Escribo esto desde el coche en nuestro camino Sarajevo-Mostar (Lo termino ya desde casa, Ljubljana). MJ conduce y estamos atravesando una especie de cañón que bien podría ser uno en los Picos de Europa. A mi derecha un gigantesco río verde corre, Pablo estudia con empeño su gorda y útil guía de los balcanes, el sol luce en un cielo azul y el termómetro marca 14grados.
Logramos salir de Belgrado, cosa que no fue fácil debido a las señales en cirílico y la terrible orientación en esa ciudad, y pusimos rumbo a nuestra próxima parada. Hay dos formas de entrar en Bosnia, una por el norte y otra por el sur. En Bosnia sólo hay 17 kilómetros de autovía, y no seríamos tan afortunados de pasar por ella. Nuestro camino sería montañoso, y entraríamos por el Norte. Conforme nos alejábamos de Beogrado, todo ya por carreteras nacionales, pasamos por pueblos y pueblos que parecían ser bastante pobres, dispuestos a lo largo de la carretera, a un lado y a otro, y cuyos caminos estaban llenos de camiones.
Paramos para comer en Lesnica, un pueblecito en mitad de la carretera. Nada de inglés en el supermercado, pero un ya muy avanzado nivel de lenguaje de signos nos permitió comprar nuestra comida. Paramos para comer en un banquito bajo unos árboles que aparentaba ser un agradable y bonito lugar, pero abortamos nuestra misión cuando unos chavales con apariencia un tanto quinqui desde el banco de al lado empezaron a gritarnos cosas en serbio, y a saber qué dijeron.
Así que optamos por nuestra segunda opción, comer en un parquecito siendo observados por todos y cada uno de los lugareños que rondaban por el lugar y con la genial banda sonora de cuervos y más cuervos piando a nuestro alrededor.
La comida, sin separarnos de las navajas para cortar el pan oparaloquepudiesenhacernosfalta, y aunque la atmósfera que nos rodeaba parecía sacada de una película de terror, nos supo a gloria.
Dimos por terminada nuestra comida, y al cabo de un rato de conducción, estábamos cruzando la frontera Serbia-Bosnia con un cedé súper pirata de música serbia típica que compramos por un euro en la tienda de Lesnica. Y ahí comenzaba la parte más bonita del trayecto sobre ruedas.
Como ya dije unas líneas más arriba, para llegar a Sarajevo deberíamos cruzar montañas. Poco a poco la carretera se volvió tortuosa, el termómetro iba bajando y se iban viendo pequeños montoncitos de nieve a los lados de la carretera. Y casi sin darnos cuenta, ahí estábamos, como en la alta montaña, con un termómetro que marcaba 0grados, rodeados de montañas y bosques completamente repletos de nieve y mientras nos nevaba. Fue muy bonito. Y afortunadamente, antes de empezar nuestro viaje, MJ-que había comprobado las temperaturas y climas de los sitios a los que íbamos- cayó en pedir ruedas de invierno para nuestro corsita. Así que no hubo problema, y cuando terminó de nevar, salió el sol por entre las nubes, aún rodeados de nieve, y pudimos disfrutar de unas vistas geniales.
Y al cabo de un poco, ya estábamos viendo de lejos la preciosa Sarajevo a la que nos acercábamos cada vez más. Palabras de wikipedia, la capital bosnia está emplazada en el valle de Sarajevo en la región de Bosnia, rodeada de los Alpes Diny en torno al río Miljacka. El centro de la ciudad está a unos 500 metros sobre el nivel del mar y, rodeándolo, hay muchísimas casitas de colores en las laderas de las montañas que lo rodean, y que llegan a estar a 700 metros de altura. Todas estaban nevadas, fue una llegada preciosa.
Pagábamos por nuestro hostel en Sarajevo unos tres euros y pico por noche. El muchacho del hostel nos llevó hasta donde estaba nuestra habitación, cuesta arriba en una callejuela a unos diez minutillos del centro. Teníamos un parking donde dejar el coche, que compartíamos con dos o tres casas que había al lado y, sobretodo, con dos perrazos que estaban cada uno en una jaula, más tristes que otra cosa, y que a mí me daban un miedo que te rilas. Además, dentro de nuestra habitación de tres literas hacía un frio considerable, cosa que solucionamos poniendo la calefacción al máximo.
Esa noche, hicimos algo de turismo nocturno. Más de la mitad de la población de Sarajevo es musulmana y, por ello, además de tener pequeñas iglesias repartidas por toda la ciudad, está plagada de mezquitas. Tiene un barrio musulmán que bien podría estar en Estambul o en Tánger; llena de pequeñas tiendecitas donde vendían productos artesanos de todo tipo, así como de barecitos donde pudimos cenar y beber algo durante el tiempo que estuvimos en la ciudad.
