domingo, 10 de mayo de 2015

alféizar.

Escribo esto bajo el sol desde el alféizar de la ventana de la cocina. Siempre he sido amante de la palabra alféizar, y considero importante nombrarla siempre que sea posible y necesario. Estaba estudiando para el examen que tengo dentro de tres días, escuchando música, pero he decidido quitarla y dedicarme a escuchar a los pajarillos que pían sin parar y contemplar a un padre y su hija jugar al frisby mientras escribo un poco. No me sentaba con un ordenador en el alféizar de una ventana desde aquellos años en que robábamos el wifi en Málaga a Thomson o la familia Abasolo. Qué tiempos aquellos.

Hace una semana que no publico en pasodesopa, y no es porque ahora esté pasando de sopa de verdad (que también, que con este calorín la sopa ya no entra tan tan bien), sino que los días pasan y pasan y no paramos (de estudiar) y¡no me da tiempo casi! Pero aquí estoy de nuevo. 

El siguiente día en Croacia fue más o menos igual de agridulce que el primero; aunque he de reconocer que más dulce que agri, y aunque queda ya un poco atrás, sólo nombraré algunos de los momentos que vivimos (pues esto en un futuro me ayudará a no olvidarme de nada, si es que fuese posible olvidar en este contexto). 

Nos las prometíamos felices y morenos ante nuestro viaje por la costa eslovena, casi nuestros únicos útiles eran los bañadores y las toallas. Y menos mal que llevábamos toallas. Porque tras nuestro intento fallido de llegar a una playa sin camino, tras nuestro intento fallido de hacer de Frank de la Jungla o del Último Superviviente y caminar por entre unas intransitables malezas, tras nuestros múltiples intentos fallidos llegamos a una playa de pedruscos en la que almorzamos rodeados de basura. Comíamos pseudofelices por al fin estar en una playa y por al fin estar comiendo, cuando empezó a llover. Nadie dijo nada. Sacamos nuestras toallas. Y las usamos a modo de paraguas. Todos, menos Pasquale, que chico previsor llevaba paraguas verdadero. Nadie dijo nada. Pseudotristes terminamos nuestra comida y volvimos al coche. No hay documentación gráfica del momento.

Algún otro de los momentos vividos pueden reflejarse en estas fotos:


La mariposa que observaba el paisaje en un mirador,


El paisaje que esta contemplaba más o menos, 


Un baño nocturno en la piscina de nuestro apartamento en Pula (Pablo, Pasquale y yo en la foto),

Más cocina italiana de manos de Pasquale y Gianmarco (hamburguesa de atún acompañada de una especie de tortilla con alcaparras y melenzane a funghetto, una deliciosa especie de delicioso pisto),


La visita a Roma, quediga, al coliseo romano de Pula (Pasquale y yo en la foto),


la visita a los acantilados de Prementura (Pablo y yo en la foto),
o un baño en una helada playa y unas muy divertidas partidas a Ninja, un juego que Gianmarco nos enseñó y que nos tuvo entretenidos gran parte de la noche ante la llamada de atención por parte de nuestros caseros para que dejásemos de hacer ruido, cosa la cual hacía al juego ser aún más divertido. 

Ah, y la visualización de un partido del Napoli club de fútbol. Que ya os dije que Pasquale es bien conocido por varias de sus aficiones como buen italiano que es (véase, las mujeres, la cocina, el fútbol). Partido en que Nápoles perdió y Pablo y yo nos enriquecimos de vocabulario palabrotil italiano, lo cual (muy a nuestro pesar por la pérdida de nuestro equipo) nos produjo risas, muchas risas. 

2 comentarios:

  1. suena bien eso de comer morcilla en la parra bajo un manzano funesto.

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  2. Después del críptico comentario anterior, diré algo menos críptico:
    ME TOCA LOS BOLINDRES que TOOODAS las playas a las que vas sean de piedrecitas. Vaya, qué casualidad. Los pobres serbios, bosnios, croatas, macedonios, albanokosovares, húngaros, búlgaros, ninguno podrá saber nunca en su vida lo que es una playita de arena, según tú, no? Pues vaya, pobrecitos. POBRECITOS. Ea.

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