ya había overbooking, ellos dos durmieron cada uno en uno de los sofás de madera, más a gusto que un arbusto.
Esa noche fue una mezcla de frío pelón, calor saquil, y una sinfonía de catorce respiraciones y ronquidos que nos habrían amanecer temprano, gracias también a la luz del sol.
Tuvimos dos bajas, la de Dani y Tom, pues debido a que no nos sobraban provisiones, y debido también a que Tom al día siguiente se iría de Ljubljana, decidieron volver sin llegar al pico para así hacer algo de turismo por la ciudad.
Así que el resto, tras desayunar galletas y agua, y algo de zumo de naranja que Marco llevaba, pusimos rumbo a Grintovec, nuestra meta.
Ahora ya no había niebla, y podíamos ver con claridad todas las montañas sensacionales que nos rodeaban. Poco a poco subíamos, pero ahí sí que sí poco a poco hacía más frío pelón. Las subidas son duras, pero (visto y comprobado queda) mucho mejor que las bajadas. Motivantes a más y no poder. Además, en esta subida dejamos gran parte de nuestros macutos en el refugio, y volveríamos a la bajada para recogerlo todo. Así que la subida fue más ligera. Vimos a un chaval con un paracaídas, y nos encontramos por allí con mucho alpinista. Senderos por el campo, senderos de piedras, peñascos que escalar, y una última parte de nieve que si mi señora madre me hubiese visto ahí le habrían entrado las siete cosas. Pero todos llegamos, y llegamos sanos y salvos.
(véase a la izda una casita, ¡¡ÉSE era nuestro refugio!!)
(De izda a dcha, Agáta, Ale, Marco, moi, Pablo, MJ, Vojta, Margarita, Marco, Gabrielle.)
La bajada sería muy, muy dura. Hasta el refugio, las vistas eran increíbles. Lo veíamos de lejos, y veíamos el pico que acabábamos de dejar, pero nuestras rodillas y tobillos empezaban a quejarse. Comimos en el refugio, que ordenamos y dejamos vacío, y empezaba a soplar un viento helador que nos hizo volver a andar justo al terminar de comer sin siesta alguna. Y ahí empezó lo peor, ahí que ya todo se terminaba. Pronto MJ y yo nos quedamos las últimas del grupo, a ella le temblaban las piernas y mis uñas de los pies chocaban con la bota en cada paso que daba, produciéndome un intenso dolor y recordándome que debo cortarlas más de vez en cuando.
Pero el sufrimiento es pasajero, y aunque se nos hizo la bajada algo más larga de la cuenta, en cuestión de unas horas ya estábamos abajo con todos los demás tomándonos una cervecita y decidiendo cómo volver a Ljubljana. Sólo había un autobús, a las cinco, y teníamos más de una hora para esperarlo. Así que siguiendo los pasos y consejos de Vojta, decidimos hacer autostop. Para ello, nos dividimos en parejas (chico, chica), y, afortunada yo, que mi pareja era Ale, él fue el primero en hablar con una chica que también bajaba de la montaña e iba en dirección Ljubljana, con cuatro sitios libres en su coche. Así que Gabrielle y Vojta (la única pareja chico, chico que había), se unieron a nosotros y pusimos rumbo a casa.
Los primeros minutos una inmensa alegría nos inundaba. Volvíamos a casa, lo habíamos pasado genial, y ¡estábamos haciendo autostop! Pero al cabo de un rato todos, todos menos la conductora, dormíamos la mona. Noté que Ale dormía en mi hombro, y noté que yo dormía en el de Gabrielle. Y sin darnos cuenta, nos dimos los buenos días ya de vuelta en Ljubljana tras haber pasado dos increíblemente geniales días.
Bueno os dejo, queridos lectores, que voy a tender la ropa.
Bueno os dejo, queridos lectores, que voy a tender la ropa.
!Qué excursión más buena, macho! No sólo es una rutita, sino que tiene todos los ingredientes, geniales para pasarlo super. Grupo international, boy scout y guardas forestales, bata de casa ( se la puso alguien para dormir más calentito?), agua para desayunar (a falta de café-pan, buena es el agua-tortas), fuego de campamento, patatas asadas, uñas que se clavan, guolkitolkis de compañeros inesperados(los usaron para hablar con alguien?) bajadas de "cada uno a su ritmo"... fotos en la niebla, fotos de grupo en la cima (a lo Calleja), y, para acabar, autostop.
ResponderEliminarBueno, y tú en pantalón corto!
Vaya bien que lo pasáis, kiya!!!
Exselente post, exselentes fotos. De verdad, has trasmitío muy bien las sensaciones y los niveles de envidia por el buenrrollito (el refujio, el autostop, etc) se han disparado.
ResponderEliminarMe gustaría no obstante hacer notar ciertas cosas. En primer lugar, los preparativos de algunos de los componentes de la comitiva. El fuet. La media botella de agua. El albornoz. Se ve que son gente curtida en el alpinismo, habituados a enfrentarse día tras día a duras caminatas. Tú te llevaste tus apuntes de patología médica pa repasar un poco a la luz de las velas en el refugio?
Segundo, lo de que os quedasteis para "construir" algo. He de decir que esto despertó profundamente mi curiosidad. Me imaginé ideando la construcción de una presa hidroeléctrica, de un horno solar parabólico, de un muro de contención para los aludes. Luego por fin nos enteramos de que lo que construisteis fue una hoguera. Maldita sea, el fuego no se construye, se enciende, vaya bajón que me ha entrado.
Por último, comentar que las fotos me parecen muy buenas (especialmente esa en la que salís todos y tú estás en el centro pasando un pokillo de frío, por lo que parece); y la otra en la que se ve a MJ a punto de atacarte con un palo en mitad de la jungla.
En mi viaje por tierras indias recuerdo un gran momento relacionado con la canción Ring Of Fire, había un tío tocandola con una guitarra en mitad de una callejuela. Hubiera agradecido que en tu post hubieras hecho alguna mención a dicha canción, fueraparte del título.
Pero lo disho, un gran post, en calidad y longitud.