Llega un momento dado cuando vas andando por una de estas calles, en que la cosa cambia de forma radical; los edificios bien podrían ser los que te encuentras en alguna ciudad austríaca (que conste que aún no he visitado Austria, pero es lo que dijeron); arquitectura totalmente diferente, bancos, y las mismas tiendas que puedes encontrarte en un centro comercial de Málaga. Dicen de Sarajevo que es la Jerusalén de Europa, por su mezcla cultural-religiosa. Y esa noche cayeron unos copos de nieve que no sé si eran más grandes o bonitos.
Al día siguiente, desayunamos té en nuestra cocinita del hostel, -que cuando no se tiene ni leche ni nescafé, las bolsitas de té y el agua del grifo te sacan de más de un apuro- y seguimos haciendo turismo. Llama la atención en Sarajevo, impacta, la cantidad de agujeros de balas que hay en los edificios. Vas caminando y si te fijas, siempre puedes ver algún muro repleto de boquetes. La guerra allí fue hace apenas veinte años, y te hace reflexionar, caminamos por algún cementerio (son gigantescos y están repartidos por la ciudad) y todas las tumbas, todas, estaban datadas en las mismas fechas; entre 1992 y 1995. Y muchas de ellas eran de personas tristemente jóvenes.
Frio y muchos perros callejeros en Sarajevo, pero aún así, ciudad acogedora, que te da que pensar y te entran ganas de quedarte varios días más.
Sarajevo, ciudad de reencuentros. Esperando estábamos nosotros cuatro al free tour de nuestro hostel; un recorrido por la ciudad con el mismo chaval que nos había recibido el día anterior y que nos acompañó a nuestra habitación cuando vimos un extraño moño en la acera de enfrente. Alberto es un amigo de Marina de Santander. Vino hace tiempo a Ljubljana a visitarla, y estuvimos con él metelkoveando (no sé si os acordaréis, de un día que os hablé de un concierto de Jelly Bullet en Metelkova, este grupo de españoles que estaban de gira). Alberto se caracteriza (al menos hasta ese mismo día) porque hace mucho tiempo se había hecho un moño y había dejado de peinárselo hasta tal punto que se había convertido en una rasta gigantesca. Así lo conocimos en Ljubljana allá por diciembre, y así lo reconocimos en Sarajevo en la acera de enfrente. Quécosastienelavida, esa misma noche Alberto cogió unas tijeras y dijo adiós a su súper rasta.
Alberto estaba de viaje con Clara, una amiga española, y, casualmente, también estaban en nuestro hostel (en otra habitación) y también iban a hacer el mismo free tour que nosotros. Tras el asombroso encuentro y el no tan apasionante tour, seguimos de turismo por la ciudad, turismo de cocina (mi favorito, deliciosos bureks con yogur y cevapcicis, con yougur natural líquido a modo de agua), y charlas con Alberto y Clara.
Esa noche, concierto de música bosnia (mucho acordeón y guitarrillas) en un restaurante mejicano en Sarajevo, con Alberto y Clara, y algunos coleguis que se habían hecho en el hostel; unos australianos, una alemana, un checomuyguapitoyjovenperopadredefamilia, una alemana y Antonio, un francés que había estado viviendo en Mongolia y ahora venía desde allí haciendo autostop desde hacía ya ocho meses. Además, estuvimos en un pub irlandés, que las buenas costumbres no hay que perderlas por muy lejos que se esté de casa e hicimos intercambios de teléfonos.
Al llegar a casa, MJ tenía el número de Alberto, y Pablo el correo de Antonio. Por lo que pudiese surgir…
Muy buen post. Para empezar, el almuerzo ese cerca de la frontera da bastante miedo leerlo, imagino que vivirlo daría bastante rile, hicisteis bien en llevar navajas. Me lo imagino todo nublado, con árboles resecos y retorcidos y con calaveras por el suelo.
ResponderEliminarSegundo, me gustaría saber si comisteis chuparquías en el barrio musulmán.
Tercero, me gustaría hacer notar que eso del "yogur natural líquido" es algo de lo que yo me hinché en mi viaje por el hindustán, lo llamaban chass, y que cuando volví a Málaga os lo preparé muy orgulloso Y ME PUSISTEIS CARA DE ASCO Y NI LO PROBASTEIS. En Sarajevo sí os gusta, claro... mal rayo os parta.